POR:
CÉSAR CÓRDOVA PONCE
Como
quisieran tener los pescadores un medio como “El Comercio”, para poder defender
sus derechos laborales, pisoteados por los mismos que ahora lo tienen a su
disposición y denuncian abusos del actual gobierno contra sus inversiones y gritan
a los cuatro vientos su “legítimo” derecho a depredar la anchoveta como lo
hicieron antes con la sardina, hasta hacerla desaparecer totalmente. Conchudez
mayúscula que se quiere extender a los medios que el grupo “El Comercio” ha logrado
concentrar en su poder y que llega al 80%.
Igual
como pasa con el diario decano, para estos medios no existirán playas
contaminadas, ni el enorme pasivo ambiental que ha dejado y sigue dejando esta
actividad que enriquece a unos pocos necios que creen que con su enorme poder
económico han comprado el mar y el silencio de 30 millones de peruanos. Tampoco
notarán que hay pescadores a quienes los oligarcas de la pesca siguen
explotando y no se les respeta su participación de pesca que firmaron en un
acuerdo de partes, en presencia de la Iglesia y del Estado. Menos aún podrán
escandalizarse con cifras reales que demuestran que al final de cuentas y de
manera increíble, el Estado termina por subsidiar su actividad que le depara
millonarios ingresos.
A través
del 80% de medios que ahora maneja, este grupo seguirá defendiendo los intereses de la Sociedad Nacional de
Pesquería (SNP) y queriendo meter en la cabeza de cada peruano que este
gobierno es “un rebelde sin causa”, abusivo e incapaz, que no respeta las
reglas de juego, que se está enfrentando al “inmaculado” Poder Judicial y no
respeta sus “justas” resoluciones, que los está asfixiando con un exagerado
control y que con esa actitud, solo “los desilusiona” y atrae peligrosamente a
capitales chinos que quieren acaparar el negocio de la harina y aceite de
pescado.
Medios
como “El comercio”, han conseguido que el ciudadano de a pie piense que es más importante
poner atención en el trasero de Tilsa Lozano y llorar con ella su desventura con el “loco” Vargas, que proteger
el recurso natural que garantiza su seguridad alimentaria y las proteínas que
necesita el país para combatir los altos índices de desnutrición infantil; y que
significa, además, la fuente de trabajo
de miles de pescadores artesanales e industriales.
Y
lo priva de información importante, la realmente importante, la que grafica la
enorme injusticia que reina en el sector industrial. El drama que viven pescadores
activos y jubilados; la ridícula suma que paga el armador pesquero por derechos
de pesca y el candado jurídico que astutamente han colocado en el Decreto
Legislativo 1084 para no modificarla en diez años; el aporte insignificante al
Estado en materia tributaria pesquera; el incumplimiento de la Ley de Cuotas y los derechos asociados del
tripulante; la fiscalización ambiental y los plazos excesivos que se les dan a
las plantas procesadoras de conservas, harina y aceite de pescado para adecuarse a normas
sanitarias vigentes; el robo descarado en las tolvas y balanzas en las descargas de pesca; y los fallos
increíbles del Poder Judicial a favor de los intereses de los oligarcas de la
pesca y sus aliados.
Si
cada peruano tuviera esa información, entendería la actitud firme y valiente que
ha mostrado la ministra Gladys Triveño para
reordenar el sector y dictar normas en esa dirección, que no le ha hecho mucha
gracia a la SNP y busca tumbarla por todos los medios.
A
la titular del sector, no le ha temblado la mano al firmar normas que buscan
proteger la anchoveta de la voraz flota industrial, reservando las primeras
diez millas para su reproducción, y exclusivamente para la pesca destinada al
consumo humano directo, aún a costa de recibir como respuesta, una cruel
campaña mediática en su contra, que ahora se intensificará, sin lugar a dudas, con la cuestionada concentración de medios.
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