¿Cuál será el futuro de la pesquería artesanal
peruana?
Es oportuno recalcar que el proceso electoral
no ha sido totalmente justo. No ha ocurrido solamente un sencillo problema de
falla en la distribución de material electoral que impidió que cerca de 60 mil
electores no lo hicieron el día que debían.
Hay un hecho adicional del cual no se habla y
es el artilugio creado por el Ministerio de la Producción para impedir que los
tripulantes de la flota anchovetera ejerzan su derecho al voto. Esto ocurrió
debido a la apertura de la temporada de anchoveta tres días antes de los
comicios, cuando pudo haber sido aperturada el día posterior a la votación.
Se mandó a pescar a más de 15,000 pescadores y
movilizó a mucha gente también a las plantas pesqueras de harina de pescado
ubicados principalmente en Chimbote y el Callao . Gente que dejó de votar
porque los sacaron de sus jurisdicciones. Esa gente que dejó de votar por estar
pescando, perjudicó al candidato del sector.
No había motivo alguno de sacarlos a pescar 3
días antes de las elecciones. Solo perjudicar a un candidato. ¿Cuál es la cifra exacta de pescadores y
trabajadores en las plantas harineras que no fueron a votar?
Por supuesto que este es un hecho legalmente
correcto, no se puede decir que conllevaría una sanción contra el responsable.
Pero es evidentemente un acto inmoral con claros indicios de pretender sacar
votos en beneficio de algún candidato y en perjuicio de otro. Tampoco debería
sorprender, porque funcionarios que cometen actos indecentes, inmorales y
censurables se han visto bastantes, no solo en esta gestión sino en anteriores
también. Por otro lado faltan cuatro meses para que se vayan, así que poco o
nada debe importarles lo que se piense o diga de ellos. ¿O volverán en el
próximo gobierno como los cardúmenes que migran? Es la forma que se ha venido y
se viene manejando la pesquería y probablemente en el próximo gobierno seguirá
el mismo estilo.
Esto ha creado una situación que compromete la
esencia del proceso electoral. Ni siquiera sabemos cuántos tripulantes
estuvieron trabajando ese día y dejaron de votar.
No se trata de ineficiencia logística;
presiones económicas por la apertura de la temporada de anchoveta; tampoco de
señalar a alguien. Se trata de hechos reales; se trata de la “la alteración de
las condiciones en las que el ciudadano ejerce su derecho al voto”. El acto
debió ser libre para todos, sin situaciones que indujeran al ausentismo.
Mesas que no se instalan. Material electoral
que no llega o llega tarde. Electores que no pueden votar en el momento debido.
Y otros que se ven obligados, de una manera u otra a pasar el día de la
votación en faena de pesca. Esto es una distorsión de la voluntad popular.
El problema no es a quién favoreció o
perjudicó el hecho de que muchos electores no votasen, ni de que la empresa les
pague la multa o se les exonere de ella. El problema es que no todos los
electores fueron libres para votar. Cuando eso ocurre, el proceso deja de ser
auténtico.
Este es un tema de legitimidad. No importa
quién gane. No importa a quién favorezca esta situación. Lo que importa es que:
“El proceso ya no garantiza que el resultado refleje fielmente la voluntad
popular”.
No solo la ONPE ha entorpecido el proceso,
sino que también lo hizo PRODUCE.
La pesquería lamentará la ausencia de Roberto
Vieira en el Senado. Su campaña fue correcta, fue buena; pero César Acuña
derrotó a César Acuña.
Su plan de gobierno, en el cual Roberto no
participó por cuanto fue invitado después, estaba desconectado de la realidad,
desconectado de la gente y carecía de olfato político. Convencidos de haber
elaborado un documento técnico, lo que crearon fue una espada de Damocles
política.
Más allá de que los planes no son vinculantes,
contienen elementos técnicos para ser entendidos por cierto nivel minoritario
de la ciudadanía. Pero también contienen un mensaje emocional, social y
sicológico que es captado por la mayor parte de ciudadanos. Ahí el mensaje fue
errado. Su posición sobre la exploración petrolera y su pésima oferta pesquera
quizá pesaron mucho en la decisión de la gente.
APP sencillamente desapareció del escenario
político peruano, volado por los aires por sus propios dirigentes.
Lo que nos ha llevado a que el nuevo Congreso
estará dominado por Fuerza Popular y Renovación Popular.
Es decir que volvemos al mismo escenario pero
esta vez con un poder casi omnipotente y sin representantes del sector pesquero
que estén realmente comprometidos con la pesca y no con consignas partidarias
ni defendiendo intereses de parte.
El
monstruo que ríe
No hay
que perder de vista algo que a veces olvidamos (o queremos olvidar): las ganas
de joder del electorado peruano. No hablo ya de su capacidad de crear outsiders
inesperados, de elevar a quien semanas antes no tenía mayor opción y colocarlo
a las puertas de la gloria presidencial. Es más que eso. Es la negación de
cualquier posibilidad predictiva, como si, en el momento mismo en que parece
haber cierta idea de lo que podemos esperarnos, decidieran, en bloque, como un
cerebro colectivo, variar, destruir de un soplo el castillo de naipes y
cambiarlo por un Castillo de verdad, sacar de debajo de la manga a un nuevo NN,
subirlo a lo más alto, para semanas más tarde abandonarlo y dejarlo caer; así
una y otra vez, empezando el ciclo de nuevo, jugando, guardándose el zarpazo
final para los últimos días (ahora mismo, mientras escribo, o peor, ahora
mientras leen). Ese zarpazo es más que eso; es una emboscada.
Es el
Joker multiplicado por cien, por mil, por quinientos mil o un millón, para
anunciarte que el cadaver —¡ay!— no ha muerto. A empezar de nuevo, a resetear
las calculadoras, a fingir —los analistas— que esto se veía venir, que ellos lo
tenían clarito (mentira). Y de pronto te toca bancarte al nuevo favorito, hacer
como si fuera natural el absurdo de su crecida insólita, mirarlo con cuidado y
respeto; pero no tanto, pues cuando miras, ya está bajando.
Me
disculparán que reduzca algo tan hermoso como la consciencia del pueblo y sus
indecisiones, ajustes, enmiendas y legítimos vaivenes, a la puesta en marcha de
un patrón errático y caprichoso, un misterio sin resolver. Es obvio que parte
del voto es consciente y pensado. Pero hay algo muy reactivo, es más,
compulsivo en este voto nuestro, y a estas alturas ya no se puede negar. Solo
así se entiende que, en estos últimos días (y no estoy hablando de ninguna
encuesta fuera del límite legal) Ricardo Belmont le haya quitado votos a
Roberto Sánchez en todo el Perú y particularmente en el sur. ¿Qué tienen en
común Sánchez y Belmont? ¿Qué coincidencias pueden hacer que el votante de uno
se vaya con el otro? Ninguna, por supuesto, salvo algo que no está en esos
candidatos ni en su ideario o plan: la posibilidad de descuadrarlo todo,
dinamitar las expectativas y cambiar las previsiones, quebrar la tranquilidad y
alborotar el gallinero. Como unos chibolos cabrones que, frente al botiquín de
la casa, descubren la idea para una nueva fechoría y, sonriendo, se preguntan:
“¿por qué no?”
Estas
elecciones la derecha las calculó tan bien que sembró su outsider prefabricado,
un outsider de contención destinado a despistar al electorado y cumplir el
sueño de dos candidatos de derecha en la segunda vuelta. Inventaron a Carlos
Álvarez y fueron precavidos, casi quirúrgicos; no le dieron el empujón hasta el
momento justo, en la recta final. ¡Álvarez es el nuevo outsider!, dijeron los
diarios aliados. Casi les liga, pero por más que a los peruanos les guste reír,
la risa solo dura un rato, y esa colectividad que da coletazos a un lado y al
otro, ese dragón demente, decidió dejar al comediante y abrazar a Ricardo
Belmont, que empezó a crecer a un ritmo inaudito matando los planes y
provocando alarma.
Porque
una cosa es Álvarez en el ballotage; estamos en el Perú, en la Latinoamérica
tercermundista, y no hay forma de que Álvarez, a quien Vladimiro Montesinos
conocía bien, gane una segunda vuelta, ni siquiera contra Keiko. Pero Belmont
es otra cosa, y Perú.21 empezó a atacarlo en la portada. El Hermanón subió más;
porque no hay incentivo mayor para que el monstruo apoye a un candidato que el
hecho de que la prensa limeña empiece a demolerlo.
Belmont
siguió subiendo. El analista Gonzalo Banda creyó ver en él, finalmente, al
poseedor de esa curva hacia arriba, esa curva tan empinada que solo consigue un
candidato cada elección (en el 2021 fue Castillo). ¿Será? No sabemos. Nunca
sabemos.
A pocos
días, a pocas horas, nada está dicho y esa es nuestra condena. Este ritual de
la sorpresa final, pulverizante como una emboscada, es la venganza de los
electores, el único momento —breve— de democracia real. A estas alturas, el
electorado sabe que los gobernantes no cambiarán las cosas, no harán tu vida
más segura, más accesible o digna, ni te darán buena educación o vivienda
decente, ni salud de calidad para tus hijos. No te darán nada y se llevarán
todo. Pero una vez cada cinco años puedes hacer que los señores y las señoras
que controlan la cosa se conviertan en un atado de nervios, que el corazón les
palpite más fuerte, que les duela el pecho, que tengan pesadillas y se
desesperen y hasta se desmayen. Ese poder inmenso es la mínima victoria; la fiesta
que tiene de carnaval y de Halloween con guadaña en la cara.
Paradójicamente,
esta activa participación en los comicios no significa que avalen el sistema;
es solo la aceptación de juego para entretenerse. Porque la cosa es clara: la
gente irá a votar para elegir dos cámaras en el Parlamento contra la voluntad
expresa en las urnas; irá a sufragar con un universo de candidatos disminuido
por prohibiciones y exclusiones. Irán a elegir a congresistas que tendrán más
beneficios y poderes que nunca, sin que el elector haya dicho ni pío. No
piensen que no lo saben. Lo saben bien. Y créanme que cambiarían la pantomima
de esta temporada del circo electoral, que disfrutan tanto y los hace matarse
de risa, por un cambio verdadero y profundo, si este llegara; así que no nos sorprendamos cuando, del sur
o del norte, venga el estallido que no respetará el resultado de este deshojar
margaritas sin sentido, que tratará esos numeritos de la ONPE como lo que
probablemente son: un chiste.
Juan
Manuel Robles
(Por Juan
Manuel Robles. Hildebrandt en sus trece # 777)
CUANDO EL PROCESO ELECTORAL SE ROMPE, NO SE
REPARA… SE INVALIDA
Hoy no
estamos frente a un simple problema logístico.
Estamos
frente a una situación que compromete la esencia misma del proceso electoral.
No se
trata de retrasos; errores de distribución; tampoco de señalar a un proveedor o
a un funcionario.
Se trata
de algo mucho más grave:
“la
alteración de las condiciones en las que el ciudadano ejerce su derecho al
voto”
Como ex
Secretaria General de la ONPE, conozco perfectamente que un proceso electoral
no admite improvisación. No es un procedimiento administrativo más. Es el acto
mediante el cual se expresa la voluntad soberana del pueblo.
Y ese
acto debe ser íntegro, igual y libre para todos.
¿Qué ha
ocurrido?
Mesas que
no se instalan. Material electoral que no llega o llega tarde. Electores que no
pueden votar en el momento debido. Otros que de tanto esperar se van.
Y,
simultáneamente, difusión de encuestas, “flash electorales” y tendencias.
ELECCIONES
QUEBRADAS
Esto
genera una fractura evidente:
1. Unos ciudadanos votaron sin conocer
resultados.
2. Otros, obligados por las fallas del
sistema, votarán sabiendo quiénes “van ganando”.
Esto no
es un detalle menor, es una distorsión directa de la voluntad popular. El voto
deja de ser libre cuando ya está condicionado. El elector que acude después de
conocer tendencias no decide en igualdad de condiciones.
Decide
influído.
Aquí el
problema no es a quién favorece o perjudica. El problema es que ya no todos los
votos nacen libres y cuando eso ocurre, el proceso deja de ser auténtico. No se
puede “arreglar” lo que ya se quebró. Se habla de soluciones creativas como:
extender horarios, reponer material, habilitar, pero hay algo que no se puede
reparar:
“La
formación libre de la voluntad del elector”
Una vez
que el ciudadano vota con información que otros no tuvieron, el daño ya está
hecho. No hay forma de retroceder eso.
NO ES
RESPONSABILIDAD DE UNO
Esto no
es responsabilidad de uno solo. El sistema electoral es un sistema integrado.
La ONPE tiene la responsabilidad operativa. El Jurado Nacional de Elecciones
tiene el deber de fiscalizar y garantizar la legalidad del proceso; pero aquí
no basta con que cada uno cumpla “su parte”.
El Estado
tiene la obligación de asegurar que el proceso en su conjunto sea transparente,
oportuno y libre de vicios; y eso hoy no está ocurriendo.
NO SE
TRATA DE RESULTADOS
Este no
es un tema de resultados. Es un tema de legitimidad. No importa quién gane. No
importa a quién favorezca esta situación. Lo que importa es que:
“El
proceso ya no garantiza que el resultado refleje fielmente la voluntad popular”
y cuando eso sucede, lo que se pierde no es una elección; sino la confianza en
el sistema democrático.
Un
proceso electoral es como un cristal:
Debe ser
limpio, íntegro, transparente. Si se quiebra, no se repara. Se reemplaza.
Lo que
hoy estamos viendo no puede normalizarse; porque si se normaliza, mañana
cualquier proceso podrá justificarse bajo las mismas fallas y en democracia,
eso no es un riesgo menor.
¿Mañana
todos podrán ir a votar? Tampoco será posible, claro que no. Lo que es para hoy
no era para mañana. Bueno
miembros del Sistema Electoral y si se tienen que ir, tendrían que ser todos.
Este
entonces, es el inevitable inicio de su deterioro… después de esto, sino se
invalida, el resultado es que a partir de hoy VALE TODO.
Ah! En la
segunda vuelta: “Prohibido picarse”
Por:
Frieda Roxana del Águila Tuesta