PESCA Y ECONOMIA
Existe en el Perú una
narrativa que domina el escenario de los medios y se sumerge en el inconsciente
de las personas. Un relato que muestra una interpretación de lo que es la pesca
y su impacto sobre el ecosistema y el país.
Por más artículos que se
publiquen en medios de comunicación, entrevistas, discursos y mensajes, la
realidad existe y al final impone su propio paisaje. Siglos atrás, se
estableció la fórmula que definía el concepto de existencia y la regla de todo
conocimiento: “A es A”. Toda cosa lo es en sí. La realidad es lo que
existe, el discurso no existe. La verdad
es el reconocimiento de la realidad; la
razón, es el único medio de conocer los hechos. Y en este caso, la pesca debe
ser conocida y analizada contrastando la narrativa con la realidad, el discurso
con la razón y ésta con la evidencia.
El discurso se centra en
destacar y elogiar, con justa razón, el aporte de la pesca al PBI y al empleo,
entre otras cosas; pero jamás se ha mencionado la contribución al país a través
de los derechos de pesca e impuesto a la renta. Tampoco se encuentra esta
información al alcance de la ciudadanía.
No importa quién sea el autor
quien dé el discurso sobre la narrativa oficial de la pesca industrial y la
pesca artesanal. Lo que importa es que cada ciudadano adopte la actitud de un
espíritu independiente, que no acepte el discurso sin analizarlo, que no
reconozca más autoridad que la verdad que muestra la realidad, ni valor más
alto que su juicio de la verdad. La realidad seguirá siendo la realidad, no
importa lo que digan los medios ni los narradores.
En el Perú, el mar es público
en la ley; pero privado en los hechos. La pesca, en particular la de la
anchoveta para harina, genera millones de dólares; pero el Estado captura solo
una fracción que no guarda relación con el valor del recurso. No es un
accidente, es el resultado de decisiones políticas sostenidas.
El Ministerio de la Producción
(PRODUCE) administra el statu quo; el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)
no lidera una política de captura de renta; el Congreso de la República del
Perú debate, pero no intenta hacer reformas. En paralelo, la Sociedad Nacional
de Pesquería asegura que las reglas no cambien en lo esencial. Y aunque el
Instituto del Mar del Perú aporta la base científica, el debate se queda en lo
biológico y evita lo central: quién se queda con la renta.
La pesca artesanal aparece en
el discurso, con razón, pero también como coartada para no tocar el corazón del
modelo industrial. Proteger a los pequeños no debería significar blindar a los
grandes. Hoy, en la práctica, ocurre eso.
El mecanismo es simple: acceso
estable, pago reducido, fiscalización intermitente y laxa y manejo de la
narrativa. El resultado es un negocio extraordinario con mínima fricción
política.
No falta información. Falta
decisión. El país sabe cuánto pesca y cuánto exporta. Sabe quién gana. Lo que
el Estado no decide es cuánto debería ganar el Perú por lo que es suyo.
Mientras esa pregunta siga fuera de la agenda, el mar seguirá capturado.
El problema estructural en el Perú es la desconexión entre riqueza natural, decisiones
políticas e instituciones débiles. La pesca en el Perú no es solo una actividad
productiva, sino que es una gran fuente de renta natural del país. Sin embargo,
esa riqueza convive con un problema crónico: la política no logra traducirla en
el debido bienestar para los peruanos, y la institucionalidad no logra
gobernarla con legitimidad. La muestra se ve desde hace años con funcionarios
que dirigen la pesquería sin la debida experiencia, escaso o nulo conocimiento
y con el claro encargo de no tocar cosas sensibles.
Más información en el
siguiente link:
https://revistapesca.blogspot.com/2026/06/quien-nombra-quien-decide-el-poder.html
1. Pesca: abundancia sin gobernanza
El Perú es potencia mundial en
anchoveta, base de la harina y aceite de pescado. Pero el negocio está
altamente concentrado, orientado a exportación y con baja contribución al país.
El resultado: Alto valor
generado. Bajo impacto en empleo y diversificación. Dependencia de ciclos biológicos y precios
internacionales.
2. Política: decisiones capturadas o ausentes
La política pesquera ha
oscilado entre dos extremos: Regulación débil o permisiva e intervenciones
reactivas ante crisis. En muchos casos, el diseño de reglas (cuotas, derechos
de pesca, fiscalización) parece más influido por presiones sectoriales que por
una visión de largo plazo.
3. Institucionalidad: reglas sin dientes.
Las normas existen, pero su
cumplimiento es irregular. Problemas clave: Fiscalización insuficiente.
Fragmentación entre entidades. Baja transparencia en decisiones.
Esto genera una paradoja: un
sector altamente rentable operando en un marco institucional frágil.
4. Economía: la renta que no se captura
El punto más sensible: la
captura de renta. El Estado recibe relativamente poco en comparación con el
valor generado por el recurso. Esto abre preguntas incómodas:
¿Se está cobrando lo justo por
explotar un recurso público?, ¿Quién se beneficia realmente de esta riqueza?,
¿Cómo se distribuye esa renta en la sociedad?
En este caso, como en otros,
la política resulta ser el arte de no incomodar. Aquí no hay ambigüedad: la
política ha decidido no meterse donde incomoda. Durante años, los gobiernos han
evitado una discusión de fondo sobre: cuánto se debe pagar por el recurso; quién accede a él y bajo qué condiciones. No es descuido. Es
cálculo. Tocar la renta pesquera implica enfrentarse a uno de los lobbies más
organizados y silenciosamente influyentes del país.
La pesca, en particular la
anchoveta, es uno de los negocios más rentables del país. Genera miles de
millones, lidera exportaciones industriales y opera con precisión casi
quirúrgica. Pero hay un detalle incómodo: esa eficiencia privada convive con
una clamorosa renuncia pública. El silencio conviene.
El esquema es simple y brutal:
El recurso es público; la renta es privada y la captura estatal es marginal.
En otras palabras, el país
exporta proteína convertida en harina… pero el aporte al país es bajo.
Más información en el
siguiente link:
https://revistapesca.blogspot.com/2026/05/peces-baratos-y-mucha-ganancia-el.html
El poder oculto
Todo esta problemática y
manejo de la pesquería tiene, además de lo descrito, un componente importante y
oculto: el poder político y económico que está detrás de todas estas
manipulaciones, presiones e intrigas. Quien quiera que fuese el operador, lo
hace dirigido por alguien más; pero existe y con la autoridad y fuerza para disponer
nombramientos. Con el poder de hacer que los designados cumplan la agenda.
La operación también alcanza
al Congreso para asegurar el statu quo desde el Legislativo, en caso de que la
presión sobre el Ejecutivo fallase.
Lo grave es que la ciudadanía
peruana permanece ajena e indiferente ante esta situación.
El país tiene que despertar de
su letargo y defender su derecho a participar de la renta de sus recursos
naturales. El país tiene que romper el ciclo de manipulación y corrupción
manejada por poderes fácticos.


