La gestión pesquera

Se espera que, antes de entrar en propuestas promocionales de la pesquería se realice un estudio que permita determinar cuáles serían las especies objetivo, cuál el volumen de su biomasa, cuáles serían los períodos de vedas reproductivas, cuál sería el efecto ecosistémico de su explotación, para llegar a determinar una tasa anual de captura por especie. De esta información se deriva la capacidad de bodega que debería tener una flota con intención de incursionar en la actividad extractiva, la cuota anual de extracción, las cuotas individuales a asignar y los períodos de pesca. Solo entonces podríamos pretender introducir mayor esfuerzo pesquero sobre el ecosistema marino de Humboldt.

27 de junio de 2016

EXPORTACIONES PESQUERAS Y ALIMENTACION NACIONAL

EDITORIAL REVISTA PESCA JULIO 2016

El constante elogio de las exportaciones peruanas de productos pesqueros como la harina de pescado y la pota, en los cuales somos los primeros en el mundo, como se lee constantemente en algunas noticias, obviamente producen un patriótico sentimiento de orgullo nacional, lo que no deja de ser una visión sesgada e incompleta. El análisis del impacto que las exportaciones pesqueras producen en el PBI, es también frecuente de observar; pero no se analiza el impacto de la pesca en la alimentación y el desarrollo nacional.

La percepción completa debe provenir de un análisis simple que muestre cuál es el real beneficio que ha recibido el Estado peruano y cada ciudadano.

No es suficiente satisfacer nuestro orgullo, ni preocuparnos por el impacto de la pesca en el PBI solamente. 

Tenemos que saber, si además, se está atendiendo la necesidad nacional de alimentos con alto contenido proteínico y cómo se está contribuyendo con el desarrollo del país. Debemos conocer la manera con la cual  se está beneficiando el país, a través de la presentación de cifras precisas que muestren la participación nacional de la renta que genera ese primer puesto en las exportaciones. Cuánto dinero ingresa al Tesoro Público proveniente de la actividad pesquera y cómo se le distribuye e invierte.

La Nación necesita conocer:

¿Cuál es la renta de la industria y qué porcentaje de la misma se destina a satisfacer necesidades de la población?, ¿Cuánto ganamos los peruanos en términos reales por la explotación de nuestros recursos pesqueros?; ¿En cuánto y cómo contribuye la pesca a reducir el índice de desnutrición infantil?; ¿Cómo contribuye la pesca a incrementar la seguridad alimentaria del Perú, en especial de las poblaciones vulnerables?

La alimentación nacional debe ser la prioridad, no así la exportación, que si bien forma parte importante en el contexto del modelo económico, no tendría por qué competir con ventaja, con la comercialización de productos pesqueros en el país. Exportar tiene privilegios y ventajas que no  tiene el mercado nacional.

El procesamiento de la anchoveta para el mercado interno, así como su comercialización en estado fresco, carecen de normas apropiadas y promocionales que dificultan que la población nacional, especialmente las poblaciones más vulnerables, accedan a este recurso.

Mejorar la competitividad de la cadena productiva de la pesca artesanal, que es la que proporciona el abastecimiento al mercado nacional, es un reto que requiere de voluntad y decisión políticas en un marco de innovación, desarrollo tecnológico, investigación y capacitación integrales y no a través de acciones aisladas.

Marcos Kisner Bueno

La revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y de la pesquería.

Difunde información, ideas y  corrientes de opinión que tienen por objeto crear conciencia de la necesidad de hacer sostenible la extracción de los recursos marinos, de seguridad alimentaria y  del cuidado del medio ambiente. Pero sobre todo, contribuir con información para que el lector empiece a formarse una opinión propia sobre la problemática pesquera.

Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista Pesca correspondiente a JULIO 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y redes sociales.

10 de junio de 2016

LA PESQUERIA PERUANA DESDE LA PERSPECTIVA DEL MERCADO

El potencial pesquero que Perú posee por sus posibilidades de extracción del recurso anchoveta,  lo coloca en una posición privilegiada dentro del contexto mundial. Sin embargo, más allá del análisis económico se hace necesario una reflexión más profunda que vaya más allá de la aritmética de la economía global.

El Estado no interviene nada más que dando el marco regulatorio dirigido a cumplir metas de control biológico y de protección.  Las medidas comúnmente aplicadas son: las vedas, las cuotas, limitaciones al tamaño mínimo, control de artes y sistemas de pesca, etc.  El objetivo de este ordenamiento es la preservación de las especies más explotadas, restringiendo la presión sobre su biomasa en etapas críticas.

Todo el movimiento exportador genera ganancias, y se realiza dentro de las normas legales vigentes; pero se hace con un recurso natural que es patrimonio de la Nación y que debe ser regulado por el Estado para que alcance a todos sus propietarios, o sea todos los ciudadanos peruanos. Es por eso que existen los impuestos y los derechos de pesca.

El problema es que analizando las cifras de los últimos diez años, se aprecia que muy poco beneficio práctico y real ha sido trasladado a los habitantes del país, por lo menos en términos de alimentación.

Se subraya lo siguiente:
Cada armador y pescador posee como criterio básico y principal el hecho de que no tendrá en cuenta el resultado de sus decisiones sobre el bienestar de la sociedad;
No tiene en consideración el rendimiento del resto de los pescadores o armadores, ni el crecimiento o situación del stock;
El armador o pescador bajo libre acceso no tiene incentivos para considerar dichas cuestiones, ya que lo no capturado por él, será capturado por otro.

En consecuencia, cada armador, cada empresa pesquera, cada pescador, actuarán guiados por la maximización de su renta individual que le garantiza obtener un ingreso neto superior al que le correspondería en otras actividades alternativas.

En la medida que la industria pesquera peruana posee una capacidad de capturas muy superior a la tasa a la que los ecosistemas pueden reproducirse, significa que los recursos hidrobiológicos  así como el capital no se están utilizando eficazmente. 

De la misma forma, la globalización ha formalizado la desviación de la mayor parte de la producción pesquera de los mercados locales y nacionales hacia los mercados de exportación, lo que crea una triple preocupación:
Cómo se distribuyen los beneficios;
Como repercute y qué efectos genera sobre los recursos hidrobiológicos, debido a la intensa presión sobre los mismos. 
Cómo afecta a la alimentación nacional el desvío de sus recursos alimentarios hacia el extranjero.

La rápida innovación tecnológica que permite e incentiva el incremento de las capturas debe obligar al Estado a limitar y a imponer controles y límites a la pesquería. La sobreinversión y la sobrecapitalización del sector pesquero no son una responsabilidad del Estado, sino del empresariado. 

Por tanto el éxito económico de esas inversiones no pueden constituir argumento alguno para ejercer mayor presión sobre las capturas.

De ahí la necesidad de regular y controlar el esfuerzo pesquero, dentro del marco de una Política de Estado que privilegie los intereses de la Nación antes que los extranjeros.

Es necesario llevar a cabo políticas de gestión adaptadas a los principios de precaución y de interés nacional.

En este escenario cabe preguntar si la capacidad de producción de hidrobiológicos del Perú permite incrementar su oferta exportable, que se verá presionada y favorecida por la firma de tratados de libre comercio.

Es evidente que en el caso de harina de pescado producida en base a anchoveta, no habrá posibilidad, (no debería haberla por lo menos) de incrementar las cuotas de captura, por lo cual no habría forma de incrementar estas exportaciones.

En el caso de recursos destinados al Consumo Humano Directo, a menos que se orienten capturas a nuevos recursos o recursos subexplotados, tampoco habría forma de producir un incremento de la oferta.

La única forma de incrementar la oferta exportable, sin afectar al ecosistema marino peruano, sería con productos provenientes de la acuicultura. Esto nos lleva a la hipótesis de que el sector pesquero peruano solamente puede ofrecer posibilidades de grandes inversiones en acuicultura, más no en mayor oferta de productos terminados para exportación procedentes de la pesca de captura.

Queda vigente la cuestión de si es éticamente aceptable exportar proteína a terceros países en circunstancias en las cuales hay una demanda nacional insatisfecha.

El sector pesquero se inscribe y se inserta en el proceso de la globalización, reflejado por la liberalización de los intercambios, de las inversiones y las dinámicas de especialización productiva. 

El escondido detrás de esto es la direccionalidad hacia la alimentación de otras poblaciones, utilizando al máximo recursos renovables hasta ponerlos en riesgo, mientras nuestra población tiene insuficiencias y carencias alimentarias.

Toda actividad comercial que afecte a la seguridad alimentaria cercena el derecho al alimento, uno de los derechos humanos más básicos.

La vocación exportadora del sector, coherente con el modelo económico vigente, condena a la población peruana a disponer de una oferta de recursos hidrobiológicos insuficiente y de calidad discutible si la comparamos con la calidad del denominado “producto de exportación”.

Tan selectivo es el asunto que en las etiquetas se pone el término “calidad de exportación” como para reafirmar ante el país y el mundo entero, que en el Perú hay una clara selectividad: lo que se exporta es mejor que lo que se deja para el consumo interno.  Se mantiene un doble estándar de calidad, cuando la tendencia debiera ser a acuñar la frase Calidad Peruana, eliminando esa discriminación injusta y ofensiva.

Tan poca atención se presta al país, que existe un Ministerio de Comercio Exterior, pero no existe un Ministerio de Comercio Interior. Al sistema le preocupa más satisfacer las necesidades alimentarias de los países desarrollados que las necesidades de la propia población. Aparentemente la tesis es que la seguridad alimentaria peruana no necesita (y por tanto no existe) una política pesquera, pues el mercado se hace o debería hacerse cargo de ella.

En ese orden de cosas, la exportación es más atractiva por los beneficios tributarios que se derivan de ella para los exportadores.  El mercado interno carece de similares estímulos. Por tanto es posible hablar de subsidios a la exportación pesquera.

Si bien es cierto que la selección de mercados es una decisión empresarial, también es cierto que el Estado no debería ser ajeno al tema, ya que la alimentación popular es una obligación de la cual no puede evadirse. Por consiguiente, cuando se examinan las exportaciones pesqueras debe analizarse principalmente el modo en el que reducen la disponibilidad de pescado para el consumo nacional. 

Tanto en forma indirecta (a través de la reducción de la biomasa de las especies forraje como la anchoveta para producir harina), como en forma directa.

Es importante tomar en cuenta que aunque el Perú tiene una participación importante en la explotación de recursos pesqueros a nivel mundial, esta no aporta los beneficios que merece la población peruana.

Los objetivos a largo plazo debieran ser llegar a un total dominio de la tecnología que permita, de manera costeable, el cultivo de especies acuícolas para el aprovechamiento de las lagunas, y también las marinas para dejar de ser únicamente cazadores y llegar a manejar  cultivos en  escala oceánica. 

Es posible entonces que dispongamos de una oferta exportadora razonable.

Los países desarrollados consumen la mayor parte de la producción mundial de alimentos, en especial los hidrobiológicos. Las personas que tienen más dinero para comprar más alimentos lo utilizan para el pago de productos cada más sofisticados en elaboración, envasado, y otras exquisiteces. Más allá de la necesidad básica de alimentación se satisfacen exigencias gastronómicas.

El hecho es que mientras esto ocurre en los países desarrollados, en el resto del mundo, en nuestro país, al mismo tiempo, una parte considerable de la población continúa con bajos niveles de consumo y de acceso a los alimentos, con la consecuente persistencia de niveles de desnutrición.

Es éticamente imposible negar esta realidad, menos aún ante una de las características más espeluznantes de la estructura pesquera nacional: la coexistencia del hambre con la exportación de nuestros productos alimenticios hidrobiológicos.

La captación de conocimiento y el desarrollo de habilidades empieza por una buena educación y entrenamiento. Ello implica una sociedad que prioriza la educación, el desarrollo del conocimiento. 

Ambos elementos requieren como elemento básico una niñez bien alimentada que pueda asimilar una buena educación.  Sin alimentación apropiada, es poco probable que se pueda asimilar una buena educación. Por tanto, las nuevas generaciones estarán enfrentando futuros inciertos en desventaja frente a otras sociedades.

La desnutrición crónica es un indicador que tiene frenado al país y que mientras no se resuelva no permitirá el crecimiento nacional con equidad y sin exclusión.

En ese contexto, el producto alimenticio es más rentable cuando se exporta. La necesidad de otros países es una fórmula mágica que lo transforma todo en oro, una fórmula a recitar como

El modelo vigente se da el lujo de exportar sus recursos naturales alimentarios mientras posee un índice de desnutrición del 24% como promedio nacional.

Niños menores de dos años padecen de desnutrición crónica en el Perú y sufren de anemia por deficiencias de hierro en su alimentación. Pero nos jactamos del éxito económico que significan los volúmenes de proteína exportados tanto en forma de harina de pescado como de productos hidrobiológicos congelados y en conservas.

El 19,5% de los niños menores de cinco años sufren de desnutrición crónica, consecuencia en gran medida de la escasa disponibilidad de alimentos nutritivos (Midis, 2012). La meta de la Estrategia Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional 2013-2021 es la reducción de la desnutrición crónica infantil en niños menores de cinco años de edad de 18,1% a 5% entre los años 2012 y 2021 (Comisión Multisectorial de Seguridad Alimentaria y Nutricional, 2013). Para lograr esta meta, se ha definido que la seguridad alimentaria tiene cuatro dimensiones de análisis: i) producción de alimentos, ii) acceso y disponibilidad de alimentos, iii) consumo de alimentos, iv) oportunidades para el incremento de ingresos.
 Los principales problemas de inseguridad alimentaria que presenta el Perú no se dan por el lado de la disponibilidad y estabilidad general en el suministro de alimentos, sino más bien por el lado del acceso, de manera específica por el lado de los niveles de ingreso, así como por la distribución y oferta adecuada de alimentos hidrobiológicos por parte de la población.

En este sentido, la seguridad alimentaria en el Perú está estrechamente vinculada a la distribución de sus recursos. Es debatible, desde este punto de vista, el modelo que sostiene y defiende la exportación de dichos recursos.

No es lo mismo exportar minerales o textiles que recursos naturales alimentarios (renovables solamente en la medida que se protegen debidamente), poniendo en riesgo la sostenibilidad de los mismos. Exportar recursos naturales no renovables como los mineros y recursos renovables como los agrícolas tienen una connotación diferente a la exportación de recursos pesqueros.

La exportación de espárragos, alcachofas o mangos, por ejemplo, no es igual que la exportación de pescado.

La exportación de los primeros es útil para la economía del país en la medida que su consumo interno no es trascendente para la aliviar la desnutrición ni para asegurar la ingesta proteínica de nuestra población.

La exportación de los recursos hidrobiológicos sí tiene un efecto directo sobre los niveles de nutrición y alimentación básica de nuestra población en la medida en que, si bien es cierto son recursos renovables, su renovación está sujeta a serios riesgos. Uno de ellos es que la extracción de algunas especies perjudique la capacidad de renovación de las poblaciones que dependen de aquellas para su propia alimentación.

No parece ser la mejor opción arriesgar o comprometer nuestros recursos de alimentación en beneficio de otras poblaciones. Sin dejar de ser solidarios con poblaciones que requieren de mayor aporte de proteína, la obligación primaria del Estado es asegurar la alimentación de nuestra población y recién entonces exportar los excedentes.

Vivimos una época diferente provocada por el cambio climático y la crisis alimentaria. Nuestro mundo no es el de hace 20 años. Es necesario afrontar estos nuevos escenarios con criterios diferentes, con nuevas concepciones que vayan más allá del libre mercado y de la globalización que, en materia alimentaria pareciera favorecer más a los demás países que al nuestro.

Un mundo nuevo ha empezado a comer y no hay para todos”, afirmó José María Sumpsi, subdirector General de la FAO. Y explica que el tema se basa en una  “asimetría” entre oferta y demanda: “No se esperaba que los países emergentes -China, India, Indonesia, Brasil- creciesen tanto, y se han expandido a un ritmo anual del 10%-12%. Eso ha producido una explosión de la demanda. No estábamos listos”.

El mercado no puede resolver el problema. Hay una imposibilidad para acceder a los alimentos por parte de amplias poblaciones que no pueden pagar los precios actuales. La solución no puede ser más libre comercio porque más libre comercio implica más hambre y menor acceso a los alimentos. El empresario privado optará siempre por vender sus productos con mayor valor agregado al mejor precio y al mejor postor. En esa lógica de pensamiento siempre encontrará en la exportación un mercado dispuesto a pagar caro por alimentos o materia prima para producir alimentos gourmet que satisfagan no necesariamente el hambre sino exigencias gastronómicas. El ciudadano pobre que solo requiere proteína barata tenderá a ser excluido de esa lógica de mercado.

Los alimentos serán, en el corto o mediano plazo, un recurso escaso que podría convertirlos en recursos estratégicos para negociar no solo mejores precios sino condiciones más favorables para el desarrollo del país.

La visión debiera ser la de utilizar nuestra producción de recursos hidrobiológicos prioritariamente para nosotros mismos, proteger su renovación y crecimiento aplicando enfoques ecosistémicos, y exportando solamente aquellos que excedan a nuestras necesidades.

Exportamos harina de pescado para alimentar peces cultivados en otros países, exportamos congelados a otros países para alimentar a otras poblaciones, y exportamos conservas a otros países para alimentar también a otras poblaciones.

Lo que no se puede exportar se destina al mercado nacional. Además, lo que no satisface los estándares de calidad de los mercados internacionales, se traslada al mercado nacional. Se mantiene un doble estándar de calidad menospreciando al consumidor peruano.

La pesca de consumo en estado fresco, por sus volúmenes y por cuestiones de mercado, se destina a la población nacional. Si tuviese demanda internacional con toda seguridad se exportaría. 

Marcos Kisner Bueno

27 de mayo de 2016

Consumo de pescado: el Peru primero

Editorial de la Revista Pesca de Junio 2016

El Perú primero

La Ley General de Pesca, diseñada en la década de los 90 está basada en un esquema neoliberal y un espíritu promotor de la actividad pesquera, con una regulación flexible basada en el mercado, lo que aparta el concepto de inclusión social y justicia social. La actividad de extracción ya no debe tener un marco promotor, sino precautorio ante la evidencia de agotamiento de los stocks pesqueros y/o ausencia de información científica que permita establecer límites máximos de extracción. Puede haber especies que si pueden ser promovidas; pero con una base científica sólida que marque un límite. Los recursos pesqueros son renovables; pero no son inagotables.

Una nueva visión para la pesquería del Perú debe crear una doctrina que tiene que otorgar a los aspectos sociales, políticos y ambientales, mayor énfasis que en el modelo actual. Se debe integrar al modelo actual, las actividades socioeconómicas, las de protección del medio ambiente, las de mantenimiento de la calidad de vida de las poblaciones ribereñas y las de una justa participación social en la renta de la industria. Debe tener como meta principal disponer de pesquerías sostenibles en el contexto de una nueva  gobernanza. La visión de un nuevo modelo debe proponer construir un equilibrio entre las necesidades del mercado, las de conservación de los recursos, y la priorización de la población nacional en la atención de su alimentación basada en productos hidrobiológicos.

La expresión “pesquerías sostenibles” va más allá del simple enunciado y responde a todo un contenido de acciones y estrategias que a su vez requieren de medios para alcanzarlas, dentro de los cuales destacan, además de los económicos, el de ciencia, tecnología e innovación. El Estado tiene que ser el ente que garantiza el equilibrio entre el mercado, la justicia social y la conservación del ambiente y los recursos pesqueros, utilizando a la ciencia y la tecnología como componente importante en la nueva gobernanza pesquera. Debe orientar su visión a alcanzar el fin supremo, cual es el servicio al ciudadano a través de la provisión de alimentos de origen hidrobiológico, que contribuya a conseguir la seguridad alimentaria y a erradicar la malnutrición infantil en el Perú, en primera prioridad, antes que alimentar a otros países.

El actual modelo de gestión, sesgado hacia el mercado y la exportación, presume que las pesquerías solamente son sistemas económicos con todo lo que ello implica. Minimiza la importancia del mercado nacional y la contribución a la alimentación nacional

Denomino modelo de gestión al marco formado por una doctrina pesquera nacional que produzca una nueva base legal modernizando la vigente, sobre la cual se pueda perfeccionar el Modelo Organizacional Institucional actual. Diferencio entonces el modelo de gestión del modelo organizacional.

Los recursos hidrobiológicos marítimos y continentales  son un recurso natural que es patrimonio de la Nación. El Estado los entrega en concesión, de acuerdo a la normatividad vigente. El usufructo de los mismos se hace bajo condiciones que establece la regulación que se aplique a cada especie, la cual debe encontrar el justo equilibrio entre las necesidades del país y las del sector privado.

Artículo 66.- Recursos Naturales. Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El Estado es soberano en su aprovechamiento.  Por ley orgánica se fijan las condiciones de su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal.
Artículo 39.-  Todos los funcionarios y trabajadores públicos están al servicio de la Nación.

En tanto las administraciones de la pesquería no entiendan que su función es servir al pueblo peruano, a la sociedad peruana, la cual es propietaria de los recursos hidrobiológicos y no a intereses de parte ni extranjeros, los recursos pesqueros estarán expuestos no solo al agotamiento, sino a una indebida utilización cuando alimentan a otros países, sin atender primero la alimentación nacional. 
Alimentar al Perú primero y después al mundo, debe ser la orientación de una doctrina pesquera nacional.


Marcos Kisner Bueno

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Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista Pesca correspondiente a JUNIO 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y redes sociales.

29 de abril de 2016

Elecciones segunda vuelta: editorial Revista Pesca mayo 2016

En esta edición se presentan las propuestas de plan de gobierno para el sector pesca que han sido elaboradas por los dos partidos que pasan a la segunda vuelta electoral.

Solo Fuerza Popular tiene una propuesta para el sector, aunque no existe obligación formal ni legal de ejecutarla. Peruanos por el Cambio no menciona la pesca en forma directa. Los interesados en la evolución y desarrollo del sector pesquero, deberán medir debidamente el impacto sobre el sector que tendrá cualquiera de ambos posibles gobiernos en los próximos cinco años, antes de decidir su voto.

El enfoque ciudadano puede dejar a otras organizaciones el análisis y discusión sobre aspectos técnicos y científicos propios de la pesquería. Debe más bien, centrarse en el análisis de su participación en la renta pesquera, considerando que es el propietario del recurso pesquero, el cual está siendo explotado por una pequeña fracción de ciudadanos, los cuales deberían pagar un justiprecio por el derecho y el privilegio de lucrar con un recurso natural que, está siendo gratis en el caso de la pesca artesanal y muy barato en el caso de la pesca industrial. Ningún candidato ha hablado sobre la participación del país en la renta generada por la pesca.

Sin mejorar los ingresos no hay  forma de hacer más investigación y mejorar la fiscalización y control, entre otras cosas.

La pesca artesanal no está obligada al pago de derechos de pesca. Pero si bien es cierto una parte de sus desembarques va a los mercados nacionales para consumo interno, lo que podría justificar la exoneración de este pago, también es verdad que otra parte va a las plantas congeladoras y enlatadoras que los exportan. ¿Es correcto, y justo desde el enfoque ciudadano, que se exporten productos como la pota para alimentación de otras poblaciones sin pago de derechos de pesca, gozando del mismo privilegio que los productos que se venden en el mercado nacional para consumo de los peruanos?

Bajo este enfoque también debe analizarse los precios a los que se vende el pescado en el mercado nacional y los volúmenes que se encuentran disponibles para las poblaciones de la costa, de la sierra y de la selva. Siendo propietarios de los peces y siendo una de las pesquerías más grandes del planeta, debemos preguntarnos si la cantidad disponible de pescado alcanza para todos los sectores de la población y si sus precios son asequibles para las mayorías. Un análisis objetivo, debería conducirnos a la búsqueda de alternativas para hacer de la pesquería peruana una actividad más inclusiva y más justa.

¿De cuál de los candidatos a la segunda vuelta se podría esperar algo en relación a hacer la pesca más inclusiva? Las políticas públicas tienen que orientarse al ciudadano y a procurar mejorar su calidad de vida. Siendo así, debemos preguntarnos cuál de ellos considera mejorar la regulación actual en beneficio del ciudadano peruano, antes que servir a los intereses tradicionales y siempre ganadores.

La hipótesis más probable, es que una vez pasada la efervescencia electoral y las nuevas autoridades se asienten en sus lugares, todo volverá a ser más de lo mismo en la pesca. Bajo el poder del lobby e influencia de la gran industria a través de sus  operadores políticos de siempre y los nuevos, nada presume que vaya a ser diferente. Los pescadores artesanales, demasiado atomizados como para presentar un frente apropiado que los ponga de igual a igual en una mesa con el Estado y la Industria, continuarán igual como hasta ahora.

Quienquiera que gane las elecciones, no evidencia nada innovador para la pesca artesanal y el consumo de pescado para el mercado interno.

Marcos Kisner Bueno

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5 de abril de 2016

RESUMEN DE CIFRAS DEL SECTOR PESQUERO PERUANO


Este cuadro expresa en resumen todo el movimiento del sector pesquero entre 1998 y 2015, con excepción de las ventas internas por falta de información adecuada y del mismo nivel que las exportaciones.

El lector puede apreciar cuánto se exporta, lo que genera siempre comentarios favorables por la contribución al PBI y por el impacto que genera sobre el orgullo nacional al evidenciarnos como los más grandes productores de harina de pescado en el mundo.

Aquí podemos ver el cuadro completo con la parte que nunca se le dice al público, es decir cuánto de ese dinero quedó para el Estado peruano, que se supone lo invierte en programas sociales o contribuye al presupuesto fiscal. Son las cifras que recibirá el nuevo gobierno. El tiempo dirá como las mejora o no.

Los invito a leer el artículo “RESUMEN DE CIFRAS DEL SECTOR PESQUERO PERUANO” en la edición de abril de la Revista Pesca

25 de marzo de 2016

Elecciones Perú 2016: editorial Revista Pesca

En estas elecciones presidenciales tenemos que elegir bien, como lo hacemos cuando contratamos a un empleado en nuestra casa. Con la misma pulcritud y esmero con los cuales evaluamos a nuestros empleados, debemos evaluar a los políticos que pretenden convertirse en nuestros empleados. Porque somos los dueños de casa y este mes de abril nos toca contratar nuevo mayordomo y nuevos sirvientes para que se encarguen de la administración y asuntos domésticos de la casa (país). De eso se trata cuando elegimos a un Presidente y congresistas. Las  elecciones no son sino un gran concurso público para el empleo de Presidente de la República y congresistas. Tenemos que escoger al mejor candidato y al mejor equipo para el empleo.

No tenemos que magnificarlos como si fueran mejores que nosotros, porque no son los mejores de entre todos los ciudadanos. Solo son los que han mostrado interés en el empleo, aunque  las verdaderas razones que los motivan sean desconocidas realmente. No teniendo otras opciones, tratemos de contratar al mejor.
Debemos desmitificar la investidura presidencial, la congresal y la ministerial. Porque puede ocurrir que ellos no lo entiendan así y en vez de asumir que son nuestros empleados, pretendan convertirse en nuestros amos para disponer a capricho de nuestros recursos naturales, entre otras cosas. Por eso, la inmunidad de la que gozan es indebida y debería serles retirada.

Antes de marcar un símbolo preguntémonos ¿a quién quieren servir esos candidatos? ¿a nosotros, a ellos mismos, o a alguien más?

La principal cualidad que debe evaluarse es la sincera y real vocación de servicio al país y a los demás. Más allá de las promesas en las que nadie cree, lo determinante debe ser la confianza que inspire el candidato, tanto por su trayectoria personal, integridad, honestidad, capacidad y liderazgo, así como por sus convicciones en la necesidad de efectuar cambios y la suficiente voluntad política para imponer con firmeza un nuevo modelo de gestión en la pesquería y en el país.

También es importante evaluar al equipo de personas que lo acompañarán durante su administración. No solo sus cualidades morales y personales, sino investigando a quién sirven realmente, si a los intereses del país o a algún poder económico. No se puede olvidar que la política y la administración pública son constantemente infiltradas por quienes se dedican a defender intereses de parte, por encima de los intereses nacionales, unas veces abierta y descaradamente y otras veces detrás de las sombras, manipulando y colocando o sacando funcionarios según sus conveniencias.

Esta campaña electoral ha dejado la evidencia de una insana ambición por el poder,  sustentada con una pobre calidad de propuestas, pero que finalmente fueron y son irrelevantes, porque no hay norma que obligue a cumplirlas. Nos están ofreciendo un producto sin garantía, convirtiendo lo que debería ser una competencia de ideas y propuestas, en una guerra que solo ha servido para mostrar lo peor de los políticos, con honrosas excepciones.  Un plan de gobierno debe ser la fórmula para gobernar en base a una doctrina, a una filosofía y por eso no se improvisa unos meses antes. Siempre está vigente se actualiza permanentemente. Lo que hemos visto es improvisación sin base doctrinaria, omisiones serias en cuanto a la pesca, por ejemplo y en algunos casos vagas promesas que respondieron a la coyuntura de dónde y frente a qué público está el candidato.

La democracia no consiste solamente en votar en la elección. La democracia necesita de ciudadanos activos, que no aceptemos resignadamente esperar 5 años más, si es que no quedamos satisfechos, o si las autoridades elegidas incumplen sus promesas de campaña. Tenemos que actuar en forma permanente y constante, para crear incidencias políticas a través de los mecanismos que fuesen adecuados, a fin de proteger los intereses de las mayorías, que somos quienes formamos la Nación y pagamos los sueldos de nuestros gobernantes, legisladores y administradores.

Marcos Kisner Bueno


En esta edición presentamos una nota sobre los derechos de las poblaciones originarias para entender por qué  un nuevo gobierno, a través de políticas más inclusivas, tiene el deber de considerar la alimentación nacional como tema de agenda, en el cual las poblaciones vulnerables necesitan atención prioritaria. Debemos entender que no es posible avanzar en la construcción de la República y la explotación de sus recursos naturales, sin saber de dónde venimos, ni por qué hemos llegado al modelo extractivista y de gobierno que tenemos.


 Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista Pesca correspondiente a ABRIL 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y redes sociales.

5 de marzo de 2016

La pesca en el Perú desde el enfoque de los ingresos fiscales

Tratándose de recursos naturales como los pesqueros, es complicado encontrar el debido equilibrio entre los intereses económicos de los industriales, las necesidades de empleo de la población que depende de este sector y los intereses del país. La búsqueda de rentabilidad y empleo inmediatos sin atender a las razones de la sostenibilidad a largo plazo para beneficio de las futuras generaciones es un tema de difícil manejo,  convirtiéndose una situación científica en una situación política. Lo que está ocurriendo es que se prioriza la segunda por los componentes socio económicos que implica, como el crecimiento del PBI.

Hasta ahora, pareciera que el futuro de la pesca en el Perú será decidido en los próximos años por la presión política y la necesidad económica, no por la conveniencia científica ni la necesidad alimentaria de la población nacional.

La ciudadanía, con su indiferencia y desinterés por los temas del mar y de la pesca, se convierte en cómplice silenciosa del agotamiento de los recursos pesqueros, de la contaminación que la industria genera y de una inequitativa participación en la renta que generan sus recursos pesqueros.

Un nuevo enfoque debe contemplar una participación del Estado en la renta pesquera más justa, en la medida que representa a los ciudadanos propietarios del recurso natural.

Los desembarques provenientes de la pesca artesanal no están obligados al pago de derechos de pesca. Casi la totalidad de desembarques para CHD provienen de la pesca artesanal. Si además el vendedor del producto pesquero es informal, o sea que no paga renta ni IGV (porque la venta de pescado fresco está exonerada), estamos ante una situación discriminatoria e injusta. 

La pesca industrial paga derechos de pesca diferenciados por especie y muy bajos, dentro del ordenamiento legal vigente. Que sea legal, no significa necesariamente que sea lo debido.

Cuando se ve, desde esta perspectiva y bajo un enfoque de renta y del ciudadano, que todos los desembarques para consumo humano directo, o sea casi 13 millones de toneladas en los últimos 12 años, no han pagado derechos de pesca porque la norma así lo permite, surge  la necesidad de replantear el enfoque de la pesca desde una perspectiva ciudadana no pesquera. Porque el recurso natural no es propiedad de los pesqueros, sino de todos los peruanos.

El hecho es que un grupo de ciudadanos extrae nuestros peces del mar a precio muy barato y otro grupo lo hace gratis.

Existiendo un alto grado de probabilidad de que algunos recursos se reduzcan a límites que impidan su extracción en el futuro, debido a que se prioriza el componente político antes que el científico, la situación de la pesca en el Perú es difícil y requiere de una atención que hasta el momento los candidatos presidenciales no le están otorgando.

El estatus actual excluye a la mayor parte de ciudadanos del país del beneficio de la pesca, porque tampoco disponemos de pescado abundante y barato para nuestra alimentación. Temas que siguen fuera de la agenda.

El sector pesquero es complicado y requiere de atención y dedicación exclusiva por parte de funcionarios con conocimiento del sector.

Más allá de los temas de coyuntura, de la confrontación y de la demagogia, lo que existen son múltiples temas y detalles que deben ser atendidos con mayor dedicación y eficiencia, como los descritos en esta nota.

Los invito a leer el artículo “INGRESOS DEL ESTADO PERUANO PROVENIENTES DE LA ACTVIDAD PESQUERA” en la edición de Marzo de la Revista Pesca


25 de febrero de 2016

EDITORIAL REVISTA PESCA MARZO 2016

La pugna para acceder a cargos en la nueva administración, bien sea para defender intereses de parte, o apetitos personales, se irá evidenciando a partir de los resultados de la segunda vuelta electoral y permitirá predecir cuál será la agenda sectorial a partir de agosto.

Si queda conformado por autoridades ajenas a la realidad sectorial y fácilmente influenciables por quienes defienden intereses de parte, no se verán reformas en la pesca.  La gobernanza del sector quedaría expuesta debido a la manipulación del lobbysmo y el aporte al PBI seguiría como tema prioritario en la agenda, poniendo en segundo plano la opinión técnica. O sea, más de lo mismo, por más maquillaje que quisieran ponerle a través de nuevos operadores políticos.

Convirtiendo una situación científica en una situación política, el poder cedería a la presión que se ejerza a través de los medios de comunicación y del lobby. El peso de las decisiones se vería influenciado por quienes detentan el poder fáctico, los cuales ejercerían mayor o menor grado de influencia, según el apoyo de una prensa poco informada sobre la pesca, que solo resalta brevemente temas de coyuntura. La presión efectuada a través de eficaces operadores políticos, así como la de nuevos lobistas, se hará más o menos evidente en función de los nuevos funcionarios que asuman cargos el 1 de agosto.

El sistema de ordenamiento pesquero, ya violentado varias veces por jueces que dictan medidas cautelares indebidas, resultaría así expuesto a mayores perforaciones provenientes de decisiones tomadas en función al ruido político, o la presión. La gobernanza del sector resultaría  comprometida, no por las necesidades o los intereses nacionales y los de la ciudadanía común y corriente, la cual es la legítima propietaria de los recursos hidrobiológicos, sino por los intereses comerciales del sector.

Hasta ahora no hay evidencia de genuino y real interés político por introducir cambios de fondo en la pesquería peruana. Una nueva Ley de Pesca no resolvería temas inmediatos porque resultaría lenta de aplicar en términos reales y prácticos, tanto por el tiempo que demoraría su discusión y promulgación, como su implementación. Mientras tanto, los temas de fondo urgentes seguirían relegados.

Lo que se requiere es decisión y voluntad políticas de funcionarios honestos y comprometidos con el país, sin intereses personales en la pesca. De lo contrario, solo quedaría  la intervención de la ciudadanía mediante la creación de incidencias políticas que fuercen la toma de algunas decisiones y la generación de algunos cambios.

Si no se actúa a través de más ciudadanos activos, la democracia peruana degenerará hacia la oclocracia, es decir al gobierno de los insapientes.

La ciudadanía, con su indiferencia y desinterés, se convertiría en cómplice silenciosa del agotamiento de los recursos pesqueros y de la contaminación que la actividad genera sobre el ambiente y sobre la moralidad.

Marcos Kisner Bueno

La revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y de la pesquería que difunde información, ideas y  corrientes de opinión que tienen por objeto crear conciencia de la necesidad de hacer sostenible la extracción de los recursos marinos, de seguridad alimentaria y del cuidado del medio ambiente. Pero sobre todo, contribuir con información para que el lector empiece a formarse una opinión propia sobre la problemática pesquera.

Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista Pesca correspondiente a MARZO 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y redes sociales.

18 de febrero de 2016

Editorial edición febrero 2016

En esta edición se presentan las propuestas de los planes de gobierno, referidas a la pesca, de los principales partidos políticos. Debo enfatizar que lo que se ofrece no necesariamente se cumple, porque no existe base legal alguna que obligue a un partido a cumplirlo; pero es un referente para conocer las tendencias de los candidatos.

En cualquier escenario, la industria pesquera seguirá reclutando los mejores operadores políticos y de medios que defenderán sus intereses con eficacia, lo que le permitirá mantener la posición dominante que siempre ha tenido y el manejo de la agenda. Pero por otra parte, es responsable de la sostenibilidad de las especies con las cuales existe su negocio, o desaparecerán si es que dichas especies se extinguen, lo que permite asumir que manejarán la actividad extractiva adecuadamente. En esta línea de pensamiento,  la confrontación entre administrados, organizaciones sociales y el Estado es inútil porque la industria ganará en cualquier circunstancia, haciendo que este esfuerzo sea un gesto ocioso y un gasto de energía y tiempo improductivos. El modelo económico privilegia el crecimiento del PBI por encima de consideraciones ecológicas y ambientales y eso es complicado de cambiar.

Concentrando la atención en otros temas importantes y prioritarios, que sí son posibles de  cambiar y en los cuales se puede lograr consensos, está el consumo de pescado en el país. Sin embargo, debemos sincerar conceptos y desterrar mitos: No tenemos la suficiente disponibilidad de recursos pesqueros de CHD como para convertirnos en un país que consume pescado en volúmenes tan grandes como Japón y España, por ejemplo.  En términos alimentarios y de consumo, en tanto el pollo sea más barato que el pescado y su producción sea mayor, seremos un país pollero y no pesquero.

En este orden de ideas, se requiere un enfoque nuevo sobre el empleo de la anchoveta y la pota para reducir las cifras de desnutrición y anemia infantil y convertir a la pesquería peruana en un instrumento de políticas inclusivas que privilegien la alimentación nacional.

Quien quiera que fuese el ganador de las próximas elecciones, debemos tener presente que las autoridades elegidas y designadas detentan un poder otorgado por los ciudadanos, que dura poco. La ciudadanía, que es donde radica el verdadero poder, es en cambio, permanente.

Los cambios, si no provienen de un programa o de un gobierno en el futuro inmediato, próximo o lejano,  tendrán que provenir de la ciudadanía, que debe cambiar su pasividad frente a la política y el gobierno, por una intervención más activa, especialmente de los jóvenes, que cree una incidencia política para:

a) impedir que el poder otorgado a funcionarios temporales, se utilice para privilegiar los intereses de los menos, en desmedro de los intereses de los más; b) generar mayores recursos económicos al Estado, que le permitan desarrollar más y mejor investigación, fiscalización, innovación y desarrollo tecnológico; c) crear conciencia socio ambiental en el uso de los recursos pesqueros; d) incrementar el consumo nacional de anchoveta y de pota, con especial énfasis en las poblaciones vulnerables; e) mejorar la competitividad de las cadenas productivas de ambos recursos en dirección al consumo humano nacional, que debería ser la prioridad de la política pesquera; y f) reducir los impactos ambientales que causa la actividad.

Marcos Kisner Bueno