La gestión pesquera

Se espera que, antes de entrar en propuestas promocionales de la pesquería se realice un estudio que permita determinar cuáles serían las especies objetivo, cuál el volumen de su biomasa, cuáles serían los períodos de vedas reproductivas, cuál sería el efecto ecosistémico de su explotación, para llegar a determinar una tasa anual de captura por especie. De esta información se deriva la capacidad de bodega que debería tener una flota con intención de incursionar en la actividad extractiva, la cuota anual de extracción, las cuotas individuales a asignar y los períodos de pesca. Solo entonces podríamos pretender introducir mayor esfuerzo pesquero sobre el ecosistema marino de Humboldt.

15 de abril de 2026

ELECCIONES 2026: PERU CAMINO A LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL

¿Cuál será el futuro de la pesquería artesanal peruana?

Es oportuno recalcar que el proceso electoral no ha sido totalmente justo. No ha ocurrido solamente un sencillo problema de falla en la distribución de material electoral que impidió que cerca de 60 mil electores no lo hicieron el día que debían.

Hay un hecho adicional del cual no se habla y es el artilugio creado por el Ministerio de la Producción para impedir que los tripulantes de la flota anchovetera ejerzan su derecho al voto. Esto ocurrió debido a la apertura de la temporada de anchoveta tres días antes de los comicios, cuando pudo haber sido aperturada el día posterior a la votación.

Se mandó a pescar a más de 15,000 pescadores y movilizó a mucha gente también a las plantas pesqueras de harina de pescado ubicados principalmente en Chimbote y el Callao . Gente que dejó de votar porque los sacaron de sus jurisdicciones. Esa gente que dejó de votar por estar pescando, perjudicó al candidato del sector.

No había motivo alguno de sacarlos a pescar 3 días antes de las elecciones. Solo perjudicar a un candidato.  ¿Cuál es la cifra exacta de pescadores y trabajadores en las plantas harineras que no fueron a votar?

Por supuesto que este es un hecho legalmente correcto, no se puede decir que conllevaría una sanción contra el responsable. Pero es evidentemente un acto inmoral con claros indicios de pretender sacar votos en beneficio de algún candidato y en perjuicio de otro. Tampoco debería sorprender, porque funcionarios que cometen actos indecentes, inmorales y censurables se han visto bastantes, no solo en esta gestión sino en anteriores también. Por otro lado faltan cuatro meses para que se vayan, así que poco o nada debe importarles lo que se piense o diga de ellos. ¿O volverán en el próximo gobierno como los cardúmenes que migran? Es la forma que se ha venido y se viene manejando la pesquería y probablemente en el próximo gobierno seguirá el mismo estilo.

Esto ha creado una situación que compromete la esencia del proceso electoral. Ni siquiera sabemos cuántos tripulantes estuvieron trabajando ese día y dejaron de votar.

No se trata de ineficiencia logística; presiones económicas por la apertura de la temporada de anchoveta; tampoco de señalar a alguien. Se trata de hechos reales; se trata de la “la alteración de las condiciones en las que el ciudadano ejerce su derecho al voto”. El acto debió ser libre para todos, sin situaciones que indujeran al ausentismo.

Mesas que no se instalan. Material electoral que no llega o llega tarde. Electores que no pueden votar en el momento debido. Y otros que se ven obligados, de una manera u otra a pasar el día de la votación en faena de pesca. Esto es una distorsión de la voluntad popular.

El problema no es a quién favoreció o perjudicó el hecho de que muchos electores no votasen, ni de que la empresa les pague la multa o se les exonere de ella. El problema es que no todos los electores fueron libres para votar. Cuando eso ocurre, el proceso deja de ser auténtico.

Este es un tema de legitimidad. No importa quién gane. No importa a quién favorezca esta situación. Lo que importa es que: “El proceso ya no garantiza que el resultado refleje fielmente la voluntad popular”.

No solo la ONPE ha entorpecido el proceso, sino que también lo hizo PRODUCE.

La pesquería lamentará la ausencia de Roberto Vieira en el Senado. Su campaña fue correcta, fue buena; pero César Acuña derrotó a César Acuña.

Su plan de gobierno, en el cual Roberto no participó por cuanto fue invitado después, estaba desconectado de la realidad, desconectado de la gente y carecía de olfato político. Convencidos de haber elaborado un documento técnico, lo que crearon fue una espada de Damocles política.

Más allá de que los planes no son vinculantes, contienen elementos técnicos para ser entendidos por cierto nivel minoritario de la ciudadanía. Pero también contienen un mensaje emocional, social y sicológico que es captado por la mayor parte de ciudadanos. Ahí el mensaje fue errado. Su posición sobre la exploración petrolera y su pésima oferta pesquera quizá pesaron mucho en la decisión de la gente.

APP sencillamente desapareció del escenario político peruano, volado por los aires por sus propios dirigentes.

Lo que nos ha llevado a que el nuevo Congreso estará dominado por Fuerza Popular y Renovación Popular.

Es decir que volvemos al mismo escenario pero esta vez con un poder casi omnipotente y sin representantes del sector pesquero que estén realmente comprometidos con la pesca y no con consignas partidarias ni defendiendo intereses de parte.

El monstruo que ríe

No hay que perder de vista algo que a veces olvidamos (o queremos olvidar): las ganas de joder del electorado peruano. No hablo ya de su capacidad de crear outsiders inesperados, de elevar a quien semanas antes no tenía mayor opción y colocarlo a las puertas de la gloria presidencial. Es más que eso. Es la negación de cualquier posibilidad predictiva, como si, en el momento mismo en que parece haber cierta idea de lo que podemos esperarnos, decidieran, en bloque, como un cerebro colectivo, variar, destruir de un soplo el castillo de naipes y cambiarlo por un Castillo de verdad, sacar de debajo de la manga a un nuevo NN, subirlo a lo más alto, para semanas más tarde abandonarlo y dejarlo caer; así una y otra vez, empezando el ciclo de nuevo, jugando, guardándose el zarpazo final para los últimos días (ahora mismo, mientras escribo, o peor, ahora mientras leen). Ese zarpazo es más que eso; es una emboscada.

Es el Joker multiplicado por cien, por mil, por quinientos mil o un millón, para anunciarte que el cadaver —¡ay!— no ha muerto. A empezar de nuevo, a resetear las calculadoras, a fingir —los analistas— que esto se veía venir, que ellos lo tenían clarito (mentira). Y de pronto te toca bancarte al nuevo favorito, hacer como si fuera natural el absurdo de su crecida insólita, mirarlo con cuidado y respeto; pero no tanto, pues cuando miras, ya está bajando.

Me disculparán que reduzca algo tan hermoso como la consciencia del pueblo y sus indecisiones, ajustes, enmiendas y legítimos vaivenes, a la puesta en marcha de un patrón errático y caprichoso, un misterio sin resolver. Es obvio que parte del voto es consciente y pensado. Pero hay algo muy reactivo, es más, compulsivo en este voto nuestro, y a estas alturas ya no se puede negar. Solo así se entiende que, en estos últimos días (y no estoy hablando de ninguna encuesta fuera del límite legal) Ricardo Belmont le haya quitado votos a Roberto Sánchez en todo el Perú y particularmente en el sur. ¿Qué tienen en común Sánchez y Belmont? ¿Qué coincidencias pueden hacer que el votante de uno se vaya con el otro? Ninguna, por supuesto, salvo algo que no está en esos candidatos ni en su ideario o plan: la posibilidad de descuadrarlo todo, dinamitar las expectativas y cambiar las previsiones, quebrar la tranquilidad y alborotar el gallinero. Como unos chibolos cabrones que, frente al botiquín de la casa, descubren la idea para una nueva fechoría y, sonriendo, se preguntan: “¿por qué no?”

Estas elecciones la derecha las calculó tan bien que sembró su outsider prefabricado, un outsider de contención destinado a despistar al electorado y cumplir el sueño de dos candidatos de derecha en la segunda vuelta. Inventaron a Carlos Álvarez y fueron precavidos, casi quirúrgicos; no le dieron el empujón hasta el momento justo, en la recta final. ¡Álvarez es el nuevo outsider!, dijeron los diarios aliados. Casi les liga, pero por más que a los peruanos les guste reír, la risa solo dura un rato, y esa colectividad que da coletazos a un lado y al otro, ese dragón demente, decidió dejar al comediante y abrazar a Ricardo Belmont, que empezó a crecer a un ritmo inaudito matando los planes y provocando alarma.

Porque una cosa es Álvarez en el ballotage; estamos en el Perú, en la Latinoamérica tercermundista, y no hay forma de que Álvarez, a quien Vladimiro Montesinos conocía bien, gane una segunda vuelta, ni siquiera contra Keiko. Pero Belmont es otra cosa, y Perú.21 empezó a atacarlo en la portada. El Hermanón subió más; porque no hay incentivo mayor para que el monstruo apoye a un candidato que el hecho de que la prensa limeña empiece a demolerlo.

Belmont siguió subiendo. El analista Gonzalo Banda creyó ver en él, finalmente, al poseedor de esa curva hacia arriba, esa curva tan empinada que solo consigue un candidato cada elección (en el 2021 fue Castillo). ¿Será? No sabemos. Nunca sabemos.

A pocos días, a pocas horas, nada está dicho y esa es nuestra condena. Este ritual de la sorpresa final, pulverizante como una emboscada, es la venganza de los electores, el único momento —breve— de democracia real. A estas alturas, el electorado sabe que los gobernantes no cambiarán las cosas, no harán tu vida más segura, más accesible o digna, ni te darán buena educación o vivienda decente, ni salud de calidad para tus hijos. No te darán nada y se llevarán todo. Pero una vez cada cinco años puedes hacer que los señores y las señoras que controlan la cosa se conviertan en un atado de nervios, que el corazón les palpite más fuerte, que les duela el pecho, que tengan pesadillas y se desesperen y hasta se desmayen. Ese poder inmenso es la mínima victoria; la fiesta que tiene de carnaval y de Halloween con guadaña en la cara.

Paradójicamente, esta activa participación en los comicios no significa que avalen el sistema; es solo la aceptación de juego para entretenerse. Porque la cosa es clara: la gente irá a votar para elegir dos cámaras en el Parlamento contra la voluntad expresa en las urnas; irá a sufragar con un universo de candidatos disminuido por prohibiciones y exclusiones. Irán a elegir a congresistas que tendrán más beneficios y poderes que nunca, sin que el elector haya dicho ni pío. No piensen que no lo saben. Lo saben bien. Y créanme que cambiarían la pantomima de esta temporada del circo electoral, que disfrutan tanto y los hace matarse de risa, por un cambio verdadero y profundo, si este llegara; así que no nos sorprendamos cuando, del sur o del norte, venga el estallido que no respetará el resultado de este deshojar margaritas sin sentido, que tratará esos numeritos de la ONPE como lo que probablemente son: un chiste.

Juan Manuel Robles

(Por Juan Manuel Robles. Hildebrandt en sus trece # 777)

CUANDO EL PROCESO ELECTORAL SE ROMPE, NO SE REPARA… SE INVALIDA

Hoy no estamos frente a un simple problema logístico.

Estamos frente a una situación que compromete la esencia misma del proceso electoral.

No se trata de retrasos; errores de distribución; tampoco de señalar a un proveedor o a un funcionario.

Se trata de algo mucho más grave:

“la alteración de las condiciones en las que el ciudadano ejerce su derecho al voto”

Como ex Secretaria General de la ONPE, conozco perfectamente que un proceso electoral no admite improvisación. No es un procedimiento administrativo más. Es el acto mediante el cual se expresa la voluntad soberana del pueblo.

Y ese acto debe ser íntegro, igual y libre para todos.

¿Qué ha ocurrido?

Mesas que no se instalan. Material electoral que no llega o llega tarde. Electores que no pueden votar en el momento debido. Otros que de tanto esperar se van.

Y, simultáneamente, difusión de encuestas, “flash electorales” y tendencias.

ELECCIONES QUEBRADAS

Esto genera una fractura evidente:

 1. Unos ciudadanos votaron sin conocer resultados.

 2. Otros, obligados por las fallas del sistema, votarán sabiendo quiénes “van ganando”.

Esto no es un detalle menor, es una distorsión directa de la voluntad popular. El voto deja de ser libre cuando ya está condicionado. El elector que acude después de conocer tendencias no decide en igualdad de condiciones.

Decide influído.

Aquí el problema no es a quién favorece o perjudica. El problema es que ya no todos los votos nacen libres y cuando eso ocurre, el proceso deja de ser auténtico. No se puede “arreglar” lo que ya se quebró. Se habla de soluciones creativas como: extender horarios, reponer material, habilitar, pero hay algo que no se puede reparar:

“La formación libre de la voluntad del elector”

Una vez que el ciudadano vota con información que otros no tuvieron, el daño ya está hecho. No hay forma de retroceder eso.

NO ES RESPONSABILIDAD DE UNO

Esto no es responsabilidad de uno solo. El sistema electoral es un sistema integrado. La ONPE tiene la responsabilidad operativa. El Jurado Nacional de Elecciones tiene el deber de fiscalizar y garantizar la legalidad del proceso; pero aquí no basta con que cada uno cumpla “su parte”.

El Estado tiene la obligación de asegurar que el proceso en su conjunto sea transparente, oportuno y libre de vicios; y eso hoy no está ocurriendo.

NO SE TRATA DE RESULTADOS

Este no es un tema de resultados. Es un tema de legitimidad. No importa quién gane. No importa a quién favorezca esta situación. Lo que importa es que:

“El proceso ya no garantiza que el resultado refleje fielmente la voluntad popular” y cuando eso sucede, lo que se pierde no es una elección; sino la confianza en el sistema democrático.

Un proceso electoral es como un cristal:

Debe ser limpio, íntegro, transparente. Si se quiebra, no se repara. Se reemplaza.

Lo que hoy estamos viendo no puede normalizarse; porque si se normaliza, mañana cualquier proceso podrá justificarse bajo las mismas fallas y en democracia, eso no es un riesgo menor.

¿Mañana todos podrán ir a votar? Tampoco será posible, claro que no. Lo que es para hoy no era para mañana. Bueno miembros del Sistema Electoral y si se tienen que ir, tendrían que ser todos.

Este entonces, es el inevitable inicio de su deterioro… después de esto, sino se invalida, el resultado es que a partir de hoy VALE TODO.

Ah! En la segunda vuelta: “Prohibido picarse”

Por: Frieda Roxana del Águila Tuesta

 

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