La gestión pesquera

Se espera que, antes de entrar en propuestas promocionales de la pesquería se realice un estudio que permita determinar cuáles serían las especies objetivo, cuál el volumen de su biomasa, cuáles serían los períodos de vedas reproductivas, cuál sería el efecto ecosistémico de su explotación, para llegar a determinar una tasa anual de captura por especie. De esta información se deriva la capacidad de bodega que debería tener una flota con intención de incursionar en la actividad extractiva, la cuota anual de extracción, las cuotas individuales a asignar y los períodos de pesca. Solo entonces podríamos pretender introducir mayor esfuerzo pesquero sobre el ecosistema marino de Humboldt.

15 de agosto de 2026

EL NIÑO Y EL REORDENAMIENTO TEMPORAL DE LA PESCA PERUANA

 

LA POTA Y EL BONITO ¿SON RECURSOS DE OPORTUNIDAD, PLENAMENTE EXPLOTADOS Y ALTAMENTE MIGRATORIOS?

¿SON RECURSOS PLENAMENTE EXPLOTADOS?

¿Es correcto afirmar de forma categórica que la pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) estén plenamente explotados en todo momento?

La Pota es un recurso altamente fluctuante.  Hay años de alta abundancia donde el esfuerzo pesquero crece rápidamente, lo que genera riesgo de sobrepesca puntual.

En otros años, el stock se aleja o reduce, y la pesquería cae sin necesidad de restricciones fuertes.

En la práctica no está crónicamente sobreexplotada, pero sí puede ser intensamente explotada en picos de disponibilidad.

El Bonito recibe una presión moderada, pero con vacíos de información. Tiene una explotación más estable y costera, principalmente artesanal. No suele figurar como un stock colapsado, pero hay menos evaluación científica sistemática y existe riesgo de subregistro y pesca no monitoreada

En la práctica no hay evidencia sólida de sobreexplotación generalizada, pero tampoco certeza suficiente para afirmar que está plenamente explotado.

Ambas especies están condicionadas por fenómenos como El Niño: Cambian su distribución, entran y salen del dominio peruano y alteran la disponibilidad para la flota. Esto rompe la lógica clásica de “stock plenamente explotado”.

En conclusión, no son recursos típicos plenamente explotados como la anchoveta bajo cuotas. Son recursos dinámicos, con episodios de alta presión. Requieren evaluación continua, no diagnósticos estáticos.

LA “PLENA EXPLOTACIÓN”: CUANDO EL ESTADO SIMPLIFICA LAS COSAS

En el discurso oficial, todo tiende a ordenarse en categorías cómodas: subexplotado, plenamente explotado, sobreexplotado. Etiquetas útiles para informes, pero peligrosamente simplistas cuando se aplican sin matices. La pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) son el mejor ejemplo de cómo esa lógica falla.

Decir que estos recursos están “plenamente explotados” suena técnico, pero en realidad es una ficción administrativa. La pota no responde a equilibrios estables: aparece en grandes volúmenes algunos años y prácticamente desaparece en otros. En los picos, la presión pesquera se dispara, no porque haya una estrategia, sino porque nadie quiere perder la oportunidad. En los años malos, el problema no es la sobrepesca, sino la ausencia del recurso. ¿Dónde encaja eso en la etiqueta de “plena explotación”? En ninguna parte.

El bonito, por su lado, es tratado como un recurso menor, casi invisible para la política pública. No porque no sea importante, sino porque no incomoda. La falta de información robusta y monitoreo real permite sostener una cómoda ambigüedad: no está colapsado, pero tampoco sabemos si está bien gestionado. En otras palabras, no se gestiona, sino que se deja estar.

El problema no es técnico, es político. Clasificar a estos recursos como “plenamente explotados” le permite al Estado simular control sin asumir responsabilidad. Es una manera de cerrar el debate, de evitar preguntas incómodas: ¿se está pescando demasiado en los picos? ¿se está perdiendo recurso en alta mar frente a flotas extranjeras? ¿existe realmente una estrategia adaptativa?

Además, esta simplificación ignora lo más evidente: estamos hablando de especies altamente dinámicas, condicionadas por el clima y fenómenos como El Niño. Su disponibilidad cambia en semanas, no en años. Pretender encasillarlas en categorías estáticas no es solo un error conceptual; es una renuncia a gestionar con inteligencia.

La verdad es que la pota y el bonito no están “plenamente explotados”. Están mal entendidos. Y en política pesquera, lo que no se entiende, no se gobierna.

¿QUÉ SIGNIFICA “RECURSO DE OPORTUNIDAD”?

No significa que exista un recurso nuevo. Se trata de una especie cuya disponibilidad o accesibilidad para la flota aumenta temporalmente como consecuencia de determinadas condiciones ambientales, oceanográficas o biológicas.

En 2015, IMARPE informó que las condiciones cálidas habían producido cambios en la dinámica del mar peruano y un acercamiento de especies oceánicas hacia la costa. Identificó, entre otras, al bonito, agujilla, jurel fino y vinciguerria como especies susceptibles de aprovechamiento temporal.

Se refiere a especies cuya disponibilidad es variable en el tiempo y el espacio, dependiendo de condiciones oceanográficas (temperatura, corrientes, productividad). Apariciones irregulares que pueden ser abundantes algunos años y escasas en otros. Pesquerías oportunistas, la flota entra o sale de la pesquería según la disponibilidad. Alta sensibilidad ambiental, eventos como El Niño pueden desplazar o reducir los stocks accesibles.

La Pota es un clásico recurso de oportunidad; su abundancia frente a Perú fluctúa fuertemente.

El Bonito también muestra variabilidad estacional e interanual, aunque con patrones más costeros.

¿QUÉ IMPLICA SER “ALTAMENTE MIGRATORIO”?

Son especies que realizan desplazamientos extensos, a menudo cruzando jurisdicciones (aguas peruanas y alta mar). Se caracterizan por:

Movilidad regional: siguen masas de agua y disponibilidad de alimento.

Gestión compleja: requieren coordinación internacional o, al menos, monitoreo constante.

Dificultad para cuotas rígidas: su presencia no es estable dentro de un solo país.

La Pota es un recurso migratoria en el Pacífico suroriental; se desplaza entre Perú, Chile y alta mar.

El  Bonito muestra migraciones costeras amplias a lo largo del Pacífico sudeste, aunque menos oceánicas que la pota.

EL REGIMEN ESPECIAL 2026

En este contexto, se ha autorizado un Régimen Especial Temporal para el aprovechamiento de recursos de oportunidad frente al Fenómeno El Niño Costero con la RESOLUCIÓN MINISTERIAL  Nº 00266-2026-PRODUCE del 13 de agosto de 2026, para el  aprovechamiento de recursos de oportunidad frente al Fenómeno El Niño Costero, a partir del día 15 de agosto 2026l y hasta el 30 de abril de 2027, pudiendo modificarse dicho periodo sobre la base de la evidencia científica remitida por el Instituto del Mar del Perú.

El régimen está dirigido a actividades extractivas realizadas con embarcaciones pesqueras de hasta 32.6 metros cúbicos de capacidad de bodega y con permiso de pesca vigente. Estas deberán orientarse a la captura de los recursos incluidos en el listado aprobado como anexo de la resolución. Cuando se trate de recursos plenamente explotados, las embarcaciones deberán contar, además, con autorización de acceso a dichas pesquerías.

Como medida excepcional, los pescadores podrán utilizar artes, aparejos y tamaños de malla distintos de los establecidos en la normativa vigente, siempre que no se trate de métodos expresamente prohibidos. Esta excepción no comprende la red anchovetera de 13 milímetros o media pulgada.

La norma prohíbe el transbordo de recursos hidrobiológicos entre embarcaciones y establece medidas de seguimiento, control y vigilancia. Produce podrá modificar las medidas de conservación, incluidas tallas mínimas, protección del desove y regulación del esfuerzo pesquero, según la evidencia científica

El punto es si esta norma es realmente útil o necesaria en la medida que los recursos a los que se refiere no tienen un reglamento de ordenamiento pesquero que limite u ordene su extracción. Solo existe normatividad sobre las tallas mínimas y artes de pesca, las cuales se origina con la RM Nº 209-2001-PE y posteriores modificaciones, que aprueba la relación de tallas mínimas de captura y tolerancia máxima de ejemplares juveniles de los principales peces marinos e invertebrados, así como la longitud mínima de malla para las operaciones de extracción de recursos hidrobiológicos en todo el litoral.

“¿Cómo debe funcionar el ordenamiento pesquero cuando las condiciones oceanográficas son cada vez más variables?”

En ese escenario, los recursos de oportunidad pueden convertirse en una herramienta de adaptación.

Pero para que funcionen correctamente deberían existir: protocolos científicos previamente definidos; indicadores biológicos de activación; límites de captura; duración máxima; criterios de suspensión automática; trazabilidad de desembarques; monitoreo de tallas; control de capturas incidentales; identificación de beneficiarios; reglas claras de acceso; evaluación económica posterior.

La pregunta es: ¿Solamente los recursos considerados en el anexo de la RM 266 son de oportunidad? ¿No hay otros?

La pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) en el Perú suelen clasificarse como recursos de oportunidad y, en distinto grado, altamente migratorios. Pero no han sido considerados en la Resolución que implementa un régimen especial.

Tampoco se ha considerado a los langostinos.

El Régimen Especial Temporal autorizado es de aplicación a las actividades extractivas realizadas con embarcaciones pesqueras de hasta 32.6 m3 de capacidad de bodega con permiso de pesca vigente, y que se dirijan a la captura de los recursos listados en el Anexo de la Resolución Ministerial, los cuales son:

 


La Pota es clave para pesca artesanal e industrial orientada a exportación (congelados).

El Bonito es importante para consumo interno y pesca artesanal.

En conjunto, la pota y el bonito exigen una política pesquera adaptativa, basada en ciencia y monitoreo continuo, no en reglas estáticas.

¿Y QUÉ PASA CON LOS LANGOSTINOS?

No están considerados en esta resolución. Sin embargo, el langostino puede encajar materialmente en la categoría de recurso de oportunidad asociado a El Niño, pero no existe una norma general que declare al langostino, por sí mismo y para todo tiempo, como “recurso de oportunidad”. Su calificación jurídica depende de que PRODUCE establezca un régimen específico, sustentado en información científica de IMARPE.

Los estudios sobre los efectos de El Niño muestran que los eventos cálidos pueden producir efectos positivos importantes sobre los langostinos y otros crustáceos, debido a la modificación de las condiciones oceanográficas. El Observatorio de Conocimiento Científico sobre Cambio Climático del Perú, del IGP, recoge que los eventos El Niño extremos pueden producir efectos positivos fuertes sobre langostinos, langostas, conchas de abanico y pulpos.

Además, existe evidencia histórica peruana particularmente relevante.

Durante El Niño 1997-98 se documentó la aparición de nuevas especies y una mayor presencia de langostinos en las aguas peruanas. Los estudios de ese evento describieron que el fenómeno generó condiciones que permitieron una mayor disponibilidad de recursos que normalmente tenían menor presencia en determinadas zonas.

Incluso en 2015, en Lambayeque, las autoridades pesqueras utilizaron expresamente la denominación “recursos de oportunidad” dentro de las acciones preparatorias frente a El Niño, incluyendo entre los recursos y artes considerados al langostino y la langosta.

PESCAR A CIEGAS: EL ESTADO FRENTE A RECURSOS QUE NO ESPERAN

La pota (Dosidicus gigas) y el bonito (Sarda chiliensis) no son la anchoveta. No responden a calendarios cómodos ni a cuotas rígidas diseñadas en escritorios de Lima. Son recursos de oportunidad, volátiles, caprichosos, y además —en el caso de la pota con claridad— altamente migratorios.

Cuando aparece la pota en abundancia, la reacción oficial suele ser tardía o torpe. Hay, normas, vedas, y permisos que se dan dentro del dominio marítimo; pero no fuera de él, donde la flota china pesca sin restricciones. El tema es que esta especie se mueve. Siguen la temperatura, las corrientes, la comida. Cambian de zona, cruzan fronteras, desaparecen de un puerto y reaparecen en otro. ¿Y el Estado? Impone normas aplicables solamente a la porción de mar que puede controlar. La verdad es que lo que se pesca fuera del alcance de su autoridad impacta sobre la porción del stock que se encuentra dentro de su jurisdicción. Por tanto ¿qué sentido tiene vedar solo una porción del stock?

El bonito, aunque más costero, tampoco calza en la lógica burocrática. Su disponibilidad fluctúa y golpea directamente al pescador artesanal, el primero en sentir la ausencia y el último en ser escuchado. Mientras tanto, la política pesquera sigue atrapada en un esquema diseñado para recursos estables, ignorando que la variabilidad no es la excepción: es la regla.

El resultado es predecible. Sobrepesca en picos de abundancia, porque nadie quiere “perder la oportunidad”  y desprotección en años malos. Una montaña rusa sin cinturón de seguridad. Y en el caso de especies migratorias, el problema se agrava: lo que Perú no captura, lo captura otro en alta mar. Sin coordinación internacional efectiva, sin estrategia regional, el país juega siempre a la defensiva.

Lo que se necesita no es más normativa, sino mejor gobernanza: monitoreo continuo, reglas adaptativas, capacidad de reacción. Un Estado que entienda que estos recursos no se administran, se siguen. Y que, si no se actúa con inteligencia, la “oportunidad” se convierte en pérdida.

Porque al final, la pota y el bonito no esperan. Los langostinos tampoco lo harán.

 

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