La gestión pesquera

Se espera que, antes de entrar en propuestas promocionales de la pesquería se realice un estudio que permita determinar cuáles serían las especies objetivo, cuál el volumen de su biomasa, cuáles serían los períodos de vedas reproductivas, cuál sería el efecto ecosistémico de su explotación, para llegar a determinar una tasa anual de captura por especie. De esta información se deriva la capacidad de bodega que debería tener una flota con intención de incursionar en la actividad extractiva, la cuota anual de extracción, las cuotas individuales a asignar y los períodos de pesca. Solo entonces podríamos pretender introducir mayor esfuerzo pesquero sobre el ecosistema marino de Humboldt.

14 de agosto de 2008

PERU: EL MODELO DE GESTION PESQUERA III

III
EL SISTEMA


No existe en el plano de las pesquerías, un Sistema de Gestión óptimo, es decir que maximice los objetivos perseguidos con la regulación a un costo mínimo para todos los casos. A cada pesquería le corresponde un Sistema de Gestión particular.

Cuando se dispone de técnicas desarrolladas de captura, si no existe regulación, la industria tenderá a agotar el recurso. No hay mecanismos económicos para detener el proceso. Solo la decisión política (extraeconómica) puede evitarlo.

Si queremos evitar el agotamiento del recurso anchoveta, o de cualquier otro, con los efectos colaterales que puede tener sobre otras especies, hay que buscar las causas y no los efectos del problema.
Una causa económica es que a la fecha algunos de los recursos pesqueros se entregan a los industriales a una tasa de derechos de pesca sumamente baja, y otros totalmente gratis. Algunos recursos como la anchoveta y la merluza generan un pago al Estado por su extracción, llamado derecho de pesca; pero el volumen de las exportaciones de harina de pescado no guarda equidad con el pago que hacen por derecho de pesca de extracción de anchoveta.

Si los costos de producción son artificialmente rebajados, por ejemplo, gracias a derechos de pesca bajos o gratuitos, entonces se permite la existencia de grupos económicos que tienen acceso gratuito o muy barato a los recursos pesqueros.
Por tanto, permanecerán en operación volúmenes de inversión por encima y más allá de un criterio de eficiencia. En cambio, si se impusiera un royalty o una tasa más alta a los derechos de pesca por el uso de recursos pesqueros, subirían los costos de producción, y debieran hacerlo en forma proporcional al ingreso por ventas, al impacto sobre el ecosistema y a la necesidad de mantener una biomasa estable entendida dentro de un concepto ecosistémico.
Probablemente un efecto colateral sería la reducción de la flota y de la capacidad productiva, o su transformación hacia productos de mayor valor agregado, lo cual, además, es un imperativo.
Al reducirse las inversiones artificialmente rentables, se reduce la sobre explotación y los niveles de extracción del recurso, ajustándose hacia niveles de producción capaces de pagar los costos reales, entre los cuales está el valor económico de la depreciación del capital.

La industria extractiva debe pagar al Estado un justo precio para obtener el derecho a pescar.

La dificultad está en establecer con precisión el precio de ese derecho de pesca de forma que ni sea tan grande que acabe con la explotación ni tan pequeño que no haga partícipe del negocio al país. El Estado debe participar en forma justa y equitativa no solamente en la rentabilidad del negocio, sino que, fundamentalmente, debe ser resarcido por los impactos que la pesquería causa sobre el ecosistema y el medio ambiente, los cuales son independientes de la rentabilidad del negocio.

Esto tiene que ser entendido en su verdadero contexto. El impuesto a la renta de tercera categoría es una participación en las utilidades empresariales. Pero ocurre que una empresa puede tener grandes, medianas o pequeñas utilidades; o aún pérdidas. Sin embargo para llegar a cualquiera de esos niveles de utilidad o pérdidas, se ha efectuado una extracción de recursos pesqueros con los efectos inevitables que ello produce sobre el ecosistema y el medio ambiente; más aún luego de su procesamiento. Por ese solo acto el Estado merece una compensación adecuada.

En lugar de causar perdidas a la sociedad ( contaminación, destrucción de ecosistemas, costosos programas de ajuste, financiación a un sector en declive, perdida de recursos, etc.) debe generar ingresos para la administración, que cede la explotación de un recurso público a un sector de la sociedad, a cambio de un pago que permite la estabilidad de la explotación.
Incentivar el crecimiento de la pesquería es fácil, pero aplicar el mecanismo inverso, aunque sea necesario, es mucho más complejo.
En parte el problema ahora es político, pero también técnico, jurídico y económico.

Una idea inexacta es que los armadores, tanto artesanales como industriales, actúan responsablemente porque su negocio depende de la existencia permanente del recurso natural, en consecuencia, actuarán responsablemente y no ejercerán presiones excesivas sobre los recursos.
Pero esta lógica sólo se puede adjudicar a los pescadores artesanales, cuya existencia, así como la subsistencia de su negocio como tal, dependen efectivamente de la productividad del ecosistema marino. Entonces, es posible esperar comportamientos racionales en este tipo de armadores, aunque no de todos obviamente ya que siempre habrá excepciones. El concepto es válido y aplicable a todas las pesquerías marítimas y continentales.

El sector empresarial no tiene que responder por el interés del país. No es su rol. Él actúa de acuerdo a sus intereses comerciales, no de acuerdo a los intereses del país. Lo cual es legítimo además.
Los armadores industriales operan con otra lógica completamente distinta. El armador industrial, fundamentalmente asociado a un grupo económico-financiero, no está necesariamente interesado en la sustentabilidad a largo plazo del negocio, puesto que al grupo lo que le interesa es una conversión acelerada de los recursos naturales en capital financiero. La idea es trasformar en el más corto plazo posible, la mayor cantidad de biomasa pesquera en capital fresco. La lógica de estos grupos es la acumulación y no la producción a largo plazo. Si mañana ya no resulta rentable la explotación pesquera, entonces emigran a otro sector.

Cumplir con criterios de sustentabilidad implicaría renunciar a la conversión de naturaleza en dinero, es decir, sería como dejar dinero en los fondos marinos para que en otras generaciones, otras personas lo vengan a recoger. Esto no es coherente desde la perspectiva del grupo económico-financiero que opera con la lógica de la acumulación. Desde esta perspectiva, convertir todo en dinero y acumularlo a nombre del grupo financiero, es lo más consistente y coherente. La lógica de la sustentabilidad va en sentido contrario.

En conclusión: la lógica del industrial es correcta y lícita. Sin embargo no es la lógica conveniente al país.
Por tanto, el Estado interviene como regulador y representante de los legítimos propietarios de los recursos naturales materia de la controversia. Se legisla en beneficio del bien común, de las mayorías nacionales, pues esa es la función primordial del Estado.
La Autoridad de pesquería actúa como representante del conjunto de los ciudadanos del país y es el propietario de los recursos de dominio público. Por tanto, es la responsable del empleo adecuado de esos recursos.

El aumento de la demanda de los recursos pesqueros por la población mundial, ha impulsado un aumento de la industria pesquera que no ha incorporado como costo el uso de un recurso natural renovable: los recursos pesqueros.

Por el momento los sistemas de protección han ido por detrás de la realidad, que ha cambiado muy rápidamente. La demanda mundial de los recursos ha contribuido a dificultar la aplicación de una regulación coherente y efectiva. Frecuentemente, las regulaciones han servido solo para evitar una mayor degradación, pero no han restituido las explotaciones a niveles óptimos desde ningún punto de vista.

Una incorrecta gestión de los recursos, que perjudicase gravemente el equilibrio en que se producen los recursos pesqueros, tendrá graves consecuencias sobre el equilibrio social del país, por cuanto que la pesca es una parte significativa de la alimentación, en tanto que aporte de proteínas. Por tanto, existen razones políticas de primer orden, para situar en su punto justo el objetivo de preservar el medio marítimo, para que genere una producción estable. Este objetivo debe prevalecer, si entrase en contradicción con el objetivo de maximizar los ingresos económicos a corto plazo.
Por tanto en la gestión pesquera debe situarse como objetivo prioritario, desde el punto de vista social, la obtención de una producción estable, con el mínimo impacto sobre el medio marino. Ello implica crear las condiciones para pescar con menos intensidad.

En las pesquerías nos enfrentaremos siempre al problema de la sobreexplotación del recurso natural, por lo que surge la necesidad de aplicar restricciones o incentivos que lleven a los agentes económicos a actuar como si el recurso le perteneciera a un dueño. La disipación de las rentas se produce porque el empresario al observar que en la actividad pesquera se están produciendo beneficios económicos positivos, ingresa a ella tomando en cuenta sólo su estructura de costos medios y pensando en el ingreso medio que obtendrá de la participación de la actividad pesquera. Sin embargo, no toma en cuenta los efectos externos que causa a los participantes existentes, es decir, al ingresar él no considera que se reduce la biomasa disponible por lo que para alcanzar los mismos niveles de ingreso se requiere ejercer un mayor esfuerzo pesquero o alternativamente desplazarse a mayores distancias para alcanzar un mismo nivel de captura. Al final, se ejerce una cantidad de esfuerzo tal que los beneficios económicos que existían se hacen cero.
Estos efectos corresponden a la externalidad productiva negativa, es decir, cada pescador no ha considerado en su decisión los efectos marginales que produce al resto de los participantes de la actividad, lo que se traducen en una diferencia entre el ingreso marginal social y el privado.

Para la industria pesquera, el capital crítico no es el dinero, sino más bien, la disponibilidad del recurso natural y de allí que, el acceso a la cuota de pesca es de importancia estratégica. La abundancia de dinero concentrada, en muy pocas manos, no es el tema de fondo, sino lo que la naturaleza aporta como capital crítico, es decir el recurso.
Este acceso estratégico es el que debe ser medido en función de lo que el sistema admite como esfuerzo máximo de captura.
Las empresas pesqueras si tienen acceso a la cuota anual se rentabilizan, crecen y se desarrollan. Si no tienen esa cuota se hunden. Los barcos y las instalaciones en tierra no son lo importante, incluso tendrían un valor cercano al cero absoluto de no ser por la existencia de la cuota anual de pesca. La asignación de cuotas individuales asignan mayor valor al negocio y debe permitir mayor eficiencia, por consiguiente mayor rentabilidad. Se supone que mayor recaudación tributaria; sin embargo el pago por derechos de pesca sigue siendo demasiado bajo.

PERU: EL MODELO DE GESTION PESQUERA II

II
EL ENFOQUE ECOSISTÉMICO Y LA SUSTENTABILIDAD DE LA PESQUERIA


Las empresas no consideran como un costo el daño ambiental que producen, pues no existen normativas que las obliguen a pagar por su reparación. Así, el límite de su explotación tiene un criterio estrictamente económico.
Cuando una compañía perjudica a la colectividad, surgen varias interrogantes: ¿De quién es la responsabilidad jurídica? ¿Quién se hace cargo de la reparación de los daños? ¿Quién tiene que pagar a las víctimas cuando el mal es irreversible? Ahora, ¿el pasivo ambiental es una responsabilidad pública o privada? En cuanto a la valoración, ¿cómo determinar el impacto de una actividad contaminante en un contexto complejo y de fuerte incertidumbre?
Resulta imprescindible hacerse estas preguntas cuando se trata del efecto de la extracción de anchoveta sobre el ecosistema marino pues, para empezar, se desconocen las condiciones de "buena salud" previas a la actividad pesquera.

En general, los ecosistemas son estructuras complejas donde las interacciones crecen exponencialmente a medida que aumenta el número de especies. Por lo tanto, el número de respuestas y el efecto de la pesca puede ser alto y también muy diferente. Aún no conocemos bien los impactos a corto plazo y es más difícil aún preverlo en un periodo de tiempo mayor.

La pesca remueve un porcentaje de una o varias especies, por lo cual ésta afecta con distinta intensidad las relaciones presa-predador. Así, predadores grandes con ciclos de vida larga y presas pequeñas con ciclos de vida corta constituyen las principales fuentes de captura de peces. Ahora, la mayoría de especies de captura comercial se ubican en los niveles tróficos altos o cercanos a ellos, y medios. La eliminación sustancial de las presas conduce a un desequilibrio trófico que se refleja en una menor abundancia y variabilidad del predador.

En general, la pesca reduce los niveles tróficos, altera las relaciones presa-predador y puede inicialmente incrementar las capturas para luego reducir el rendimiento pesquero. Además, esta actividad puede cambiar las velocidades de crecimiento y la mortalidad tanto de las especies objetivo como de las asociadas o dependientes.
Cuando la pesca se mantiene por encima del umbral de resiliencia y los límites se han excedido por un efecto combinado de la destrucción del hábitat y por la pesca, es muy dudosa la recuperación del ecosistema. Cuando se sustraen especies, la productividad total puede no cambiar drásticamente pero sí su resiliencia y estabilidad. Así, puede alterar la diversidad pero sus efectos a largo plazo no están claramente conocidos. Sin embargo, se sabe que dichos ecosistemas pierden atractivo para otros usos, como por ejemplo el turismo.

Por otro lado, existen especies en las capturas sobre las cuales no hay dato alguno. Los informes de los descartes pesqueros y las capturas incidentales son muy raros, así como las referencias sobre pesca ilegal. Bajo estas circunstancias la captura incidental (by-catch) puede llegar a ser significativa.

Siendo la anchoveta un eslabón importante de la cadena trófica, pues constituye alimento de otras especies, su disminución lleva a reducir la diversidad de especies de la cadena superior. Entonces, la extracción principal basada en la pesquería de una sola especie amenaza la conservación de la biodiversidad y de la sostenibilidad, tanto en su dimensión biológica como socioeconómica.

Ahora, existen dos significados de "sostenibilidad". El verdadero significado se refiere a la sostenibilidad de las personas y la naturaleza. Comprende reconocer que la primera es el soporte de nuestras vidas y sostenerla implica mantener la integridad de sus procesos, ciclos y ritmos. El segundo tipo de "sostenibilidad" se refiere al mercado e implica mantener suministros de materias primas para la producción industrial y el consumo local y global. Dentro de este significado, los mercados crecen mientras los recursos pesqueros se empobrecen.
Ahora, como el crecimiento de las exportaciones pesqueras está basado en intensificar la extracción a expensas del ecosistema, de lo que aquí se trata es de hacer disponibles rendimientos sostenibles de recursos para la alimentación nacional y mundial. ¿Cuál es el reto?
Exportar el mismo valor FOB y/o incrementarlo, pero con menores volúmenes de recursos pesqueros. Esto nos lleva a producir mayor valor agregado para el consumo humano directo.

El elogio constante a la producción y exportación de harina de pescado solamente alcanza a la comprensión de un pequeño sector nacional, que además no percibe íntegramente el escenario. A éste se le deben agregar las cifras exportadas, las de los impuestos recaudados, los derechos de extracción cobrados y el empleo de dichos fondos.
En el aspecto económico se debiera incorporar al análisis el concepto de la perdida del valor de las biomasas en trance decadente por factores antropogénicos y su impacto sobre el poblador costero.

¿UN MAR DE INJUSTICIAS?

Pensar qué significan para los pobladores las cifras de ingresos provenientes de la pesca hace que nos preguntemos si acaso no sería más correcto hablar de cuántos impuestos ha generado esta actividad y cómo los ha beneficiado. Y es que esta visión nos daría una idea de la verdadera posición de la pesquería peruana en su relación con el país y con aquellos que, como legítimos propietarios de estos recursos naturales, tienen el derecho de saber en qué han sido beneficiados.

¿Qué puede pensar el poblador marginado que no tiene qué comer pero escucha que somos un gran país pesquero? ¿Qué le importan esas cifras si, además de no representar un beneficio directo para él, tampoco representa alimento para sus familias? Al hacernos estas preguntas no debe olvidarse que la industria harinera hizo que el pescador artesanal no solo perdiera territorio de pesca por la constante incursión de embarcaciones industriales en las 5 millas, sino también porque las especies que antes capturaba han desaparecido o lo harán porque la anchoveta, su principal alimento, ya no existe en cantidades suficientes para sobrevivir. Así, el poblador costero observa que está pagando el crecimiento de las exportaciones pesqueras y del PBI con una calidad de vida injusta, impuesta por la contaminación de las principales bahías. Y el poblador andino no consume pescado y está desnutrido. Mientras tanto, el sector crece en medio de aplausos.

Los medios de comunicación, por su parte, mantienen un esquema informativo incomprensible para el poblador común y corriente, exponiendo de forma tangencial la supuesta bonanza macroeconómica sin realizar un análisis.

EL PAPEL DEL ESTADO EN LA PESCA

El Perú debe de ser capaz de desarrollar su propia estrategia para administrar su ecosistema marino sin perder el equilibrio. Las recetas y experiencias de otras latitudes asisten, más no necesariamente se aplican a nuestra realidad rica en volúmenes y variedades.
El Imarpe debe determinar sobre la base de estudio y seguimiento las cuotas máximas de extracción de los diversos recursos en consideración al equilibrio de cada subsistema ecológico al que pertenecen éstos, reservando suficiente presa para las especies predadoras a sostenerse en dicho espacio. Es responsabilidad de esta institución mantener y supervisar el equilibrio ecosistémico.
El Estado, mediante la autoridad de Pesquería, debe regular y controlar la extracción de recursos hidrobiológicos naturales de acuerdo a las cuotas máximas de extracción dispuestas por el Imarpe y hacer el seguimiento administrativo de la flota. La implementación de cuotas individuales transferibles de pesca es un segundo elemento que debe introducirse en todas las pesquerías. También debe promover la acuicultura como mecanismo para incrementar la oferta de alimento, dando preferencia a la acuicultura de especies herbívoras y filtradoras cuya alimentación no requiera necesariamente del empleo de harina de pescado a fin de no incrementar la presión sobre la anchoveta. Además, el Estado debería tener las siguientes obligaciones:

- Suspender toda ayuda y subsidio para la realización del esfuerzo pesquero extractivo salvo casos excepcionales en que biomasas predadoras en expansión afecten el equilibrio ecosistémico.
- Calificar ciertas infracciones pesqueras como delito y penalizar a los infractores materiales e intelectuales. Debe facultar el decomiso de naves y aparejos y su destrucción.
- Informar a la opinión pública que no es posible pescar más de lo que el ecosistema permite. Así obtendrá respaldo a las medidas de ordenamiento que debe introducir. Dichas medidas no admiten componentes políticos, pues son estrictamente técnicas.
- Implementar mecanismos con metas y plazos para reducir el esfuerzo pesquero sobre la anchoveta y demás recursos en riesgo de sostenibilidad.
- Modificar el régimen de acceso a los recursos hidrobiológicos.
- Realizar una intensa campaña de divulgación del estado de la pesquería.
- Brindar asistencia técnica a los pobladores costeros para reorientarse a actividades no extractivas. De tal manera se podrá impulsar su reconversión laboral o profesional o, en todo caso, dirigir sus actividades fuera del sector.
- Generar ajustes en las normas de ordenamiento pesquero para a alcanzar niveles de extracción que garanticen el equilibrio en el ecosistema e incorporando el concepto de manejo por subsistemas ecológicos de las especies interdependientes.
- Promover el mejoramiento de la infraestructura de desembarque de la pesca destinada al consumo humano.
- Promocionar el consumo humano de anchoveta para reducir los índices de desnutrición.

PERU: EL MODELO DE GESTION PESQUERA I

I
LA GESTION


LA ESENCIA DE LA CRISIS

La sobrepesca no constituye el único problema. La degradación del entorno marino, y la interferencia con el ecosistema a través de la consciente o inconsciente utilización de los océanos como receptor de desechos, además de la destrucción del hábitat originadas por malas prácticas de extracción, son factores de creciente incidencia en términos de deterioro de la producción marina.

La industria pesquera atribuye a los recursos marinos, no solo el carácter de renovable, sino además, la cualidad de inagotable. Han elegido aceptar el mito, en obstinada ignorancia de los hechos.
El problema podría ser más profundo. Los modernos sistemas de administración pesquera, no han dado la suficiente importancia a las pautas de comportamiento que caracterizan al pescador según su contexto económico, social y cultural.

Las generalizaciones del problema, que pretenden simplificar una situación extremadamente compleja, tienden a opacarlo. Un ejemplo es el concepto de que la reducción de la flota, o de su capacidad de bodega es una solución. Si bien esto es cierto en parte, el problema presentado de esta manera se ve reducido a una cuestión de números y, por ende, susceptible de solucionar mediante formas sencillas de regulación. El término evade el hecho de la capacidad de captura que la tecnología moderna le confiere o puede conferir a las embarcaciones de hoy. El número de embarcaciones e incluso las formulas que combinan eslora, envergadura y potencia del motor para medir la reducción o incremento del esfuerzo pesquero son bastante relativas.

Este punto también simplifica, relega y/o evade las complejidades ecosistémicas y las asociadas con la dinámica de poblaciones, factores determinantes del tamaño y comportamiento de los stocks.

Al no tener en cuenta los impactos medioambientales y ecosistémicos así como los aspectos institucionales, los sistemas de gestión han buscado soluciones que tratan los síntomas del problema y no sus causas.
Lo que se necesita es un nuevo diagnóstico.

Existen debilidades en el modelo bio-económico que sirve de base a la administración de pesquerías. Primero, la teoría no toma en cuenta la tendencia hacia la inestabilidad que caracteriza al entorno marino; también simplifica en extremo el comportamiento de las diferentes poblaciones de peces e ignora las complejas interacciones entre las distintas especies, a través de su obstinada insistencia en utilizar referencias tomadas basándose en una sola especie. Por último, desconoce el impacto provocado por la compleja dinámica que conjuga la escasez del recurso, el desarrollo tecnológico y el comportamiento humano.

La industria pesquera enfrenta una crisis de administración y no tanto de recursos.
La estructura del mercado y la vocación exportadora, han destronado al pescador artesanal, único proveedor del mercado nacional, de su tradicional presencia y participación.
Los aportes que representa la transmisión de conocimientos de generación en generación, han sido sustituidos por la investigación experimental, las encuestas por muestreo y la programación lineal de los resultados. En términos de política, este enfoque tecnocrático que tiene por finalidad lograr una mayor comprensión del recurso marino, ha reemplazado las estrategias flexibles originalmente empleadas en el contexto de las pesquerías locales, por rígidas normas que abarcan territorios mucho mas extensos.
La intervención de capitales industriales ha irrumpido en territorios tradicionales, transgredido regulaciones básicas y sustituido el concepto de sustentabilidad colectiva por el de explotación competitiva.

La supervivencia de los recursos pesqueros fue afectada por los procesos de penetración de capitales, las inversiones en tecnología y la creación de mercados globales.
La coexistencia armónica entre la pequeña empresa artesanal y la gran operación industrial perduraría solo mientras los recursos marinos mantuvieran cierto nivel de abundancia y los mercados para las respectivas capturas presentaran diferencias marcadas.

Para la mayoría de los pescadores artesanales, uno de los haberes más preciados es su capital intelectual, representado por un conocimiento detallado del caladero y el comportamiento de las poblaciones de peces. Es precisamente este conocimiento específico el que lo ayuda a sobrevivir en la competencia con las embarcaciones más grandes y poseedoras de una mayor tecnología.

Para el pescador artesanal, la diversificación, si bien es una alternativa, no constituye una opción viable. Su supervivencia dependerá de inversiones en tecnología más avanzada, con el objeto de lograr una ventaja a corto plazo en la competencia por el recurso.

El no hacerlo, por no contar con garantías para acceder a financiamiento, también limita sus alternativas en términos de estrategias de supervivencia e implica un aumento de su auto-explotación y márgenes injustos de utilidad; o, por supuesto, su salida del sector.

Una pesquería sostenible solamente será posible cuando el país alcance el adecuado nivel de madurez cívica que le permita entender y aceptar que se requiere colocar el interés nacional por encima de los intereses de parte.
El interés nacional requiere que se desechen los intereses económicos grupales y se privilegie la alimentación de la población nacional por encima de todo. Ello impone una adecuada preservación de los recursos pesqueros, del ecosistema y del medio ambiente, de tal forma que se garanticen alimentos baratos para toda la población del país en forma prioritaria.

La crisis mundial de alimentos y el índice de desnutrición de nuestro país, nos obligan a ser totalmente objetivos a fin de proteger los recursos hidrobiológicos que proporcionan alimentación. Estos recursos, además de representar una oportunidad importante para la alimentación, constituyen una reserva estratégica que en el mediano plazo pueden colocar al Perú en una posición ventajosa en términos de abastecedor mundial de alimentos.

Su adecuada gestión es un imperativo del cual no podemos evadirnos.

En el futuro inmediato se deberá actuar sobre tres líneas fundamentales:

1. La contaminación
Las plantas de procesamiento deberán reducir el vertido de contaminantes al mar a un 0%. Los Límites máximos permisibles actuales son demasiado generosos. De igual forma deberá actuarse sobre los contaminantes atmosféricos.
Las embarcaciones pesqueras de cualquier tonelaje deberán detener el vertido de contaminantes al mar, bien sea en bahía o mar adentro. Incluye residuos oleosos, combustible, basura y aguas sucias.
Los motores deberán ser reemplazados por aquellos con tecnología moderna que reduce la contaminación.

2. La gestión
Deberá imponerse el pago por derechos de extracción a todas las pesquerías que realizan esfuerzo pesquero comercial.
Deberá implementarse un reglamento de ordenamiento pesquero para todos los recursos pesqueros, determinarse cuotas anuales de captura y asignarse cuotas individuales impidiéndose el ingreso de nuevos actores al escenario de la extracción.
Deberá implementarse igualdad de condiciones para la exportación y para la venta al mercado interno de todos los productos hidrobiológicos destinados al consumo humano directo. La decisión de exportar o alimentar a la población nacional deberá ser de la empresa privada pero en igualdad de condiciones e incentivos. Hoy se incentiva y privilegia a la exportación en desmedro de una población local desnutrida.
El Estado debe colocar las ventas de hidrobiológicos a los mercados externo e interno en el mismo nivel. La promoción de estas exportaciones vía drawback y otros beneficios, devienen en una desleal competencia para con el mercado nacional que no tiene estímulos para invertir en el mismo.

3. La educación
Deberá ponerse especial énfasis en la educación e información para las poblaciones costeras y comunidades de pescadores a fin de que estas tomen conciencia de la realidad de la pesquería. De esta forma constituirán un defensa natural de su propio ecosistema y contra la desinformación proveniente de grupos o de medios que por desconocimiento o interés siempre pretenden anteponer intereses de parte sobre el interés colectivo.

CONCEPTOS Y DEFINICIONES RELEVANTES

Las evidencias hacen presumir que el manejo de la extracción pesquera no garantiza la sostenibilidad de un sinnúmero de recursos importantes para la sociedad y para el equilibrio del ecosistema. El impacto sobre los recursos marinos y costeros se hace cada vez más evidente, excediendo así la capacidad de carga de los mismos.
La riqueza infinita del mar peruano no es más que un mito. Este error de percepción promueve un irrefrenable incremento del esfuerzo pesquero y confunde además a la opinión pública haciendo más ardua la labor de regulación.
Los beneficios económicos del sector pesquero marítimo alcanzan a una fracción mínima de la población costera involucrada.
El mar peruano fue muy rico y abundante para la pesca, hoy ya no lo es. Podrá volver a ser abundante si administramos mejor la pesquería.
La capacidad actual para realizar esfuerzo pesquero de extracción del pescador peruano supera los límites de sustentabilidad.
La capacidad de dar empleo digno y sostenido en extracción está inexorablemente ligada al volumen de captura permisible a lo largo del año.

Los volúmenes de recursos pesqueros naturales no aumentan a la par que crece la población vinculada a la extracción. Los recursos pesqueros no aumentan en función a la demanda.
Un ecosistema en equilibrio natural es una realidad que primó desde los orígenes de la evolución de la vida en el planeta hasta el pasado reciente (no más de 80 años atrás) Las más diversas especies existían en abundancia y en equilibrio regidas bajo la regla presa-predador. Las especies se sirven unas de otras como alimento. La demanda del hombre costero por pescado estaba satisfecha y no irrogaba desequilibrio.
Un ecosistema en desequilibrio por actividad pesquera constituye la realidad actual. Está provocado por la mecanización y masificación de la captura de especies marinas y por la deficientemente regulación y la ausencia de difusión de la realidad pesquera. Ello conduce a desórdenes de orden económico y social, al empobrecimiento del mar y a la frustración de los actores de la pesquería.
Un ecosistema en equilibrio con actividad pesquera debe ser el objetivo principal de la Administración Pesquera, que autoriza la extracción racional de una porción de biomasa de cada nivel trófico, privilegiando la cautela de ciertas especies y el sacrificio de otras en beneficio del hombre.
Un subsistema ecológico es el hábitat marino definido geográficamente que alberga determinado número de especies que sostienen entre sí una relación presa-predador y que dependen unas de otras para subsistir. En dicho espacio las especies se alimenta, reproducen y se refugian para sobrevivir.

Antes de introducirse mayor esfuerzo pesquero al sistema, el Imarpe debe proporcionar el conocimiento científico necesario para la formulación de políticas, la toma de decisiones y la elaboración de planes y proyectos, los que deben tener como principal consideración el manejo sostenible de los recursos y la recuperación del medio ambiente marino y costero. Es la única forma de desarrollar un método de gestión que permita armonizar los valores culturales, económicos y ambientales y equilibrar la protección ambiental y el desarrollo económico de las zonas costeras.

La promoción de nuevas pesquerías y/o el aumento del esfuerzo pesquero deben estar fundamentados en una sólida base de conocimiento derivada del trabajo científico y riguroso. El IMARPE es pieza clave como generador primario de información relevante para emprender acciones bien sustentadas en torno al manejo adecuado del mar y de las zonas costeras.
Por lo tanto, antes de entrar en propuestas promocionales de la pesquería el Imarpe debe realizar un estudio que permita determinar cuáles serían las especies objetivo, cuál el volumen de su biomasa, cuales serían los períodos de vedas reproductivas, cual sería el efecto ecosistémico de su explotación, para llegar a determinar una tasa anual de captura por especie.
De esta información se deriva la capacidad de bodega que debería tener una flota con intención de incursionar en la actividad extractiva, la cuota anual de extracción, las cuotas individuales a asignar y los períodos de pesca. Solo entonces podríamos pretender introducir mayor esfuerzo pesquero sobre el ecosistema marino de Humboldt.

En el futuro deberá preverse las fluctuaciones que se originan en la variabilidad natural de los recursos marinos, particularmente cuando el recurso entre en una fase natural de baja abundancia para llevar a cabo una reducción en la intensidad de la actividad que mantenga una adecuada rentabilidad del sector.
A la vez deberá tenerse en cuenta que el marco del modelo económico en aplicación en el país, que estimula la libertad de empresa; así como la necesidad de mejoras tecnológicas en flota y fabricas que se requieren para mantener una industria competitiva, pueden inducir a un crecimiento de la capacidad de pesca. Esta situación se hace compleja cuando se tiene en cuenta las dificultades técnicas existentes para determinar cuál debe ser la capacidad de extracción y procesamiento adecuada y para establecer el marco regulador del acceso que mantenga en situación sostenible, en el largo plazo, a la actividad pesquera.

LA ZONA COSTERA

Las aguas marinas cercanas a la costa, son cada día víctimas de un uso intensivo, sin más opciones que su contaminación, debida principalmente a actividades pesqueras, mineras, industriales y por las redes de desagüe que generan una alta presión ambiental.
Las zonas costeras peruanas son uno de los espacios geográficos del planeta con mayor valor ecológico y económico, gracias a su especial riqueza proveniente de las condiciones oceanográficas existentes.
Por tanto, la principal obligación del Estado es contribuir con la estrategia para la gestión integrada, por la que se promueve la conservación y uso sostenible de los recursos marinos y costeros de modo equitativo. Emprender acciones concretas encaminadas a divulgar y socializar los resultados obtenidos de la investigación es indispensable y urgente.

Es necesario hacer reflexionar a la institucionalidad y a la sociedad en su conjunto sobre la importancia que reviste el tema y, generar actitudes y compromisos que conlleven a acciones concretas para preservar estas áreas.
Es necesario potenciar financieramente al Imarpe y darle una orientación de investigación enfocada al ecosistema para que logre una definición de la vulnerabilidad de los sistemas biogeofísicos y socioeconómicos a la explotación no regulada de sus pesquerías.

El Estado debe propiciar que todos asumamos la responsabilidad de hacer causa común con la defensa de nuestras zonas costeras, para preservar sus bienes y servicios. Así como, convertirse en una invitación a poner nuestros ojos en el medio marino y costero. Este esfuerzo resulta de suma utilidad para las nuevas generaciones, a quienes les corresponde pagar las deudas ambientales que dejamos las generaciones pasadas y presentes.
La falta de políticas integrales, así como la baja asignación de recursos para llevar a cabo investigaciones técnicas y científicas no han permitido avanzar mucho más en el conocimiento básico y por ende la posibilidad de incluir sus resultados en la planificación del sector. Podría decirse que la información con que se cuenta es aun incipiente como para convertir esta en una verdadera herramienta para la toma de decisiones.
El Estado debe sensibilizar al país sobre la importancia vital de la franja litoral y los impactos generados sobre el hombre y su entorno por la industria pesquera, minera y petrolera y las consecuencias que sobre la economía nacional generan estos impactos.

Las zonas costeras constituyen un sistema único de recursos debido a la presencia de ecosistemas valiosos y de gran productividad y biodiversidad, que requiere enfoques especiales de manejo y planificación. Esta base de recursos fundamenta por tanto el bienestar y la viabilidad económica de las generaciones actuales y futuras residentes en esta área.

ESTADO Y TENDENCIAS DEL SECTOR PESQUERO

La pesquería peruana se ha centrado, desarrollado y regulado en los últimos años en función de la industria harinera basada en la anchoveta. Analizada por volúmenes de extracción, la pesquería peruana califica desde entonces como monoespecífica.
La cuota anual de captura de anchoveta se viene determinando en función del sostenimiento de la propia especie sin considerar su contribución al resto de especies en el ecosistema.
La anchoveta constituye el recurso forraje de las diversas especies predadoras y que son principalmente aquellas de mayor interés para el consumo humano. Su extracción intensiva tiene consecuencias desequilibrantes en el ecosistema puesto que disminuye la disponibilidad de alimento para las especies que se sirven de ella.
La extracción de la anchoveta hasta el límite de su sostenibilidad ha afectado seriamente la estructura trófica reduciendo la productividad del sistema hidrobiológico en el mar peruano.
Como consecuencia se producen externalidades negativas en el ámbito social y ambiental cuyo costo lo asume indebidamente la Nación.

El Estado recauda insuficientemente del sector pesquero en general y por tanto no tiene capacidad para cumplir cabalmente su papel de Administrador Pesquero de sus recursos naturales mediante programas de investigación, monitoreo, control y supervisión indispensables para el manejo sostenible de los recursos.
La industria harinera de pescado cuyo objetivo es la reducción de pescado en harina para uso como alimento para animales está hoy tan sobredimensionada que trabaja tan sólo 50 días al año porque no hay anchoveta para más. Es de esperar que el DL 1084 que impone límites máximos de captura por embarcación conduzca a la racionalización de las capturas de esta pesquería y mejore la eficiencia de la industria, la cual deberá aportar mayores recursos económicos al país, de los que actualmente aporta.
Las biomasas de las diversas especies destinadas al consumo humano se han reducido, lo que ha obligado al poblador costero pescador a exacerbar sus esfuerzos sobre juveniles y a reorientarse ilegalmente hacia el recurso anchoveta, agravando aún más el desequilibrio y el estado de pobreza del sector.

El hecho es que hoy hay menos peces que antes. El hecho es que la pesca de otras especies que no sean anchoveta ha disminuido a niveles notorios, sin que medie explicación oficial. Ya no hay meros, corvinas, congrios, cabrillas, etc. como antes.
Los pescadores artesanales, que antes capturaban estas y otras especias a poca distancia de sus poblaciones hoy se han visto obligados por la necesidad, a convertirse en pescadores de altura. Pescadores de altura sin tener la preparación ni el equipamiento apropiado que se aventuran a veces hasta las 200 millas en busca de especies sustitutas a su pesquería tradicional, como el perico. El cual se empieza a capturar aun cuando su talla es pequeña. No hay control al respecto.

Los buzos artesanales vienen sufriendo cada vez mas accidentes y aumenta su índice de mortalidad porque se ven obligados a sumergirse cada vez mas profundo sin tener equipamiento ni soporte apropiado.

La verdad es que los volúmenes que antes existían de otras especies ya no son los mismos. Ya no es rentable pretender vivir de su captura.

Este es el escenario de vida del poblador costero. Una ilusión de pesca de anchoveta que no les genera empleo mas allá de 50 días al año, forzándolos a convertirse en supervivientes laborando en cualquier empleo temporal. Pérdidas más frecuentes de embarcaciones porque los escasos días de pesca restan práctica y destreza a los patrones.

La discusión sobre las 5 millas esta fuera de lugar. Si se aplicase la ley en todo su rigor, este tema no debería ser objeto de comentario ni de reclamo. Sencillamente la flota industrial no debe pescar dentro de las 5 millas. Perdemos de vista, que: Una embarcación cerquera de 200 TM posee una red con una altura de aproximadamente 50 brazas, o sea alrededor de 90 metros. Una embarcación mayor tendrá una red de mayor altura. Esto significa que al tender el cerco, este cae 90 metros hacia el fondo. Mas allá del termino 5 millas, deberíamos analizar que independientemente de la distancia hasta la costa, si la batimetría de la zona indica que el fondo marino esta a 50 brazas o a una profundidad igual o un poco menor que la altura de la red, esta tocara el fondo impactando sobre el bentos de la zona. Por tanto el impacto será bastante similar al que produce la red de arrastre de fondo.

Además del impacto que causa la extracción de anchoveta sobre el resto de especies, la flota de cerco también podría estar causando impacto sobre los fondos marinos, dado que no hay regulaciones que controlen la captura en relación no solo con la distancia hacia la costa, sino con la profundidad y la altura de la red. Esto debiera regularse para mitigar los daños al fondo marino y evitar la destrucción del bentos.

DESARROLLO DEL SECTOR PESQUERO

El desarrollo del sector pesquero peruano esta asociado a la disponibilidad de los recursos pesqueros, niveles de captura, la producción y la exportación así como a la evolución de los eventos El Niño.
La política del sector pesquero debe consolidar a la actividad pesquera como uno de los principales elementos de la economía nacional y de la alimentación, privilegiando el mercado interno antes que el externo.
En este sentido, debe priorizar la reducción del esfuerzo pesquero en tanto no se disponga de investigación científica que permita aplicar un enfoque ecosistémico. No se debería incorporar nuevas pesquerías al sistema; se debería incrementar el consumo interno de pescado por habitante; modernizar la actividad artesanal y elevar la calidad de vida de los pescadores; impulsar la acuicultura; y, fortalecer la gestión institucional.
La investigación científica y tecnológica está a cargo del Instituto del Mar del Perú y el Instituto Tecnológico Pesquero, respectivamente. El primero se encarga de las investigaciones científicas de los recursos vivos del mar y de las aguas continentales, de los factores ecológicos, la oceanografía y limnología y de la calidad del ambiente acuático. Su principal labor se desarrolla en función a proporcionar las bases científicas para la administración de los recursos pesqueros.
Por su parte el Instituto Tecnológico, realiza investigaciones relacionadas con la transformación y conservación de los recursos hidrobiológicos.
El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana –IIAP- cuya función, relacionada con la actividad pesquera, es realizar investigaciones científicas que permitan el desarrollo de esta región del país.
Los recursos económicos destinados a la investigación son insuficientes. La recaudación tributaria y por derechos de pesca debe ajustarse a las necesidades reales de la investigación.

ESTRATEGIA DE DESARROLLO

Formular un Reglamento de Ordenamiento Pesquero de la anchoveta que no existe a la fecha. Investigar las principales pesquerías, determinar sus límites máximos de extracción anual y dotarlas de un Reglamento de Ordenamiento.
Las embarcaciones que se retiren del negocio de extracción para CHI deberían ver la posibilidad de reconvertirse para destinar su extracción al CHD mediante el insulado de sus bodegas, empleo de cajas con hielo, articularse en cadenas productivas, darle valor agregado a sus capturas congelando o salando las mismas alcanzando un justiprecio por un producto de calidad y abriendo el mercado interno a fin de crear un nuevo nicho que sea atractivo, rentable, que genere empleo y que contribuya a la alimentación nacional reduciendo los índices de desnutrición.

Aplicar el enfoque ecosistémico:
- La capacidad de predicción del comportamiento de los ecosistemas es limitada: Incertidumbre e indeterminación deben conducir a adoptar el enfoque precautorio.
- Los ecosistemas tienen umbrales y límites que, cuando se sobrepasan, pueden implicar reestructuraciones del sistema.
- Una vez los umbrales y límites se sobrepasan, los cambios son irreversibles.
- Los componentes de los ecosistemas están interrelacionados.
- Los ecosistemas cambian con el tiempo por factores naturales y antropogénicos.
- Permitir la actividad pesquera sólo si es razonable esperar que no genere impactos inaceptables.

Aplicar el principio de precaución:
- Seleccionar estrategias que reduzcan el riesgo.
- Promover la participación, justicia e igualdad de todos los usuarios en la gestión.
- Desarrollar un modelo conceptual de la red trófica.
- Describir las necesidades de hábitat de diferentes fases vitales para todos los componentes significativos de la red trófica.
- Calcular extracciones totales (incluyendo mortalidad incidental) y su relación con la biomasa, producción, captura óptima, mortalidad natural y estructura trófica.
- Caracterizar la incertidumbre y sistemas de control en la conservación y gestión.
- Desarrollar índices de la salud del ecosistema como objetivos de la gestión.
- Describir los datos disponibles de monitorizaciones a largo plazo.
- Evaluar los elementos ecológicos, humanos e institucionales del ecosistema que afectan más significativamente a las pesquerías y no pueden ser gestionados.

5 de julio de 2008

Y después de las cuotas...qué?

¿Y DESPUES DE LAS CUOTAS INDIVUALES DE PESCA PARA LA ANCHOVETA?

El complemento final para reordenar la pesquería de la anchoveta podría darse actuando sobre lo siguiente:
1.Incrementar el valor de los derechos de pesca de anchoveta destinada al CHI hasta colocarlo en un nivel conveniente de forma tal que el país participe del negocio. Ello generaría los recursos necesarios para aplicarlos en investigación, desarrollo de infraestructura y capacitación.
2.Formular un Reglamento Pesquero de la anchoveta que no existe a la fecha.
3.Aplicar el enfoque ecosistémico a la extracción de anchoveta a fin de establecer una tasa anual de captura adecuada.
4.Las embarcaciones que se retiren del negocio de extracción para CHI deberían ver la posibilidad de reconvertirse para destinar su extracción al CHD mediante el insulado de sus bodegas, empleo de cajas con hielo, articularse en cadenas productivas, darle valor agregado a sus capturas congelando o salando las mismas alcanzando un justiprecio por un producto de calidad y abriendo el mercado interno a fin de crear un nuevo nicho que sea atractivo, rentable, que genere empleo y que contribuya a la alimentación nacional reduciendo los índices de desnutrición.
5. Mejorar el sistema de cobranza de los derechos de pesca ya que actualmente un gran porcentaje de la flota no presenta su declaración jurada y otro porcentaje paga una fracción de lo que debe.
La RD 211-2008-Produce/DGEPP publicada el 9 de Junio 2008 presenta la relación de 617 embarcaciones cuyos armadores no han presentado declaraciones juradas del pago de derechos de pesca 2007 y 320 embarcaciones cuyos armadores deben reintegrar derechos de pesca correspondiente al pago de derechos de pesca del 2007 por un valor aproximado de 3 millones y medio de soles. El informe de APOYO menciona la existencia de 1,143 embarcaciones operativas entre acero y madera (573 de acero y 570 de madera). Por tanto el 54% de la flota operativa no presenta declaración jurada pero igual pesca. El el 28% de la flota operativa tiene deudas.

Los recursos pesqueros son propiedad de la Nación, de todos los peruanos.

Artículo 66º de la Constitución Política. Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El Estado es soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones de su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal.

Artículo 73º de la Constitución Política. Los bienes de dominio público son inalienables e imprescriptibles. Los bienes de uso público pueden ser concedidos a particulares conforme a ley, para su aprovechamiento económico.

En base a dicho marco constitucional, la Ley 26821, Ley Orgánica para el Aprovechamiento Sostenible de los Recursos Naturales, fija la extensión del dominio del Estado y, el modo de acceso:

Artículo 4.- Los recursos naturales mantenidos en su fuente, sean éstos renovables o no renovables, son Patrimonio de la Nación. Los frutos y productos de los recursos naturales, obtenidos en la forma establecida en la presente Ley, son del dominio de los titulares de los derechos concedidos sobre ellos.

Artículo 19.- Los derechos para el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales se otorgan a los particulares mediante las modalidades que establecen las leyes especiales para cada recurso natural. En cualquiera de los casos, el Estado conserva el dominio sobre estos, así como sobre los frutos y productos en tanto ellos no hayan sido concedidos por algún titulo a los particulares.

Artículo 21.- La Ley especial dictada para el aprovechamiento sostenible de cada recurso natural precisa las condiciones, términos, criterios y plazos para el otorgamiento de los derechos, incluyendo los mecanismos de retribución económica al Estado por su otorgamiento, el mantenimiento del derecho de vigencia, las condiciones para su inscripción en el registro correspondiente, así como su posibilidad de cesión entre particulares.

Artículo 23.- La concesión, aprobada por las leyes especiales, otorga al concesionario el derecho para el aprovechamiento sostenible del recurso natural concedido, en las condiciones y con las limitaciones que establezca el título respectivo.

Es válido entregar la extracción de anchoveta a un grupo de empresas, que si bien es cierto tendrán el privilegio de ser los únicos con derecho a extraerlos, también deberán compartir la bonanza del negocio con todos los peruanos.

Para alcanzar esta justa participación, considerando que el impuesto a la renta de tercera categoría no ofrece las condiciones suficientes que garanticen esta participación, y que no existen a la fecha regalías sobre la pesquería, es procedente elevar la tasa de derechos de pesca, actualmente en US$1.80 por Tm a un nivel tal que evidencie realmente que el sector pesquero con el privilegio de extraer anchoveta está pagando lo justo.
Adicionalmente, y dados los antecedentes de evasión y elusión de este pago, debería convertirse a las plantas procesadores en agentes de retención de esta tasa de derechos de pesca, de tal forma que la administración pesquera ejerza la cobranza y el control sobre un menor número de contribuyentes, los cuales a su vez trasladarán este cobro a los armadores descontándoselos del pago de la materia prima descargada.

La política pesquera debe reunir en forma equilibrada objetivos biológicos, económicos y sociales.

El control de la extracción mediante el establecimiento de una cuota anual o la limitación del esfuerzo total reglamentando la duración de la temporada de veda, permite proteger los recursos pero generalmente provoca distorsiones sociales y económicas y además no contempla el enfoque ecosistémico.
Los sistemas de acceso libre se suelen caracterizar por una actividad de pesca frenética en la que todos los participantes tratan de conseguir el mayor volumen posible de capturas antes de que lo hagan los competidores. Tampoco contempla el enfoque ecosistémico.
La utilización del acceso libre a recursos naturales como los pesqueros no es sostenible. Los enfoques actuales para controlar y regular la utilización de los recursos pesqueros no conducen necesariamente a un uso sostenible. Ni aún el sistema de cuotas individuales.

Cuando existe una reglamentación general, esta carrera por la pesca se traduce en campañas de pesca más cortas, baja calidad del producto y disponibilidad esporádica, exceso de capturas y de capacidad de elaboración y aumento de los costos y otros efectos sociales y económicos negativos.
Pese a las diferentes posibilidades que existen respecto de los sistemas de cuotas individuales de pesca o derechos de acceso, hay algunos principios generales respecto a la concesión del acceso: la naturaleza de los beneficiarios; el método inicial de asignación; si los derechos han de ser o no transferibles; y la duración del derecho asignado.

El Estado puede asignar un derecho de acceso a una persona, empresa, o a una embarcación. Normalmente, la asignación de derechos de acceso a personas o empresas, si se asocia con la transferibilidad, redunda en una mayor eficiencia económica aunque puede entrañar una pérdida de oportunidades de empleo.

Otro de los sistemas a los que se puede recurrir es la venta o subasta de los derechos de acceso. Cuando el objetivo principal de la pesca es la eficiencia económica y no existen problemas de equidad, éste puede ser un método adecuado. Sin embargo, cuando en la pesquería intervienen personas de diferente posición económica, este procedimiento favorece, sin duda, a los más fuertes.

Por último, la concesión del acceso se puede basar en una serie de criterios concretos, como una trayectoria demostrada de participación en la pesquería, los resultados, una trayectoria de pesca responsable, de responsabilidad social, etc. En todos los casos, la equidad en la asignación de los derechos exige que todos los pescadores actuales participen en el proceso.

La cuestión de si los derechos deben o no ser transferibles también es importante y tiene repercusiones para la pesca responsable.
Es necesario que el sistema de derechos de acceso se adapte mejor a los objetivos específicos, incluso macropolíticos y macroeconómicos, de la pesquería. El sistema que se aplique a una pesquería determinada se debe negociar cuidadosamente con los probables solicitantes y establecerse por consenso, siempre que sea posible. Pero por muy cuidadosamente que se diseñe el sistema, se ha de prever que surgirán diferencias, por lo cual se ha de establecer un método adecuado de reclamación. De todas formas, las ventajas para los usuarios, los recursos y el Estado del sistema de acceso limitado justifican con creces las dificultades que se puedan plantear.

Cuando se dispone de información fidedigna sobre la dinámica de la población y su respuesta a la mortalidad causada por la pesca, en teoría cabe estimar el volumen adecuado de las capturas para conseguir los objetivos deseados. Por lo general, el control de las capturas supone establecer la captura total permisible, que se distribuye en cuotas individuales entre las flotas, compañías pesqueras o pescadores. El efecto de una pesquería sobre otras debe ser tenido en cuenta en la determinación de la cuota global, dentro de un enfoque ecosistémico. La aplicación del sistema de cuotas individuales para la anchoveta peruana omite este aspecto, pero puede provenir más delante de una norma complementaria.

Si bien es cierto que el control de la captura puede ser un instrumento para proteger los recursos, si no se limita el acceso, o se cierra definitivamente, no se reducirán las distorsiones sociales y económicas derivadas de la competencia entre los pescadores para conseguir la mayor cuota posible.

El mayor problema que plantea el control de las capturas radica en el seguimiento de las mismas. Ciertamente, los pescadores pueden falsear el volumen de las capturas. En consecuencia, el organismo de control debe supervisar cuidadosamente el volumen de capturas por usuarios y el volumen total, para evitar que se supere la cuota anual y las cuotas individuales, una vez establecidas. Ello hace necesario contar con sistema preciso de seguimiento e incorruptible, que permita recoger y analizar datos en tiempo real.

La calificación jurídica de los peces y el modo de adquirir el dominio de ellos, son regulados, pero ello no implica que la apropiación de las capturas conduzca a la apropiación individual del derecho de pesca por el mero uso. Esto mismo tiene como contrapartida la libertad de acceso al recurso pesquero, cuestión que no puede ser derogada sino sólo limitada temporalmente y por motivos de conservación del mismo recurso.

El estatus colectivo de los recursos pesqueros implica la imposibilidad jurídica de que la propiedad del derecho a pescar se adquiera por su uso histórico; asimismo, conlleva el deber del Estado de garantizar el acceso a dichos recursos en condiciones equitativas, no discriminatorias y que aseguren la conservación a largo plazo de los mismos.

Si se distribuye la totalidad de la cuota global anual de captura entre los usuarios autorizados y mediante una fórmula que se base en la participación que dichos usuarios tuvieron en períodos anteriores a la vigencia del sistema de cuotas de pesca, quienes quieran ingresar a la actividad pesquera sólo podrían hacerlo mediante la adquisición de alguna embarcación que cuente con licencia de pesca y cuota.
En todo el mundo, en la pesca tanto artesanal como industrial, en grande o pequeña escala, la escasez creciente de recursos induce a los interesados a exigir una mayor aclaración de sus derechos de propiedad en la pesca. Al crecer el número de personas que explotan recursos pesqueros (utilizando frecuentemente una tecnología mejor que la disponible en el pasado) existe una necesidad mayor que nunca de examinar las ventajas y limitaciones de la función actual de los derechos de propiedad en la ordenación pesquera y de examinar estrategias basadas en una definición más clara de tales derechos.

Desde que en el siglo XVIII Hugo Groccio publicara su libro De mare liberum, la doctrina del mar libre había sido defendida por las grandes potencias que tenían los medios navales para navegar por todos los mares y que habían ido controlando los puntos terrestres que permitían el control efectivo de dicha navegación.
En los años 1930 el mar y sus recursos podían decirse que eran jurídicamente libres ya que la jurisdicción estatal solo se extendía a una franja de 3 o 6 Km. en torno a la línea de costa. La situación cambió a partir de 1945 con la decisión unilateral de Estados Unidos de ampliar sus aguas jurisdiccionales.

El desarrollo de un orden marítimo internacional, que tiene que ver con la apropiación de los recursos de los océanos, tuvo un momento importante en la década de 1950 cuando se introducen los conceptos de conservación y protección del mar, que justificaría la ampliación jurisdiccional (Declaración de Santiago de Chile 1952), y con la celebración en Ginebra de la I Conferencia de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (1958); y culminaría en 1970 con la resolución por parte de las Naciones Unidas por la que se declaraban como patrimonio común de la Humanidad los fondos marítimos situados más allá de jurisdicción nacional. Se produjo con ello un proceso de extensión con la declaración de: zona territorial, zona exclusiva de pesca o zona de conservación, con jurisdicción sobre los recursos pesqueros, y de zona económica exclusiva que prolonga la jurisdicción a todos los recursos marinos y que se extiende hasta 200 millas de la línea de costa. Ello ha dado lugar a que la jurisdicción de los estados con costas llegue a extenderse hasta una tercera parte de la superficie total de los océanos. Aunque el Perú no es signatario de la Convención, mantiene el concepto de las 200 millas.
Dicha ocupación se ha hecho en defensa de la conservación de los recursos marinos. En perspectiva están también la explotación de la biodiversidad oceánica y los nodos metálicos del fondo de los océanos.

Desde los años 1930 ante los problemas planteados por la creciente explotación de los mismos se propuso un modelo general de equilibrio de las pesquerías para establecer el rendimiento máximo sostenible, incorporando el análisis económico a los conocimientos sobre la biología marina, lo que dio lugar al desarrollo de la bioeconomía. En relación con ese campo en 1954 el trabajo de R. L. Gordon sobre The economic theory of a common property resource: the fisheries desarrolló un modelo económico de los recursos pesqueros y puso énfasis en el hecho de que en ausencia de propiedad privada los pescadores podían obtener beneficios de la explotación de un recurso hasta llegar al agotamiento del mismo.

Cuando lo que se establecen son cuotas individuales, lo que de verdad se esta haciendo es establecer un sistema de derechos de propiedad para los pescadores. Como es imposible patrimonializar el recurso, lo que se intenta es establecer derechos sobre ciertos “segmentos de capturas”. Si las cuotas son de duración anual, obviamente, los derechos de propiedad están limitados en el tiempo, y por lo tanto, son susceptibles de modificación.

Para llegar a objetivos comunes con relación a una política, es necesario organizar los asuntos pesqueros no sólo con la equidad social en la cabeza, sino también con la atención puesta en la colateral necesidad de conservar los stocks pesqueros y de mantener las operaciones pesqueras viables económicamente. Esto requiere un equilibrio entre las consideraciones biológicas, económicas y sociales y aceptables niveles de compromiso a través de los procesos políticos y legales.

Las cuotas de pesca representan una forma de actuación que pretende controlar la producción total de la pesquería evitando que las capturas sobrepasen los niveles de máximo nivel sostenible o algún otro nivel en el que la supervivencia del recurso a lo largo del tiempo esté garantizada. El asunto también esta en aplicar mejores controles sobre la pesca ilegal y tener en cuenta el enfoque ecosistémico.

Si existe un sobredimensionamiento del esfuerzo de pesca sobre la anchoveta, la mejor alternativa es establecer cuotas individuales. El sano complemento debe ser actuar sobre la cuota anual de captura, la cual debe estar en función a la capacidad biológica de la extracción del recurso. Esto pondría al recurso en niveles de captura adecuados a la biomasa disponible y a la necesidad de los predadores superiores para mantener sanos sus volúmenes de biomasa. Siempre y cuando la medición de la biomasa sea correcta y con evidente grado de credibilidad, la tasa anual de captura será adecuada.

Esto genera interés por conservar las licencias, las que pueden ser negociadas. Pero al no ser transferibles, deja como única opción de negociación la venta de la embarcación con su respectiva licencia, lo cual saca al vendedor del negocio. Esto favorece la concentración y margina al armador pequeño, pero es una consecuencia inevitable. Para llegar a este consenso, los armadores y congeladores debieran haber alcanzado en determinado momento un grado adecuado de diversificación que no los haga depender de la anchoveta para CHI para su supervivencia. Ese es el punto inmediato que debería ser resuelto.

La intransferibilidad de la cuota obliga al armador a pescar o a perder su cuota. No tiene otra alternativa. Si decide no pescar, se beneficia el recurso porque se reduce la presión de capturas, a menos que venda la embarcación. Pero si el armador decide no pescar porque la cuota asignada le resulta tan pequeña que deviene en no rentable, estará recibiendo un perjuicio ya que estará obligado a vender y abandonar la actividad o dedicarse a otras especies, lo cual requiere de un nivel inversión más o menos alto, pero que depende también de la disponibilidad de otros recursos pesqueros, los cuales podrían estar siendo afectados por la extracción de una cantidad inadecuada de anchoveta, que es la especie principal de la alimentación de las especies superiores.

Por otro lado, se evita que el armador lucre sin trabajar, al impedirle negociar un derecho pesquero que por otro lado es potestad de la Nación concederlo o revocarlo. Queda como opción vender la embarcación con lo cual se transfiere el derecho a la cuota asignada.

La extracción gradual de porciones de un cardumen a lo largo del año debiera ser mas saludable para la especie en atención a cautelar su conducta gremial (conducta del cardumen) frente a sus predadores naturales y su capacidad para establecerse en aguas propicias para su desarrollo. La extracción intensiva y súbita deja individuos muy dispersos, indefensos y desorientados (reducción de la densidad de individuos por milla cuadrada).

El principal beneficiado de la extracción gradual sería el predador natural que encontrará a lo largo del año cardúmenes en todas las latitudes al no extraerse súbitamente todo el cardumen; bien para la merluza y demás especies de consumo humano que la predan.

Estos son conceptos probablemente válidos, pero una tasa anual de 5 millones de TM por ejemplo, bien sea que las capturen 1,200 lanchas o 600, siguen siendo 5 millones. O sea que en términos reales no hay reducción del esfuerzo pesquero. Las cuotas actúan sobre la eficiencia de captura, mejoran la rentabilidad de la flota y deja la esperanza de que el cardumen no se estrese, pero no se actúa sobre la reducción de la extracción.
Al no tener idea de como aplicar el enfoque ecosistémico por falta de investigación adecuada y suficiente, no tenemos idea de cuantas TM de anchoveta se requiere para sostener al resto de predadores y mantener el resto de pesquerías saludables.

Lo inevitable es que se produce un impacto negativo sobre los armadores pequeños, que pueden quedar fuera del negocio y sin trabajo. Es verdad que la flota de madera fue introducida al escenario por la puerta falsa y con artificios legales y que hoy estaría saliendo. Pero también es verdad que son seres humanos con familia que se van a quedar sin trabajo.
No hay despidos, no por obra de la norma, sino porque en el régimen de las embarcaciones pesqueras no hay estabilidad laboral ni pagos mensuales. Las tripulaciones cobran una participación de la pesca (22.4% del valor pactado) solamente cuando salen a pescar. Si la embarcación decide no salir a pescar o está inoperativa, sencillamente no lo hace y nadie cobra. Por tanto todas esas normas que prohíben los despidos y mencionan bonificaciones por jubilación etc. son de relativa importancia y no actúan sobre el fondo del problema. El régimen laboral de las tripulaciones es de naturaleza intermitente.

Los que han diseñado este escenario han actuado sobre el aspecto económico pero no han tenido en cuenta el enfoque ecosistémico. Si bien es cierto no era probablemente parte del estudio, podría haber salido una norma mas completa, si además de actuar mejorando la eficiencia de captura hubiese actuado sobre la reducción de los volúmenes de extracción, que es en realidad el fondo del problema.
Da lo mismo que sean 100 o 1,000 lanchas porque seguirán pescando el mismo volumen de anchoveta en detrimento de la alimentación de otras especies.
Tal vez se hubiese minimizado el impacto político si se hubiese introducido el elemento de reducción de volúmenes de extracción derivado de la aplicación del enfoque ecosistémico.

El enfoque ecosistémico

Pauly examinó las dietas de 220 especies de peces y a cada una les otorgó una categoría numérica en la cadena alimentaria, del uno al cinco. La categoría uno corresponde al plancton, es decir, un conjunto de seres vegetales microscópicos que están en suspensión en las aguas marinas y realizan fotosíntesis, utilizando la energía del sol para convertir el agua y el dióxido de carbono en carbohidratos, y conforman el nivel más inferior de todas las cadenas alimentarias acuáticas. El nivel dos corresponde al zooplancton: pequeños animales flotantes que se alimentan de plancton. Los depredadores superiores corresponden a la categoría 4,6.
Estos datos fueron combinados con otros de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) para realizar una estimación del "nivel trófico" de la cadena alimentaria oceánica donde los humanos están pescando. El nuevo estudio revela que el nivel promedio disminuye constantemente desde hace 45 años, a razón de un décimo por década. "La actual política de pesca es insustentable", afirma Pauly. De las 220 especies estudiadas, al menos 60 por ciento son sobreexplotadas o explotadas al límite.
Pauly cree que la verdadera situación es peor de lo que indica su estudio, en especial porque muchos países no declaran toda su captura de peces.
Aun si un banco de pesca no llega al colapso, la pesca en los niveles inferiores de la cadena alimentaria puede tener consecuencias muy graves. En el mar del Norte, la población de bacalao está tan disminuida que los pescadores se concentran ahora en el abadejo, una especie de segundo nivel que el bacalao suele comer. El abadejo, a su vez, consume pequeños organismos como copépodos y krill. El krill también come copépodos. A medida que disminuye la cantidad de abadejos, la población de krill se expande y la de copépodos se reduce drásticamente. Debido a que los copépodos constituyen el principal alimento de los bacalaos jóvenes, la población de bacalao no puede recuperarse.

El cultivo de peces podría parecer una salida para el problema, pero no lo es, al menos en las condiciones que se practica actualmente, ya que los peces cultivados se alimentan con comida hecha a base de peces impopulares como el arenque. Parece sólo una cuestión de tiempo para que el arenque y otras especies también desaparezcan.
Pauly cree que, en tres o cuatro décadas, muchos bancos de pesca oceánicos "se desplomarán sobre sí mismos". El resultado será la pérdida de proteínas de alta calidad para los humanos, aun antes de que las pesquerías sufran un colapso completo. Las personas ingieren especies entre los niveles tróficos cuatro y 2,5. Por debajo de ese nivel, no hay mucho que se pueda comer. "Existe un límite en la cadena alimentaria para lo que puede capturarse y comercializarse, y el zooplancton (en el nivel trófico dos) difícilmente ocupará nuestros platos en un futuro cercano", escribió Pauly en Science.

¿Soluciones? El gobierno podría reducir la tasa anual de captura, pero eso colocaría "el interés público" contra los intereses de la industria. Y no se ha hecho, todavía, seguramente por eso. Se han aplicado cuotas para mejorar solamente eficiencia de captura.

Pauly cree que existe una necesidad urgente de crear áreas protegidas donde la pesca esté prohibida directamente, como podría por ejemplo, implementarse en el sistema Paita Bayóvar. Ese sistema sería fácil de implementar y hacer cumplir que las cuotas, la limitación del tiempo de pesca, las restricciones sobre los equipos y mecanismos o los controles de contaminación, aunque estas medidas también son necesarias, sea más eficiente. Podría integrarse a la norma la creación de zonas protegidas donde se prohiba la extracción de anchoveta.
Pero la idea más importante propuesta en la revista Science es la de trasladar la carga de la prueba a la industria pesquera. Aquellos que se benefician de recursos públicos como los oceánicos deberían demostrar, antes de comenzar a pescar, que su actividad no dañará esos recursos.

La pesca no debería dañar la vida oceánica. Pero ya hay evidencias abundantes que indican que el daño existe, por lo tanto es hora de trasladar la carga de la prueba a la industria pesquera. Los propietarios de plantas y embarcaciones de acero tendrían que demostrar que su producción será sustentable y no contaminante antes de empezar a operar.

Al ser los recursos pesqueros un patrimonio de la Nación, es justo que esta participe de las utilidades del negocio en forma proporcional y razonable mediante el pago de derechos de pesca justos, o regalías al igual que la minería.
La tributación de renta de tercera categoría no es la mejor forma de hacer partícipe a la Nación por cuanto se aplica sobre las utilidades, cuando el impacto que genera la extracción sobre el ecosistema marino es de naturaleza independiente de los niveles de eficiencia empresarial que conducen a un resultado financiero que puede ser más o menos aceptable; pero que no genera una participación adecuada para el Estado.

Las cuotas transferibles

Las cuotas asignadas a la anchoveta tienen carácter no transferible en este caso.

Una solución económicamente eficiente es el establecimiento de cuotas individuales de captura por armador y que estas cuotas sean transables libremente. De esta manera, se preserva la biomasa al mantenerse una cuota global máxima de captura, pero se permite que la decisión de la distribución al interior del gremio de armadores se realice mediante un proceso libre que devuelve al armador las decisiones empresariales fundamentales: cuándo y cómo se pesca. De esta manera se autoregula el mercado, haciendo que los más eficientes realicen la actividad extractiva y que aquellos que se saben menos eficientes, se vayan retrayendo de la actividad a cambio de una compensación absolutamente transparente y que refleje el valor de mercado de estas cuotas de captura.

Las cuotas individuales transferibles se basan en un principio básico que reconoce que es preciso intervenir de forma que sean los propios pescadores los que voluntariamente deseen llevar a cabo las acciones de captura o venta de sus derechos sobre los recursos. Es una medida que replica una situación en la que existen derechos de uso individuales sobre segmentos de las pesquerías, derechos que posteriormente pueden ser negociados en un mercado creado de forma adecuada.

En términos generales, los derechos transferibles favorecen la evolución de la pesquería (incluso un cambio de participantes y el rejuvenecimiento del sector) y se traducen en una mayor eficiencia económica al permitir que los pescadores más eficientes consigan mayor acceso a través del mercado. También constituyen un mecanismo para que puedan existir nuevos participantes, lo cual es más difícil en un sistema de acceso limitado sin transferibilidad. Las desventajas de la transferibilidad consisten en que pueden conducir a la formación de monopolios u oligopolio.

Por otro lado la posibilidad de explotar límites máximos de captura mediante cuotas transferibles significa un incentivo para la concentración de la actividad, su monopolización y su integración más allá de límites aconsejables en términos económicos. La transferibilidad debería responde a procedimientos y reglas que impidan prácticas monopólicas o de concertación económica y que un armador o un grupo de ellos desarrollen prácticas que hagan ilusorio el ingreso de nuevos usuarios o se concierten para impedir u obstaculizar el uso del recurso por sus competidores
La creación de un mercado de cuotas individuales transferible es una posibilidad que debe ser estudiada y diseñada en detalle

La gestión de la pesca

La gestión comprende el marco jurídico e institucional que debe garantizar que la pesca desempeñe la función que el conjunto de la sociedad considera adecuada. La gestión debe establecer también las normas que garanticen una competencia eficiente dentro del sector y un acceso equitativo a los recursos. El análisis de la gestión va seguido de un examen de una cuestión más específica incluida en esa problemática general: la integración de las pesquerías en la ordenación de zonas costeras. Luego se analizan dos temas que deben ser resueltos por el sector: cómo acomodar la capacidad de pesca a los recursos disponibles y cómo ordenar las capturas incidentales y los descartes.

La asignación de determinados derechos de uso o de acceso no es una panacea para hacer que desaparezcan todos los incentivos o las fallas del sistema que favorecen la pesca excesiva u otro tipo de degradación o deterioro del ecosistema. Es un paso importante, mas no lo es todo.

La ordenación de la pesca responsable supone intentar conciliar los intereses de muchas partes, que a menudo son competidores o incluso contradictorios. Supone también reconocer que la eficiencia y la aplicabilidad de las medidas de ordenación dependen en gran medida del apoyo conseguido entre las partes interesadas.

La limitación del esfuerzo de pesca y, por tanto, de la mortalidad, es un requisito indispensable de la pesca responsable, con independencia de las restantes medidas aplicables. Si no se limita la capacidad de la flota (y los mecanismos para estabilizarla y compensar el progreso tecnológico), resulta imposible controlar efectivamente el esfuerzo de pesca. Sin embargo, cuando existen derechos de acceso seguros y apropiados, los titulares de los derechos limitan, llevados de su propio interés económico, la capacidad y el esfuerzo de pesca a unos niveles apropiados. En general, el exceso de capacidad está asociado con la libertad de acceso a las pesquerías y tiende a disminuir cuando se establecen derechos exclusivos.

Las cuotas individuales de pesca son un medio de crear un grupo selecto de personas. Aunque pueda parecer injusto, la pesquería de anchoveta ya no admite más participantes.

La intervención de la autoridad sobre la actividad pesquera es usualmente resistida por el sector empresarial cuando ve perjudicado su patrimonio. Esta resistencia puede tomar como argumento central la defensa del derecho de propiedad.

Se puede sostener que si la sociedad desea fortalecer la protección de los recursos pesqueros, debe compensar, a modo de indemnización, a los ciudadanos que se vean impedidos de explotarlos libremente. Si bien a primera vista parece razonable tal compensación, lo cierto es que otras intervenciones de la autoridad con objetivos ambientales son igualmente dañinas para el patrimonio privado y no por ello dan derecho a indemnizaciones. Frente al argumento de respeto al derecho de propiedad para resistir nuevas restricciones, se opone la obligación de la autoridad de velar por la preservación del ecosistema. La discrepancia que pueda existir entre los operadores y la autoridad por el volumen de captura que soporta una pesquería sin poner en riesgo las especies, debe ser resuelta por el organismo científico en forma técnica y no politizada.

OBJETIVO DE UN SISTEMA DE CUOTAS

La pesca en todos los países del mundo está sujeta a regulación por parte del gobierno con el objeto de impedir la sobreexplotación de los recursos pesqueros.
Dado que la apropiación de un pez ocurre cuando se lo pesca, ello induce a la sobrecaptura. En efecto, al no existir derecho de propiedad sobre los peces, los pescadores tratan de pescar lo máximo y más rápido posible, ya que lo que ellos no pescan será capturado por un competidor. Así se produce la denominada “carrera olímpica” en que las embarcaciones pescan lo máximo posible sin preocuparse de la subsistencia del recurso. Finalmente, ocurre que el recurso se agota ya que se pesca más que lo que corresponde para mantener el recurso disponible en el futuro. Por lo tanto, se genera un costo social ya que las futuras generaciones del país no tendrán acceso a esa pesquería. La existencia de ese costo social es lo que justifica la regulación estatal para impedir la sobreexplotación.

El tipo de regulación que existía en el país, salvo el caso de la merluza que tiene cuotas individuales transferibles, es la cuota máxima de captura anual para una pesquería y limitaciones a las licencias. Este tipo de regulaciones no logra impedir la sobreexplotación. Ello por cuanto al colocar una limitación a la captura no se está introduciendo un incentivo que lleve a la industria pesquera a reducir la misma. Así por ejemplo al reducirse la capacidad máxima de bodega en un primer momento podría lograrse disminuir la pesca; pero posteriormente se invertirá en tecnologías que llevarán a más eficiencia y rapidez, de tal forma de pescar más aún cuando la bodega sea menor y en el menor tiempo posible. El otro problema de este tipo de regulaciones es que se presta para corrupción y no promueve la tecnología más eficiente.

Debe destacarse el hecho de que un sistema de cuotas individuales debe ser complementado con una investigación profunda sobre el impacto que la pesquería de anchoveta ejerce sobre el resto de especies, a fin de determinar con mayor precisión y exactitud el volumen adecuado de captura permisible anual.

El recurso pesquero no aumenta en función de la demanda. Las normas deben volverse regulatorias, limitativas y exclusivistas. (Aún cuando aquello parezca impopular). Pescar no podrá ser un derecho sino debe ser considerado un privilegio. El privilegio será de unos pocos que se obliguen a sacar la cantidad justa que garantice la sostenibilidad de las especies al menor costo en beneficio de la alimentación humana. Resulta ineludible motivar un giro en la investigación y en la política de recuperación de muchos recursos.

Una novedosa forma de democratizar el acceso al recurso y generar simultáneamente fondos para la investigación es que del total de la cuota anual a repartir, el Estado se reserve el 10% de la misma, la cual sería subastada al mejor precio. A esta subasta podría acceder cualquier armador o persona con cuota o sin ella, lo que le daría un libre acceso limitado y generaría un fondo proveniente del mismo sector, no del Estado, que puede asignarse a actividades de investigación más profunda que conduzcan a la aplicación de un enfoque ecosistémico.

6 de junio de 2008

Un nuevo enfoque sobre la merluza peruana

Un nuevo enfoque sobre la Merluza Peruana

Juan Fosca / Marcos Kisner


La industria de extracción y procesamiento de merluza fue afectada hace algunos años por la drástica suspensión de sus operaciones motivada por la larga veda que impuso la autoridad de Pesquería.

Esta crisis se generó, como lo reconoció en su momento el Imarpe, debido a que la data con la cual el órgano científico trabajaba estaba errada y arrojó cifras sobreestimadas en cuanto a la biomasa de merluza. Por tanto se había incurrido en sobreexplotación ya que se asignó cuotas de captura anuales calculadas sobre una biomasa total que al decir de Imarpe estuvo equivocada. En su momento se habló de un stock de 700 a 500 mil toneladas, por lo cual se asignaron cuotas anuales de 80 a 100 mil toneladas; pero de pronto cayeron en la cuenta de solo había 200 mil toneladas.
El Imarpe esperaba que la veda larga, la reducción de la TAC y la aplicación de CITs producirían la recuperación del recurso y un aumento de las tallas.

Lo concreto es que al año 2008, el recurso no se ha recuperado, y las tallas se mantienen por debajo de la mínima.
Estos dos hechos son suficientes para crear una duda razonable sobre la metodología que usa Imarpe para la evaluación de la biomasa así como sobre otros conceptos técnicos.

No se puede descartar el tema de sobrepesca. Se sobrepescó debido a una estimación errada y además se sobrepesca porque hay embarcaciones ilegales que realizan esfuerzo pesquero ilegal y a las cuales, además, pretenden legalizarlas por ley.

Hay años en que no se llega a cumplir la cuota total, argumento que algunos pretenden esgrimir para pretender incorporar más embarcaciones a la extracción de merluza.
Sin embargo lo que ello indica es que la cuota total no es susceptible de ser extraída por razones de costo y rentabilidad.
Hay plantas procesadoras sin flota que exportan grandes volúmenes de merluza proveniente de capturas ilegales que no se contabilizan dentro de la extracción anual.

Le falta comida a la merluza y con lo que hay en el ecosistema no es suficiente para todas las especies que requieren a la anchoveta como especie presa principal. Es necesario el manejo ecosistémico y que se deje un mayor volumen para las otras especies. Sin comida suficiente el ecosistema pierde resiliencia y productividad.

Es importante sincerar el comportamiento de las capturas, considerar y reconocer el exceso de capturas de la flota merlucera ilegal y sus impactos en una población ya en estado bastante crítico.

Por esa razón se presenta una hipótesis sobre los hábitos alimenticios de la merluza que pretende explicar porqué esta no crece.
Esta hipótesis, merece ser evaluada e investigada y no descartada a priori.
Se propone un manejo por caladeros que merece ser estudiada y convertida en una norma.

Debe destacarse que el hecho de mencionar la posibilidad de pedir una mayor investigación específica sobre la merluza a investigadores independientes, no es una muestra de desconfianza hacia el Imarpe, sino que se genera por la necesidad de contrastar diagnósticos tal como haría un enfermo de cáncer al pedir una segunda opinión.

La industria deberá asumir que en el corto plazo no se podrá volver a los niveles de captura de merluza anteriores y que esta deberá dejar de constituir un elemento importante en sus flujos de caja debiendo buscar alternativas de procesamiento de otras especies, así como dar el mayor valor agregado posible a la merluza que puedan extraer mientras dure el período de su recuperación.

El control de la pesca ilegal es vital para asegurar que la cuota anual no sea burlada.

Antecedentes

Tras casi una década de gestión en procura de la recuperación de la pesquería de merluza en el Perú no se observan signos de mejoría en la porción susceptible de ser explotada.

Es el caso, que la talla y el factor de condición de los individuos que conforman la biomasa de merluza no manifiesta progreso alguno.

Objetivamente se aprecia que la merluza adulta en promedio no crece más allá de 26 cms cuando debiera superar largamente los 35 cms de largo.
La industria pesquera y procesadora de la merluza, el personal que labora en dicho sector y sus proveedores y los consumidores observan hoy que la metodología de evaluación y gestión pesquera aplicada no ha producido los resultados pronosticados.

El tremendo sacrificio y esfuerzo desplegado por años por todos los integrantes de la comunidad pesquera dependientes de la merluza, deviene por ello en infructuoso.

Qué se esperaba

Además de una biomasa de magnitud aceptable se esperaba percibir una tendencia de acercamiento gradual a una talla de moda 35 cms, signo inequívoco de recuperación. Dicha tendencia no se manifiesta hasta ahora.

Metodología de evaluación del recurso merluza

El desempeño de la merluza es analizado en forma aislada e independiente del resto de recursos hidrobiológicos que forman parte de su ecosistema.

La información que se recolecta del propio recurso se analiza e interpreta mediante modelos matemático-estadísticos. Sobre la base de las estimaciones resultantes se definen los parámetros y mecanismos reguladores de la extracción que se suponen adecuados para su recuperación y sustentabilidad.

Dichos mecanismos reguladores consisten esencialmente en establecer medidas restrictivas de la extracción en diversos grados y formas.

Al margen de ser cuestionables el modelo matemático-estadístico aplicado, las desviaciones en la apreciación de los resultados, la validez y precisión de la data recolectada y empleada en las estimaciones, lo único evidente y objetivamente demostrado es que el pez merluza no crece como se espera.

La omisión

La comunidad pesquera de la merluza ha omitido prestar atención a la investigación respecto a la debida alimentación de la merluza.
La ingesta adecuada es regla fundamental de vida y determinante del crecimiento de los seres vivos.

La hipótesis de un deficiente crecimiento por malnutrición

Resulta impostergable que se atienda e investigue la hipótesis de un deficiente crecimiento por malnutrición provocado por externalidades de otras pesquerías y que se formule recomendación para adoptar medidas cautelares precautorias.

Consideraciones preliminares

En la evaluación de dicha hipótesis debe tenerse presente que la merluza es una especie bento pelágica que en su estadío de crecimiento a adulto es carnívora por excelencia y que se desplaza desde los fondos donde se refugia hasta cerca de la superficie en procura de alimento.

Asimismo, el gran tamaño, forma y equipamiento de la boca, el intestino corto, la vejiga natatoria significativamente desarrollada que -modificando su factor de boyansa- la faculta a trasladarse verticalmente sin esfuerzo muscular, las limitadas reservas de grasa (energía), la musculatura laxa, baja movilidad, nado lento y sedentarismo son características que evidencian las opciones y preferencias alimenticias de la merluza.

La merluza busca alimentarse de presas altamente nutritivas, pertenecientes a cardúmenes de alta densidad ubicados en área y estrato de alta productividad. Su presa objetivo pertenece necesariamente al segmento de peces pelágicos.

De la magnitud de la ingesta requerida

La merluza requiere de especies presa para una ingesta en el orden de magnitud equivalente a 10 a 20 veces su peso corporal al año, dependiendo el factor del valor energético y nutricional del alimento a su alcance y de su digestibilidad.

La magnitud de la biomasa presa necesaria para atender la demanda de ingesta de una biomasa (predadora) de 100,000 toneladas de merluza en estadío de crecimiento esta en el rango de 1'000,000 a 2'000,000 de toneladas por año.

Si dichas magnitudes no estuvieran disponibles y a su alcance, por cualquiera que sea la razón, es de esperar que su crecimiento se retarde en concordancia y se manifiesten además indicios de canibalismo.

Estructura de la hipótesis

La hipótesis plantea:

1. Que el valor nutritivo de la ingesta actual de la merluza en proceso de crecimiento no corresponde al valor nutritivo de la ingesta natural histórica anterior a la instauración de las pesquerías intensivas; en tanto éstas habrían removido del entorno su alimento fundamental.

2. Que ciertas pesquerías intensivas retiran del ecosistema de la merluza sus presas preferidas resultando de ello que la calidad y cantidad de alimento sustituto sea insuficiente para los requerimientos y desempeño normal de la merluza en crecimiento.

3. Que, como consecuencia de lo antes mencionado, los especimenes de merluza subalimentados priorizan el destino de la proteína y energía ingerida en atender

(i) su demanda funcional,
(ii) su supervivencia
(iii) la reproducción quedando postergados o reducidos:
(iv) la tasa de crecimiento y
(v) el factor de condición.

Corolario de la hipótesis:

Queda desvirtuado y resulta inaceptable fundamentar la investigación estadística sobre el desempeño del recurso en la existencia de concordancia o correlato entre la talla y la edad en la merluza durante el estadío de crecimiento.

El establecimiento de medidas radicales de reducción del esfuerzo pesquero e incluso la veda absoluta de la pesquería no conducirá a la recuperación o mejoramiento de las tallas ni del factor de condición de la merluza.

La recuperación ansiada de la merluza será consecuencia de un manejo de la pesquería con criterio ecosistémico que priorice el concepto de interdependencia de los recursos y regule la extracción de la merluza y de las diversas especies que coexisten con ella, en porciones alícuotas a su participación en la estructura trófica de su hábitat.

En general, no se puede ni debe consentir la extracción de determinados recursos naturales en volúmenes al límite de privar a otros recursos naturales de su alimento convencional indispensable, más aún siendo estos de mayor interés de la comunidad.
La ecuación de equilibrio presa-predador de la merluza debe ser reestablecida en función de los intereses y beneficio de la comunidad.

Antes y Ahora: punto de partida de la investigación

Se hace necesario establecer términos de referencia del 'antes' para evaluar las desviaciones nutricionales del 'ahora'.

El 'antes' es un escenario equilibrado cuasi ideal compuesto por biomasas de diversas especies interdependientes, auto-regulada por la ecuación presa predador que ha forjado y adaptado a lo largo de miles de años las características morfológicas y habilidades de sus integrantes para desenvolverse en el entorno que comparten y del que dependen.

Para los efectos se hace indispensable comparar la estructura trófica asociada a la merluza anterior y posterior al impacto antropogénico intensivo de su entorno para lo cual se debe emprender lo siguiente:

1. Identificar, cuantificar y valorar las diversas biomasas propias y preexistentes en el ecosistema de la merluza adulta antes de los impactos pesqueros intensivos.

2. Identificar las preferencias naturales de la merluza en crecimiento por diversas presas considerando criterios como alcance, costo-beneficio, eficiencia, balance energético y convertibilidad.

3. Identificar, cuantificar y valorar las diversas biomasas al alcance de la merluza en estadío de crecimiento a la fecha.

4. Elaborar un balance comparativo antes/ahora de las biomasas objetivo de la merluza en crecimiento considerando factores como volumen disponible y potencial proteico y energético.

Propuesta de ajuste a la política pesquera en general

Innovar elaborando un modelo de gestión pesquera que (i) valore comercialmente las biomasas de los diversos recursos pesqueros disponibles y recuperables, (ii) que valore individualmente el impacto socioeconómico de su recuperación y explotación sustentable y (iii) que establezca criterios de prioridad y preferencia de cara a las externalidades negativas que pudieran sobrevenir de la explotación de cada uno de ellos.

Estudiar fuentes alternativas de financiamiento para soportar los costos de una investigación científica adecuada.

Para efectos de control de la pesca ilegal, y a fin de hacer este control menos costoso, se intensifique el control sobre las plantas de procesamiento y sobre el mercado de pescado fresco nacional. El control debiera ejercerse de forma tal que aquella planta que procese pesca que no provenga de embarcaciones pesqueras con cuota asignada y/o debidamente identificada si se tratase de artesanales sea drásticamente sancionada. Sería conveniente incorporar medidas de sanción más drásticas como la pérdida de licencia o cierre de la planta.

De alguna manera introducir el concepto de trazabilidad a la extracción de la merluza mejoraría su control.

El empleo generado por la merluza y la cuestión social

Respecto al empleo, cada Embarcación Arrastrero Costera en condiciones normales pesca un promedio de 10 toneladas por zarpe y ocupa a 9 tripulantes y 2 abastecedores y descargadores en el muelle: total 11 jornales cada 10 TM
En consecuencia, cada tonelada de merluza en la extracción y hasta el desembarque ocupa a un trabajador por un día.
Incorporar más flota no mejora el número de jornales puesto que estos están en relación directa a la cantidad de merluza que se pesca.
Si, por ejemplo, se tienen 10 pollos que sirven para alimentar a 20 personas a razón de medio pollo por persona, incrementar 10 personas más solo permitirá que cada persona en lugar de comer 500 gramos de pollo consuma tan solo 333 gramos. Por tanto es el recurso el que define la cantidad de trabajadores y no estos últimos.

Respecto a la transferibilidad, no recorta la capacidad de empleo: los armadores contratan a la mejor gente y los emplean para sacar su cuota rotándolos en las diversas embarcaciones por su capacidad personal, son expertos y experimentados. Obligar a que el armador no pueda transferir su cuota no significa que este realizará una faena de pesca. Solamente la realizará si le es rentable hacerlo, y con la tripulación que estime más eficiente.

La pesca de arrastre no califica de artesanal. Consentirlo impulsa que empresarios se disfracen de artesanales para incluirse como nuevos participes.
La pesca ilegal debe ser combatida y confiscados los aparejos (la red y el winche en caso de arrastre en el caso de la flota de madera de Paita p.e.)

La asignación de las cuotas individuales transferibles es la mejor opción de manejo porque para muchos armadores no será rentable operar sus embarcaciones en una operación de pesca que puede resultar muy costosa. Por tanto es lógico que prefieran vender o transferir su cuota a aquellos armadores que por la naturaleza de sus embarcaciones y/o experiencia de sus patrones puedan asumir el riesgo de una faena de pesca en mejores condiciones.

Asignar las cuotas individuales deviene en una necesidad a fin de que el sector se regule por sí mismo permitiendo salir a pescar a las embarcaciones más eficientes.

Asumir como necesaria la una mayor investigación por parte del Imarpe y también, si fuese posible, por científicos investigadores independientes que permitan llegar a las mejores conclusiones en los temas que tendrán impacto en las decisiones de ordenamiento que deberán adoptarse en el futuro cercano.

Una novedosa forma de democratizar el acceso al recurso y generar simultáneamente fondos para la investigación es que del total de la cuota anual a repartir, el Estado se reserve el 10% de la misma, la cual sería subastada al mejor precio. A esta subasta podría acceder cualquier armador o persona con cuota o sin ella, lo que le daría un libre acceso limitado y generaría un fondo proveniente del mismo sector, no del Estado, que puede asignarse a actividades de investigación más profunda del mismo recurso merluza.

La propuesta técnica

Es posible innovar en la extracción mediante la administración dinámica de caladeros o zonas de pesca de tal forma que el cada caladero se cierre si la moda del cardumen presente en éste fuera menor de 26 cms.

La Administración no debe rehabilitar permisos de pesca incursos en caducidad por causales económico-financieras. Hacerlo impulsa la negociación de intangibles en desmedro de los participes activos (reduce los índices de participación individual y penaliza a aquellos que se sometieron a las restricciones del esfuerzo por la recuperación del recurso.)

Debe entenderse que la pesca industrial y la pesca artesanal son actividades humanas que provocan mortalidad y por tanto afectan la estructura poblacional de los recursos hidrobiológicos. La tendencia de la población costera por apostar por la extracción debe ser revertida. La percepción es errada y debido a desinformación.

La Administración debiera impulsar una corriente de opinión al respecto.

En los últimos 30 años el escenario pesquero ha cambiado radicalmente. Los indicadores lo evidencian:
- Menores volúmenes y menores tallas en las capturas,
- Los pescadores costeros se han convertido en pescadores de altura o proveedores de la industria harinera.
- Los botes y aparejos artesanales tradicionales se han reconvertido y mecanizado
- La capacidad de bodega y el esfuerzo pesquero se multiplica
- El número de partícipes aumenta.- Las temporadas de pesca exitosa de acortan
- Persiste la ilusión del pescador de tomar riqueza del mar y aumenta su frustración.

El recurso pesquero no aumenta en función de la demanda. La Ley de Pesca tiene carácter promocional y ello debe cambiar; la Ley debe volverse regulatoria, limitativa y exclusivista. (Aún cuando aquello parezca impopular). Pescar no podrá ser un derecho sino debe ser considerado un privilegio. El privilegio será de unos pocos que se obliguen a sacar la cantidad justa que garantice la sostenibilidad de las especies al menor costo en beneficio de la alimentación humana. Resulta ineludible motivar un giro en la investigación y en la política de recuperación de muchos recursos.

Sostenemos que un enfoque pragmático, que considere el efecto de la complejidad ecológica, y que al mismo tiempo evite la indiscriminada adición de detalles a modelos matemáticos de competencia (entre especies), es la mejor manera de proporcionar asesoramiento científico sobre cuestiones que requieren una acción urgente.

Ecosistema Paita Bayobar

Cuando todos los indicadores señalan que los recursos pesqueros en un área están en decadencia, cuando se han aplicado las propuestas formales sin éxito, es tiempo de innovar, de ser pragmático y reconocer que no hay verdad absoluta.
Es tiempo de intentar medidas preventivas relacionadas a las pesquerías de presas en el sistema Paita-Bayobar, sujetas a ajustes a la luz de la investigación futura.

La debida alimentación

La hipótesis de que la mala alimentación de la merluza es factor importante responsable de que no alcance las tallas debidas, debe ser asumida por el órgano científico como una posibilidad que merece investigación.