La gestión pesquera
Se espera que, antes de entrar en propuestas promocionales de la pesquería se realice un estudio que permita determinar cuáles serían las especies objetivo, cuál el volumen de su biomasa, cuáles serían los períodos de vedas reproductivas, cuál sería el efecto ecosistémico de su explotación, para llegar a determinar una tasa anual de captura por especie. De esta información se deriva la capacidad de bodega que debería tener una flota con intención de incursionar en la actividad extractiva, la cuota anual de extracción, las cuotas individuales a asignar y los períodos de pesca. Solo entonces podríamos pretender introducir mayor esfuerzo pesquero sobre el ecosistema marino de Humboldt.
27 de agosto de 2016
El discurso para la pesca en el nuevo Gobierno del Perú
En
pesquería el discurso viene centrado, hasta ahora, en las zonas de pesca y en
dos decretos supremos promulgados por el gobierno anterior. En términos
generales se ha mencionado como metas ante el Congreso de la República, el uso
óptimo de los recursos pesqueros sin afectar al medio ambiente, acciones sobre
tecnología e infraestructura de desembarque artesanal, fortalecimiento del
control y el potenciamiento de la acuicultura y la pesca artesanal. Este
discurso debe formalizarse a través de planes y presupuestos. Mientras no sea
modificado, continúa vigente el Plan Estratégico Sectorial Multianual (PESEM)
formulado en diciembre de 2015 por la administración anterior.
Al
no existir objetivos de largo plazo que trasciendan un período de gobierno,
convertidos en Política de Estado, no hay garantía de continuidad de políticas.
En el país, cada cinco años las administraciones pueden ignorar los planes y
objetivos de sus antecesores y diseñar los propios para el periodo que dura su
mandato.
Si
el actual PESEM se mantuviese, sería porque la nueva administración no tiene
pensado formular uno nuevo. También se puede no diseñar nada nuevo ni respetar
lo existente, sino seguir la inercia de la coyuntura política.
Sin embargo, lo
que el ciudadano espera al inicio de un gobierno, cuando no hay políticas de
Estado ni objetivos de largo plazo, (como es el caso de la pesca peruana), es
que se reformule el PESEM en función a nuevos objetivos estratégicos para el
quinquenio y que estén de acuerdo con la visión del plan del nuevo gobierno. El
problema es ¿Quién pone la agenda cuando no existen objetivos precisos
formulados en el Plan de Gobierno?
La
intención de hacer cosas durante una gestión, requiere del sustento técnico
legal que la soporte y permita elaborar los planes operativos y presupuestos
correspondientes, que conduzcan a productos identificables y medibles como
resultado de la gestión. El tema es que el ordenamiento legal en cuestión de
planeamiento, no parece ser muy respetado, o conocido.
En la edición de Septiembre de la Revista Pesca se analiza la problemática del diseño de planes en la Gestión
Pública.
La
importancia de la pesca en el Perú y la necesidad de que su administración
cuente con planes de largo plazo, manejados por funcionarios conocedores de la
problemática pesquera, no ha sido entendida, aceptada, o asumida por el
Ejecutivo desde hace varios años. La pesca no es un tema importante desde hace
un buen tiempo atrás. Existen opiniones,
sugerencias y recomendaciones técnicas procedentes de varias fuentes con
adecuada experiencia pesquera, que pareciera no son conocidas por quienes tiene
capacidad de decisión en el Gobierno.
La inexperiencia en temas pesqueros,
sobre todo de pesca artesanal, ha sido una debilidad de varias
administraciones.
El
desconocimiento del sector pesquero es compartido por la prensa y por la propia
sociedad. Por tanto ambos resultan indolentes al problema. Existe un vacío de
conocimiento que permite la manipulación de información. El ciudadano común
está expuesto a una u otra corriente de opinión sin mayor posibilidad de
argumentación. Lo único claro en el inconsciente colectivo, es que somos buenos
porque exportamos mucho pescado en forma de harina, conservas o congelado. Por
tanto, lo demás deviene en irrelevante. La problemática pesquera seguirá siendo
tema de pocos, ignorado por los más y en manos de la política de turno.
La
restitución del Ministerio de Pesquería, que es un consenso casi general dentro
del sector, no tendrá eco, al menos por
ahora.
La
pesquería no es exclusivamente un tema de macroeconomía, exportación, harina de
pescado, congelados y conservas. Pero eso requiere de funcionarios con
experiencia, conocimiento del tema e ideas al respecto.
Marcos Kisner Bueno
La
revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y
de la pesquería.
Difunde
información obtenida de muchas fuentes, ideas y opiniones que tienen por objeto
exponer: la necesidad de hacer sostenible la extracción de los recursos
marinos; la urgencia de actuar en beneficio de la seguridad alimentaria nacional;
y el cuidado del ambiente. Pero sobre todo, contribuir con información amplia y
variada para que el lector empiece a formarse una opinión propia sobre la
problemática pesquera.
Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista
Pesca correspondiente a SEPTIEMBRE 2016 y a compartirla dentro de sus círculos
y redes sociales.
26 de julio de 2016
¿Que puede hacer la pesca por las poblaciones vulnerables del Perú?
En
agosto, que empieza a operar el gobierno elegido este año, una ciudadanía
ilusionada espera cambios que mejoren las cosas en cada sector. En Pesca, el
tema resulta más expectante por cuanto el Plan de Gobierno no hace mención
expresa a la pesquería y el nuevo Titular del Pliego no tiene experiencia en el
sector. ¿Qué peso tendrá Industria y qué importancia se dará a la Pesca y
Acuicultura?
Se
debería empezar por evaluar el Plan Estratégico Sectorial Multianual que deja
el gobierno saliente y que constituyó un nuevo formato para alinearlo al Plan
Nacional de Diversificación Productiva. Lo negativamente novedoso de este
PESEM, es que relegó a la pesca y acuicultura a su simple mención y
participación como aportantes del PBI y diluyó el documento en un mar de
conceptos, fórmulas y análisis complicados y alejados del espíritu simple de
los anteriores planes. Para sus autores, la actividad pesquera y acuícola solo
es importante desde la perspectiva de su aporte al producto Bruto Interno.
En
esta edición se publica una nota detallada al respecto.
El
asunto no debe ser subjetivo ni analizado solamente en función a la experiencia
de las nuevas autoridades. El tema es técnico y merece ser técnicamente
evaluado porque el PESEM es, o debería ser, la brújula que marca el rumbo del
sector por cinco años. De allí deriva todo lo demás.
El
sector es tan complejo y necesitado de tantas reformas, que sería iluso pensar
que se podrá hacer grandes cosas o cambios. Bastaría que se den pequeños pasos
en beneficio de una mejor participación del país en los resultados de la
extracción de recursos pesqueros, en beneficio de hacer a la pesca más
inclusiva desde la perspectiva alimentaria, y en avanzar hacia pesquerías
sostenibles y libres de corrupción.
Difícil;
pero imposible si no se cuenta con Directores Generales y de Línea, jefes y
funcionarios de OPDs honestos, comprometidos con el sector y con experiencia y
conocimiento del mismo. Empezar a trabajar al mismo tiempo que se empieza a
aprender no es la mejor receta, sobre la cual los últimos años han dado el
mejor ejemplo.
Se
requiere de acciones concertadas, técnicas y socialmente inclusivas, dejando de
lado la confrontación y el enfrentamiento. La habilidad para mantener el sector
en equilibrio definirá el éxito de los nuevos integrantes del equipo de este
gobierno.
Es
hora de la alimentación nacional y de lo que la pesca peruana puede hacer por
sus poblaciones más vulnerables. Porque el Estado no puede olvidar su deber y
su obligación con las poblaciones más pobres del Perú. Tiene que dejar de
priorizar y debatir temas de una industria que ya está regulada, para
concentrarse en el objetivo final más importante de la pesca, que debe ser la
alimentación nacional. La desnutrición y la anemia infantil son realidades
sobre las cuales los productos pesqueros pueden significar un aporte
importante.
Las
ciudades principales y las poblaciones costeras de una u otra forma acceden al
pescado y satisfacen más que necesidad de proteína, requerimientos gourmets.
Por otro lado, aunque lejos del alcance de todos los bolsillos, eventualmente
aparecen recursos accesibles como el bonito, caballa y jurel que adquieren
pobladores costeros y de algunas principales ciudades del interior.
Pero
¿qué posibilidades tienen las poblaciones dispersas a más de 3,000 metros de
altura, que solo recordamos cuando la televisión las pone en pantalla en época
de friaje? El problema va más allá de programas sociales asistenciales que no
resuelven el problema de fondo. Hay que buscar soluciones sostenibles.
La
Revista Pesca expresa su saludo a las nuevas autoridades y su deseo porque la
nueva administración de pesquería tenga el mejor de los éxitos.
Marcos Kisner Bueno
La
revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y
de la pesquería.
Difunde
información, ideas y corrientes de
opinión que tienen por objeto crear conciencia de la necesidad de hacer
sostenible la extracción de los recursos marinos, de seguridad alimentaria y del cuidado del medio ambiente. Pero sobre
todo, contribuir con información para que el lector empiece a formarse una
opinión propia sobre la problemática pesquera.
Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista
Pesca correspondiente a AGOSTO 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y
redes sociales.
27 de junio de 2016
EXPORTACIONES PESQUERAS Y ALIMENTACION NACIONAL
EDITORIAL REVISTA PESCA JULIO 2016
El
constante elogio de las exportaciones peruanas de productos pesqueros como la
harina de pescado y la pota, en los cuales somos los primeros en el mundo, como
se lee constantemente en algunas noticias, obviamente producen un patriótico
sentimiento de orgullo nacional, lo que no deja de ser una visión sesgada e
incompleta. El análisis del impacto que las exportaciones pesqueras producen en
el PBI, es también frecuente de observar; pero no se analiza el impacto de la
pesca en la alimentación y el desarrollo nacional.
La
percepción completa debe provenir de un análisis simple que muestre cuál es el
real beneficio que ha recibido el Estado peruano y cada ciudadano.
No
es suficiente satisfacer nuestro orgullo, ni preocuparnos por el impacto de la
pesca en el PBI solamente.
Tenemos que saber, si además, se está atendiendo la necesidad
nacional de alimentos con alto contenido proteínico y cómo se está
contribuyendo con el desarrollo del país. Debemos conocer la manera con la cual
se está beneficiando el país, a través
de la presentación de cifras precisas que muestren la participación nacional de
la renta que genera ese primer puesto en las exportaciones. Cuánto dinero
ingresa al Tesoro Público proveniente de la actividad pesquera y cómo se le
distribuye e invierte.
La
Nación necesita conocer:
¿Cuál
es la renta de la industria y qué porcentaje de la misma se destina a
satisfacer necesidades de la población?, ¿Cuánto ganamos los peruanos en
términos reales por la explotación de nuestros recursos pesqueros?; ¿En cuánto
y cómo contribuye la pesca a reducir el índice de desnutrición infantil?; ¿Cómo
contribuye la pesca a incrementar la seguridad alimentaria del Perú, en
especial de las poblaciones vulnerables?
La
alimentación nacional debe ser la prioridad, no así la exportación, que si bien
forma parte importante en el contexto del modelo económico, no tendría por qué
competir con ventaja, con la comercialización de productos pesqueros en el país.
Exportar tiene privilegios y ventajas que no
tiene el mercado nacional.
El
procesamiento de la anchoveta para el mercado interno, así como su
comercialización en estado fresco, carecen de normas apropiadas y promocionales
que dificultan que la población nacional, especialmente las poblaciones más
vulnerables, accedan a este recurso.
Mejorar
la competitividad de la cadena productiva de la pesca artesanal, que es la que
proporciona el abastecimiento al mercado nacional, es un reto que requiere de
voluntad y decisión políticas en un marco de innovación, desarrollo tecnológico,
investigación y capacitación integrales y no a través de acciones aisladas.
Marcos Kisner Bueno
La
revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y
de la pesquería.
Difunde
información, ideas y corrientes de
opinión que tienen por objeto crear conciencia de la necesidad de hacer
sostenible la extracción de los recursos marinos, de seguridad alimentaria
y del cuidado del medio ambiente. Pero
sobre todo, contribuir con información para que el lector empiece a formarse una
opinión propia sobre la problemática pesquera.
Los invito cordialmente a leer la edición de
la Revista Pesca correspondiente a JULIO 2016 y a compartirla dentro de sus
círculos y redes sociales.
10 de junio de 2016
LA PESQUERIA PERUANA DESDE LA PERSPECTIVA DEL MERCADO
El
potencial pesquero que Perú posee por sus posibilidades de extracción del
recurso anchoveta, lo coloca en una
posición privilegiada dentro del contexto mundial. Sin embargo, más allá del
análisis económico se hace necesario una reflexión más profunda que vaya más
allá de la aritmética de la economía global.
El Estado no interviene nada
más que dando el marco regulatorio dirigido a cumplir metas de control
biológico y de protección. Las medidas
comúnmente aplicadas son: las vedas, las cuotas, limitaciones al tamaño mínimo,
control de artes y sistemas de pesca, etc.
El objetivo de este ordenamiento es la preservación de las especies más
explotadas, restringiendo la presión sobre su biomasa en etapas críticas.
Todo el movimiento
exportador genera ganancias, y se realiza dentro de las normas legales
vigentes; pero se hace con un recurso natural que es patrimonio de la Nación y
que debe ser regulado por el Estado para que alcance a todos sus propietarios,
o sea todos los ciudadanos peruanos. Es por eso que existen los impuestos y los
derechos de pesca.
El problema es que
analizando las cifras de los últimos diez años, se aprecia que muy poco
beneficio práctico y real ha sido trasladado a los habitantes del país, por lo
menos en términos de alimentación.
Se subraya lo
siguiente:
Cada armador y pescador
posee como criterio básico y principal el hecho de que no tendrá en cuenta el
resultado de sus decisiones sobre el bienestar de la sociedad;
No tiene en
consideración el rendimiento del resto de los pescadores o armadores, ni el
crecimiento o situación del stock;
El armador o pescador
bajo libre acceso no tiene incentivos para considerar dichas cuestiones, ya que
lo no capturado por él, será capturado por otro.
En consecuencia, cada
armador, cada empresa pesquera, cada pescador, actuarán guiados por la
maximización de su renta individual que le garantiza obtener un ingreso neto
superior al que le correspondería en otras actividades alternativas.
En la medida que la
industria pesquera peruana posee una capacidad de capturas muy superior a la
tasa a la que los ecosistemas pueden reproducirse, significa que los recursos
hidrobiológicos así como el capital no se
están utilizando eficazmente.
De
la misma forma, la globalización ha formalizado la desviación de la mayor parte
de la producción pesquera de los mercados locales y nacionales hacia los
mercados de exportación, lo que crea una triple preocupación:
Cómo
se distribuyen los beneficios;
Como
repercute y qué efectos genera sobre los recursos hidrobiológicos, debido a la
intensa presión sobre los mismos.
Cómo
afecta a la alimentación nacional el desvío de sus recursos alimentarios hacia
el extranjero.
La rápida innovación
tecnológica que permite e incentiva el incremento de las capturas debe obligar
al Estado a limitar y a imponer controles y límites a la pesquería. La
sobreinversión y la sobrecapitalización del sector pesquero no son una
responsabilidad del Estado, sino del empresariado.
Por tanto el éxito económico
de esas inversiones no pueden constituir argumento alguno para ejercer mayor
presión sobre las capturas.
De ahí la necesidad de
regular y controlar el esfuerzo pesquero, dentro del marco de una Política de
Estado que privilegie los intereses de la Nación antes que los extranjeros.
Es necesario llevar a
cabo políticas de gestión adaptadas a los principios de precaución y de interés
nacional.
En este escenario cabe
preguntar si la capacidad de producción de hidrobiológicos del Perú permite
incrementar su oferta exportable, que se verá presionada y favorecida por la
firma de tratados de libre comercio.
Es evidente que en el
caso de harina de pescado producida en base a anchoveta, no habrá posibilidad,
(no debería haberla por lo menos) de incrementar las cuotas de captura, por lo
cual no habría forma de incrementar estas exportaciones.
En el caso de recursos
destinados al Consumo Humano Directo, a menos que se orienten capturas a nuevos
recursos o recursos subexplotados, tampoco habría forma de producir un
incremento de la oferta.
La única forma de
incrementar la oferta exportable, sin afectar al ecosistema marino peruano,
sería con productos provenientes de la acuicultura. Esto nos lleva a la
hipótesis de que el sector pesquero peruano solamente puede ofrecer
posibilidades de grandes inversiones en acuicultura, más no en mayor oferta de
productos terminados para exportación procedentes de la pesca de captura.
Queda vigente la
cuestión de si es éticamente aceptable exportar proteína a terceros países en
circunstancias en las cuales hay una demanda nacional insatisfecha.
El sector pesquero se
inscribe y se inserta en el proceso de la globalización, reflejado por la
liberalización de los intercambios, de las inversiones y las dinámicas de
especialización productiva.
El escondido detrás de esto es la direccionalidad
hacia la alimentación de otras poblaciones, utilizando al máximo recursos
renovables hasta ponerlos en riesgo, mientras nuestra población tiene
insuficiencias y carencias alimentarias.
Toda actividad
comercial que afecte a la seguridad alimentaria cercena el derecho al alimento,
uno de los derechos humanos más básicos.
La vocación exportadora
del sector, coherente con el modelo económico vigente, condena a la población
peruana a disponer de una oferta de recursos hidrobiológicos insuficiente y de
calidad discutible si la comparamos con la calidad del denominado “producto de
exportación”.
Tan selectivo es el
asunto que en las etiquetas se pone el término “calidad de exportación” como
para reafirmar ante el país y el mundo entero, que en el Perú hay una clara
selectividad: lo que se exporta es mejor que lo que se deja para el consumo
interno. Se mantiene un doble estándar
de calidad, cuando la tendencia debiera ser a acuñar la frase Calidad Peruana,
eliminando esa discriminación injusta y ofensiva.
Tan poca atención se
presta al país, que existe un Ministerio de Comercio Exterior, pero no existe
un Ministerio de Comercio Interior. Al sistema le preocupa más satisfacer las
necesidades alimentarias de los países desarrollados que las necesidades de la
propia población. Aparentemente la tesis es que la seguridad alimentaria
peruana no necesita (y
por tanto no existe) una política pesquera, pues el mercado se hace o debería
hacerse cargo de ella.
En ese orden de cosas, la
exportación es más atractiva por los beneficios tributarios que se derivan de
ella para los exportadores. El mercado
interno carece de similares estímulos. Por tanto es posible hablar de subsidios
a la exportación pesquera.
Si bien es cierto que la
selección de mercados es una decisión empresarial, también es cierto que el
Estado no debería ser ajeno al tema, ya que la alimentación popular es una
obligación de la cual no puede evadirse. Por consiguiente, cuando se examinan
las exportaciones pesqueras debe analizarse principalmente el modo en el que
reducen la disponibilidad de pescado para el consumo nacional.
Tanto en forma
indirecta (a través de la reducción de la biomasa de las especies forraje como
la anchoveta para producir harina), como en forma directa.
Es importante tomar en cuenta
que aunque el Perú tiene una participación importante en la explotación de
recursos pesqueros a nivel mundial, esta no aporta los beneficios que merece la
población peruana.
Los objetivos a largo plazo
debieran ser llegar a un total dominio de la tecnología que permita, de manera
costeable, el cultivo de especies acuícolas para el aprovechamiento de las
lagunas, y también las marinas para dejar de ser únicamente cazadores y llegar
a manejar cultivos en escala oceánica.
Es posible entonces que
dispongamos de una oferta exportadora razonable.
Los países desarrollados
consumen la mayor parte de la producción mundial de alimentos, en especial los
hidrobiológicos. Las personas que tienen más dinero para comprar más alimentos
lo utilizan para el pago de productos cada más sofisticados en elaboración,
envasado, y otras exquisiteces. Más allá de la necesidad básica de alimentación
se satisfacen exigencias gastronómicas.
El hecho es que mientras esto
ocurre en los países desarrollados, en el resto del mundo, en nuestro país, al
mismo tiempo, una parte considerable de la población continúa con bajos niveles
de consumo y de acceso a los alimentos, con la consecuente persistencia de
niveles de desnutrición.
Es éticamente imposible negar
esta realidad, menos aún ante una de las características más espeluznantes de
la estructura pesquera nacional: la coexistencia del hambre con la exportación
de nuestros productos alimenticios hidrobiológicos.
La captación de conocimiento y
el desarrollo de habilidades empieza por una buena educación y entrenamiento.
Ello implica una sociedad que prioriza la educación, el desarrollo del
conocimiento.
Ambos elementos requieren como elemento básico una niñez bien
alimentada que pueda asimilar una buena educación. Sin alimentación apropiada, es poco probable
que se pueda asimilar una buena educación. Por tanto, las nuevas generaciones
estarán enfrentando futuros inciertos en desventaja frente a otras sociedades.
La desnutrición crónica es un
indicador que tiene frenado al país y que mientras no se resuelva no permitirá
el crecimiento nacional con equidad y sin exclusión.
En ese contexto, el producto
alimenticio es más rentable cuando se exporta. La necesidad de otros países es
una fórmula mágica que lo transforma todo en oro, una fórmula a recitar como
El modelo vigente se da el
lujo de exportar sus recursos naturales alimentarios mientras posee un índice
de desnutrición del 24% como promedio nacional.
Niños menores de dos años
padecen de desnutrición crónica en el Perú y sufren de anemia por deficiencias
de hierro en su alimentación. Pero nos jactamos del éxito económico que significan
los volúmenes de proteína exportados tanto en forma de harina de pescado como
de productos hidrobiológicos congelados y en conservas.
El 19,5% de los niños menores de cinco años sufren de
desnutrición crónica, consecuencia en gran medida de la escasa disponibilidad
de alimentos nutritivos (Midis, 2012). La meta de la Estrategia Nacional de
Seguridad Alimentaria y Nutricional 2013-2021 es la reducción de la
desnutrición crónica infantil en niños menores de cinco años de edad de 18,1% a
5% entre los años 2012 y 2021 (Comisión Multisectorial de Seguridad
Alimentaria y Nutricional, 2013). Para lograr esta meta, se ha definido que
la seguridad alimentaria tiene cuatro dimensiones de análisis: i) producción de
alimentos, ii) acceso y disponibilidad de alimentos, iii) consumo de alimentos,
iv) oportunidades para el incremento de ingresos.
Los principales problemas de
inseguridad alimentaria que presenta el Perú no se dan por el lado de la
disponibilidad y estabilidad general en el suministro de alimentos, sino más
bien por el lado del acceso, de manera específica por el lado de los niveles de
ingreso, así como por la distribución y oferta adecuada de alimentos
hidrobiológicos por parte de la población.
En este sentido, la
seguridad alimentaria en el Perú está estrechamente vinculada a la distribución
de sus recursos. Es debatible, desde este punto de vista, el modelo que
sostiene y defiende la exportación de dichos recursos.
No es lo mismo exportar
minerales o textiles que recursos naturales alimentarios (renovables solamente
en la medida que se protegen debidamente), poniendo en riesgo la sostenibilidad
de los mismos. Exportar recursos naturales no renovables como los mineros y
recursos renovables como los agrícolas tienen una connotación diferente a la exportación
de recursos pesqueros.
La exportación de
espárragos, alcachofas o mangos, por ejemplo, no es igual que la exportación de
pescado.
La exportación de los
primeros es útil para la economía del país en la medida que su consumo interno
no es trascendente para la aliviar la desnutrición ni para asegurar la ingesta
proteínica de nuestra población.
La exportación de los
recursos hidrobiológicos sí tiene un efecto directo sobre los niveles de
nutrición y alimentación básica de nuestra población en la medida en que, si
bien es cierto son recursos renovables, su renovación está sujeta a serios
riesgos. Uno de ellos es que la extracción de algunas especies perjudique la
capacidad de renovación de las poblaciones que dependen de aquellas para su
propia alimentación.
No parece ser la mejor
opción arriesgar o comprometer nuestros recursos de alimentación en beneficio
de otras poblaciones. Sin dejar de ser solidarios con poblaciones que requieren
de mayor aporte de proteína, la obligación primaria del Estado es asegurar la
alimentación de nuestra población y recién entonces exportar los excedentes.
Vivimos una época
diferente provocada por el cambio climático y la crisis alimentaria. Nuestro
mundo no es el de hace 20 años. Es necesario afrontar estos nuevos escenarios
con criterios diferentes, con nuevas concepciones que vayan más allá del libre
mercado y de la globalización que, en materia alimentaria pareciera favorecer
más a los demás países que al nuestro.
Un mundo nuevo ha
empezado a comer y no hay para todos”, afirmó José María Sumpsi, subdirector
General de la FAO. Y explica que el tema se basa en una “asimetría” entre oferta y demanda: “No se
esperaba que los países emergentes -China, India, Indonesia, Brasil- creciesen
tanto, y se han expandido a un ritmo anual del 10%-12%. Eso ha producido una
explosión de la demanda. No estábamos listos”.
El mercado no puede
resolver el problema. Hay una imposibilidad para acceder a los alimentos por
parte de amplias poblaciones que no pueden pagar los precios actuales. La solución
no puede ser más libre comercio porque más libre comercio implica más hambre y
menor acceso a los alimentos. El empresario privado optará siempre por vender
sus productos con mayor valor agregado al mejor precio y al mejor postor. En
esa lógica de pensamiento siempre encontrará en la exportación un mercado
dispuesto a pagar caro por alimentos o materia prima para producir alimentos
gourmet que satisfagan no necesariamente el
hambre sino exigencias gastronómicas. El ciudadano pobre que solo requiere proteína
barata tenderá a ser excluido de esa lógica de mercado.
Los alimentos serán, en el
corto o mediano plazo, un recurso escaso que podría convertirlos en recursos
estratégicos para negociar no solo mejores precios sino condiciones más
favorables para el desarrollo del país.
La visión debiera ser la de
utilizar nuestra producción de recursos hidrobiológicos prioritariamente para
nosotros mismos, proteger su renovación y crecimiento aplicando enfoques
ecosistémicos, y exportando solamente aquellos que excedan a nuestras
necesidades.
Exportamos harina de pescado
para alimentar peces cultivados en otros países, exportamos congelados a otros
países para alimentar a otras poblaciones, y exportamos conservas a otros
países para alimentar también a otras poblaciones.
Lo que no se puede exportar se
destina al mercado nacional. Además, lo que no satisface los estándares de
calidad de los mercados internacionales, se traslada al mercado nacional. Se
mantiene un doble estándar de calidad menospreciando al consumidor peruano.
La pesca de consumo en estado
fresco, por sus volúmenes y por cuestiones de mercado, se destina a la
población nacional. Si tuviese demanda internacional con toda seguridad se
exportaría.
Marcos Kisner Bueno
Marcos Kisner Bueno
27 de mayo de 2016
Consumo de pescado: el Peru primero
Editorial de la Revista Pesca de Junio 2016
El Perú primero
La
Ley General de Pesca, diseñada en la década de los 90 está basada en un esquema
neoliberal y un espíritu promotor de la actividad pesquera, con una regulación
flexible basada en el mercado, lo que aparta el concepto de inclusión social y
justicia social. La actividad de extracción ya no debe tener un marco promotor,
sino precautorio ante la evidencia de agotamiento de los stocks pesqueros y/o
ausencia de información científica que permita establecer límites máximos de
extracción. Puede haber especies que si pueden ser promovidas; pero con una
base científica sólida que marque un límite. Los recursos pesqueros son
renovables; pero no son inagotables.
Una
nueva visión para la pesquería del Perú debe crear una doctrina que tiene que otorgar
a los aspectos sociales, políticos y ambientales, mayor énfasis que en el
modelo actual. Se debe integrar al modelo actual, las actividades
socioeconómicas, las de protección del medio ambiente, las de mantenimiento de
la calidad de vida de las poblaciones ribereñas y las de una justa
participación social en la renta de la industria. Debe tener como meta principal
disponer de pesquerías sostenibles en el contexto de una nueva gobernanza. La visión de un nuevo modelo debe proponer
construir un equilibrio entre las necesidades del mercado, las de conservación
de los recursos, y la priorización de la población nacional en la atención de
su alimentación basada en productos hidrobiológicos.
La
expresión “pesquerías sostenibles” va más allá del simple enunciado y
responde a todo un contenido de acciones y estrategias que a su vez requieren
de medios para alcanzarlas, dentro de los cuales destacan, además de los
económicos, el de ciencia, tecnología e innovación. El Estado tiene que ser el
ente que garantiza el equilibrio entre el mercado, la justicia social y la
conservación del ambiente y los recursos pesqueros, utilizando a la ciencia y
la tecnología como componente importante en la nueva gobernanza pesquera. Debe
orientar su visión a alcanzar el fin supremo, cual es el servicio al ciudadano
a través de la provisión de alimentos de origen hidrobiológico, que contribuya
a conseguir la seguridad alimentaria y a erradicar la malnutrición infantil en
el Perú, en primera prioridad, antes que alimentar a otros países.
El
actual modelo de gestión, sesgado hacia el mercado y la exportación, presume
que las pesquerías solamente son sistemas económicos con todo lo que ello
implica. Minimiza la importancia del mercado nacional y la contribución a la
alimentación nacional
Denomino
modelo de gestión al marco formado por una doctrina pesquera nacional que
produzca una nueva base legal modernizando la vigente, sobre la cual se pueda perfeccionar
el Modelo Organizacional Institucional actual. Diferencio entonces el modelo de
gestión del modelo organizacional.
Los
recursos hidrobiológicos marítimos y continentales son un recurso natural que es patrimonio de
la Nación. El Estado los entrega en concesión, de acuerdo a la normatividad
vigente. El usufructo de los mismos se hace bajo condiciones que establece la
regulación que se aplique a cada especie, la cual debe encontrar el justo
equilibrio entre las necesidades del país y las del sector privado.
Artículo 66.-
Recursos Naturales. Los recursos naturales, renovables y no renovables, son
patrimonio de la Nación. El Estado es soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones de
su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su
titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal.
Artículo 39.- Todos los funcionarios y trabajadores
públicos están al servicio de la Nación.
En
tanto las administraciones de la pesquería no entiendan que su función es
servir al pueblo peruano, a la sociedad peruana, la cual es propietaria de los
recursos hidrobiológicos y no a intereses de parte ni extranjeros, los recursos
pesqueros estarán expuestos no solo al agotamiento, sino a una indebida
utilización cuando alimentan a otros países, sin atender primero la
alimentación nacional.
Alimentar al Perú primero y después al mundo, debe ser
la orientación de una doctrina pesquera nacional.
Marcos Kisner Bueno
La
revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y
de la pesquería.
Difunde
información, ideas y corrientes de
opinión que tienen por objeto crear conciencia de la necesidad de hacer sostenible
la extracción de los recursos marinos, de seguridad alimentaria y del cuidado del medio ambiente. Pero sobre
todo, contribuir con información para que el lector empiece a formarse una
opinión propia sobre la problemática pesquera.
Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista
Pesca correspondiente a JUNIO 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y
redes sociales.
29 de abril de 2016
Elecciones segunda vuelta: editorial Revista Pesca mayo 2016
En esta edición se
presentan las propuestas de plan de gobierno para el sector pesca que han sido
elaboradas por los dos partidos que pasan a la segunda vuelta electoral.
Solo Fuerza Popular
tiene una propuesta para el sector, aunque no existe obligación formal ni legal
de ejecutarla. Peruanos por el Cambio no menciona la pesca en forma directa.
Los interesados en la evolución y desarrollo del sector pesquero, deberán medir
debidamente el impacto sobre el sector que tendrá cualquiera de ambos posibles
gobiernos en los próximos cinco años, antes de decidir su voto.
El enfoque ciudadano
puede dejar a otras organizaciones el análisis y discusión sobre aspectos
técnicos y científicos propios de la pesquería. Debe más bien, centrarse en el
análisis de su participación en la renta pesquera, considerando que es el
propietario del recurso pesquero, el cual está siendo explotado por una pequeña
fracción de ciudadanos, los cuales deberían pagar un justiprecio por el derecho
y el privilegio de lucrar con un recurso natural que, está siendo gratis en el
caso de la pesca artesanal y muy barato en el caso de la pesca industrial.
Ningún candidato ha hablado sobre la participación del país en la renta
generada por la pesca.
Sin mejorar los ingresos no hay forma de hacer más investigación y mejorar la
fiscalización y control, entre otras cosas.
La pesca artesanal
no está obligada al pago de derechos de pesca. Pero si bien es cierto una parte
de sus desembarques va a los mercados nacionales para consumo interno, lo que
podría justificar la exoneración de este pago, también es verdad que otra parte
va a las plantas congeladoras y enlatadoras que los exportan. ¿Es correcto, y
justo desde el enfoque ciudadano, que se exporten productos como la pota para
alimentación de otras poblaciones sin pago de derechos de pesca, gozando del
mismo privilegio que los productos que se venden en el mercado nacional para
consumo de los peruanos?
Bajo este enfoque
también debe analizarse los precios a los que se vende el pescado en el mercado
nacional y los volúmenes que se encuentran disponibles para las poblaciones de
la costa, de la sierra y de la selva. Siendo propietarios de los peces y siendo
una de las pesquerías más grandes del planeta, debemos preguntarnos si la
cantidad disponible de pescado alcanza para todos los sectores de la población
y si sus precios son asequibles para las mayorías. Un análisis objetivo,
debería conducirnos a la búsqueda de alternativas para hacer de la pesquería
peruana una actividad más inclusiva y más justa.
¿De cuál de los
candidatos a la segunda vuelta se podría esperar algo en relación a hacer la
pesca más inclusiva? Las políticas públicas tienen que orientarse al ciudadano
y a procurar mejorar su calidad de vida. Siendo así, debemos preguntarnos cuál
de ellos considera mejorar la regulación actual en beneficio del ciudadano
peruano, antes que servir a los intereses tradicionales y siempre ganadores.
La hipótesis más
probable, es que una vez pasada la efervescencia electoral y las nuevas autoridades
se asienten en sus lugares, todo volverá a ser más de lo mismo en la pesca.
Bajo el poder del lobby e influencia de la gran industria a través de sus operadores políticos de siempre y los nuevos,
nada presume que vaya a ser diferente. Los pescadores artesanales, demasiado
atomizados como para presentar un frente apropiado que los ponga de igual a
igual en una mesa con el Estado y la Industria, continuarán igual como hasta
ahora.
Quienquiera que gane
las elecciones, no evidencia nada innovador para la pesca artesanal y el
consumo de pescado para el mercado interno.
Marcos Kisner Bueno
La
revista Pesca es un medio de información alternativo referido a temas del mar y
de la pesquería.
Difunde
información, ideas y corrientes de
opinión que tienen por objeto crear conciencia de la necesidad de hacer
sostenible la extracción de los recursos marinos, de seguridad alimentaria y del cuidado del medio ambiente. Pero sobre
todo, contribuir con información para que el lector empiece a formarse una
opinión propia sobre la problemática pesquera.
Los invito cordialmente a leer la edición de la Revista
Pesca correspondiente a MAYO 2016 y a compartirla dentro de sus círculos y
redes sociales.
http://issuu.com/revistapesca/docs/revista_pesca_mayo_2016/1
5 de abril de 2016
RESUMEN DE CIFRAS DEL SECTOR PESQUERO PERUANO
Este
cuadro expresa en resumen todo el movimiento del sector pesquero entre 1998 y
2015, con excepción de las ventas internas por falta de información adecuada y
del mismo nivel que las exportaciones.
El
lector puede apreciar cuánto se exporta, lo que genera siempre comentarios
favorables por la contribución al PBI y por el impacto que genera sobre el
orgullo nacional al evidenciarnos como los más grandes productores de harina de
pescado en el mundo.
Aquí
podemos ver el cuadro completo con la parte que nunca se le dice al público, es
decir cuánto de ese dinero quedó para el Estado peruano, que se supone lo
invierte en programas sociales o contribuye al presupuesto fiscal. Son las
cifras que recibirá el nuevo gobierno. El tiempo dirá como las mejora o no.
Los
invito a leer el artículo “RESUMEN DE CIFRAS DEL SECTOR PESQUERO PERUANO” en la
edición de abril de la Revista Pesca
25 de marzo de 2016
Elecciones Perú 2016: editorial Revista Pesca
En estas elecciones presidenciales tenemos que elegir
bien, como lo hacemos cuando contratamos a un empleado en nuestra casa. Con la
misma pulcritud y esmero con los cuales evaluamos a nuestros empleados, debemos
evaluar a los políticos que pretenden convertirse en nuestros empleados. Porque
somos los dueños de casa y este mes de abril nos toca contratar nuevo mayordomo
y nuevos sirvientes para que se encarguen de la administración y asuntos
domésticos de la casa (país). De eso se trata cuando elegimos a un Presidente y
congresistas. Las elecciones no son sino
un gran concurso público para el empleo de Presidente de la República y
congresistas. Tenemos que escoger al mejor candidato y al mejor equipo para el
empleo.
No tenemos que magnificarlos como si fueran mejores
que nosotros, porque no son los mejores de entre todos los ciudadanos. Solo son
los que han mostrado interés en el empleo, aunque las verdaderas razones que los motivan sean
desconocidas realmente. No teniendo otras opciones, tratemos de contratar al
mejor.
Debemos desmitificar la investidura presidencial, la
congresal y la ministerial. Porque puede ocurrir que ellos no lo entiendan así
y en vez de asumir que son nuestros empleados, pretendan convertirse en
nuestros amos para disponer a capricho de nuestros recursos naturales, entre
otras cosas. Por eso, la inmunidad de la que gozan es indebida y debería serles
retirada.
Antes de marcar un símbolo preguntémonos ¿a quién
quieren servir esos candidatos? ¿a nosotros, a ellos mismos, o a alguien más?
La principal cualidad que debe evaluarse es la sincera
y real vocación de servicio al país y a los demás. Más allá de las promesas en
las que nadie cree, lo determinante debe ser la confianza que inspire el
candidato, tanto por su trayectoria personal, integridad, honestidad, capacidad
y liderazgo, así como por sus convicciones en la necesidad de efectuar cambios y
la suficiente voluntad política para imponer con firmeza un nuevo modelo de
gestión en la pesquería y en el país.
También es importante evaluar al equipo de personas
que lo acompañarán durante su administración. No solo sus cualidades morales y
personales, sino investigando a quién sirven realmente, si a los intereses del
país o a algún poder económico. No se puede olvidar que la política y la
administración pública son constantemente infiltradas por quienes se dedican a
defender intereses de parte, por encima de los intereses nacionales, unas veces
abierta y descaradamente y otras veces detrás de las sombras, manipulando y
colocando o sacando funcionarios según sus conveniencias.
Esta campaña electoral ha dejado la evidencia de una
insana ambición por el poder, sustentada
con una pobre calidad de propuestas, pero que finalmente fueron y son
irrelevantes, porque no hay norma que obligue a cumplirlas. Nos están
ofreciendo un producto sin garantía, convirtiendo lo que debería ser una
competencia de ideas y propuestas, en una guerra que solo ha servido para
mostrar lo peor de los políticos, con honrosas excepciones. Un plan de gobierno debe ser la fórmula para
gobernar en base a una doctrina, a una filosofía y por eso no se improvisa unos
meses antes. Siempre está vigente se actualiza permanentemente. Lo que hemos
visto es improvisación sin base doctrinaria, omisiones serias en cuanto a la
pesca, por ejemplo y en algunos casos vagas promesas que respondieron a la
coyuntura de dónde y frente a qué público está el candidato.
La democracia no consiste
solamente en votar en la elección. La democracia necesita de ciudadanos
activos, que no aceptemos resignadamente esperar 5 años más, si es que no quedamos
satisfechos, o si las autoridades elegidas incumplen sus promesas de campaña.
Tenemos que actuar en forma permanente y constante, para crear incidencias
políticas a través de los mecanismos que fuesen adecuados, a fin de proteger
los intereses de las mayorías, que somos quienes formamos la Nación y pagamos
los sueldos de nuestros gobernantes, legisladores y administradores.
Marcos Kisner Bueno
En esta edición presentamos una nota sobre los derechos
de las poblaciones originarias para entender por qué un nuevo gobierno, a través de políticas más
inclusivas, tiene el deber de considerar la alimentación nacional como tema de
agenda, en el cual las poblaciones vulnerables necesitan atención prioritaria.
Debemos entender que no es posible avanzar en la construcción de la República y
la explotación de sus recursos naturales, sin saber de dónde venimos, ni por
qué hemos llegado al modelo extractivista y de gobierno que tenemos.
Los
invito cordialmente a leer la edición de la Revista Pesca correspondiente a ABRIL
2016 y a compartirla dentro de sus círculos y redes sociales.
5 de marzo de 2016
La pesca en el Perú desde el enfoque de los ingresos fiscales
Tratándose de recursos naturales como los pesqueros, es
complicado encontrar el debido equilibrio entre los intereses económicos de los
industriales, las necesidades de empleo de la población que depende de este
sector y los intereses del país. La búsqueda de rentabilidad y empleo
inmediatos sin atender a las razones de la sostenibilidad a largo plazo para
beneficio de las futuras generaciones es un tema de difícil manejo, convirtiéndose una situación científica en una
situación política. Lo que está ocurriendo es que se prioriza la segunda por
los componentes socio económicos que implica, como el crecimiento del PBI.
Hasta ahora, pareciera que el futuro de la pesca en el Perú
será decidido en los próximos años por la presión política y la necesidad
económica, no por la conveniencia científica ni la necesidad alimentaria de la
población nacional.
La ciudadanía, con su indiferencia y desinterés por los temas
del mar y de la pesca, se convierte en cómplice silenciosa del agotamiento de
los recursos pesqueros, de la contaminación que la industria genera y de una
inequitativa participación en la renta que generan sus recursos pesqueros.
Un nuevo enfoque debe contemplar una participación del Estado
en la renta pesquera más justa, en la medida que representa a los ciudadanos
propietarios del recurso natural.
Los desembarques provenientes de la pesca artesanal no están
obligados al pago de derechos de pesca. Casi la totalidad de desembarques para
CHD provienen de la pesca artesanal. Si además el vendedor del producto
pesquero es informal, o sea que no paga renta ni IGV (porque la venta de
pescado fresco está exonerada), estamos ante una situación discriminatoria e
injusta.
La pesca industrial paga derechos de pesca diferenciados por
especie y muy bajos, dentro del ordenamiento legal vigente. Que sea legal, no
significa necesariamente que sea lo debido.
Cuando se ve, desde esta perspectiva y bajo un enfoque de
renta y del ciudadano, que todos los desembarques para consumo humano directo,
o sea casi 13 millones de toneladas en los últimos 12 años, no han pagado
derechos de pesca porque la norma así lo permite, surge la necesidad de replantear el enfoque de la
pesca desde una perspectiva ciudadana no pesquera. Porque el recurso natural no
es propiedad de los pesqueros, sino de todos los peruanos.
El hecho es que un grupo de ciudadanos extrae nuestros peces
del mar a precio muy barato y otro grupo lo hace gratis.
Existiendo un alto grado de probabilidad de que algunos
recursos se reduzcan a límites que impidan su extracción en el futuro, debido a
que se prioriza el componente político antes que el científico, la situación de
la pesca en el Perú es difícil y requiere de una atención que hasta el momento
los candidatos presidenciales no le están otorgando.
El estatus actual excluye a la mayor parte de ciudadanos del
país del beneficio de la pesca, porque tampoco disponemos de pescado abundante
y barato para nuestra alimentación. Temas que siguen fuera de la agenda.
El sector pesquero es complicado y requiere de atención y
dedicación exclusiva por parte de funcionarios con conocimiento del sector.
Más allá de los temas de coyuntura, de la confrontación y de
la demagogia, lo que existen son múltiples temas y detalles que deben ser
atendidos con mayor dedicación y eficiencia, como los descritos en esta nota.
Los
invito a leer el artículo “INGRESOS DEL ESTADO PERUANO PROVENIENTES DE LA
ACTVIDAD PESQUERA” en la edición de Marzo de la Revista Pesca
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